martes, 8 de diciembre de 2009

Internet, de gran ayuda para escritores noveles

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Navegando en la web me encontré con este reportaje, muy bueno para los escritores noveles, espero que les sea de utilidad.

Un paso adelante

Hace una década, un escritor novel que no hubiera publicado, que pretendiera editar uno de sus escritos, se encontraba con grandes lagunas de información sobre editoriales, concursos, publicaciones, agentes literarios, derechos de autor y otros elementos decisivos en el proceso que va desde la creación de una obra a la publicación y difusión de la misma. Es cierto que, en algunas grandes ciudades, existe un mayor acceso a muchas publicaciones periódicas especializadas en literatura y de creación literaria. Los certámenes literarios siempre se han difundido de manera muy irregular, dependiendo de la benevolencia de los empleados de centros de información juvenil de instituciones, universidades y centros de estudio.
Ahora la información la tenemos donde haya un ordenador conectado a la red. Aunque no todo el mundo tiene a su disposición las posibilidades de internet, podemos conectarnos en centros de estudio, bibliotecas (cada vez más) y, en un momento dado, por el precio de un trago, en muchos cibercafés uno puede descargarse concursos, direcciones de editoriales, puede enviar correos para colaborar en revistas y contactar con otros autores y autoras de todo el mundo.
En el caso de la mayoría de los artículos de cualquier materia es muy sencillo. Fue ese el procedimiento que seguí para publicar este que estás leyendo. Envías un correo a la revista virtual o en papel y les ofreces la posibilidad de que te publiquen un artículo. Elige un título sugerente, un tema de interés y procura tener un estilo personal y agradable.

Cuídate

En la red tus derechos de autor están en peligro si no los proteges adecuadamente. Debes registrar tus obras antes de enviarlas por correo electrónico a cualquier persona, de remitirlo a un grupo de noticias o a cualquier lugar donde puedan publicarlo de manera virtual.
En España los derechos de autor se protegen registrando tus obras en las sedes provinciales de las Consejerías de Educación. Por el mismo precio puedes registrar un poema que tus obras completas de 4.000 páginas. Aprovecha para llevar todo lo que tengas escrito de todos los géneros, pero, eso sí, te piden un índice detallado de cada texto, para que sea fácilmente indexable.

La red, ahora sin filtro

Ahora la red permite publicar tus textos en tu página personal o en la de tus amistades o personas que conozcas deambulando por los recovecos de internet. Eso sí, cuida tu estilo, sé autocrítico y no cuelgues “cualquier cosa”. Tus textos en la red son tu tarjeta de visita, que debe ser diseñada con inteligencia. Antes de remitirlos, es bueno que lean tus textos personas cercanas, sinceras y críticas (sin pasarse) que te permitan seleccionar bien lo que vas a enviar. Además, busca publicaciones y páginas personales donde se publiquen textos de calidad, donde sepan decir que no a un texto flojo. Así estarás en el buen camino, en la ruta del papel : )

La búsqueda de la editorial...

En el caso de la publicación de un libro y en papel, es más complicado. Pero, si partimos de la idea de que cada escritor tiene un editor (o varios) que publicarían sus textos en algún lugar del planeta, el que nuestros textos acaben en papel es sólo una cuestión de saber buscar y encontrar esa editorial. Internet es, sin duda un buen lugar para hallar información casi de cualquier tema. Como decía una amiga “no está todo”, pero, por otro lado, puedes informarte sobre casi todo.
Para encontrar una editorial puedes ir, como siempre, a una librería. Ojear uno o varios ejemplares y anotar los datos de la editorial que encaje en tu manera de escribir. En el caso de la red, puedes hacerlo en librerías virtuales, como las que aparecen abajo...

Las herramientas

Para buscar, utiliza los buscadores, para difundir tus textos y actividades las listas de correo y grupos de noticias, intercambia tus direcciones útiles e informaciones de interés con personas afines que encuentres en los chats y tertulias virtuales. Si todos difundimos los sitios de interés, es más fácil que todas esas informaciones lleguen a nuestro oídos...

Nuevos conceptos

Hay figuras poco conocidas en el mundo de la literatura en español que, gracias a internet, se están haciendo más populares. Los agentes literarios son de mayor tradición en países anglosajones. Normalmente no suelen representar autores jóvenes ya que, al no tener un buen dossier de obras ya publicadas, son difíciles de “vender” a las editoriales, pero, como todo, hay que ir rompiendo moldes y, los agentes literarios, con el tiempo también tendrán representados más jóvenes...
Otros conceptos nuevos que se dan en la red son, por ejemplo, la distribución del libro en su formato digital, es decir, se descarga el libro en vez de adquirirse en una librería en formato papel.

Precauciones

Como siempre, tenemos tantas ganas de publicar que, en la red existen multitud de editoriales que captan nuestra atención para publicarnos cobrándonos unas cantidades injustificables. Aunque lleve su tiempo, un escritor/a de calidad, con el tiempo consigue publicar en papel y adquirir cierto éxito. El obstáculo no es en sí el hecho mismo de publicar, sino el de adquirir la destreza creativa que pueda ser de interés para el público lector.
Las editoriales que cobran al escritor, por un lado, tan sólo son intermediarios entre una imprenta y unos clientes. Si una persona desea publicarse una obra, puede contactar con varias imprentas y encargar la publicación a aquella que ofrezca la mejor relación calidad/precio sin necesidad de intermediarios. La ventaja que aducen estas editoriales, la de la distribución, suele ser casi siempre un engaño, ya que envían una cantidad mínima de ejemplares al autor y “el resto” de los ejemplares, casi siempre, no existen y no pueden por tanto, ser distribuidos.

Y si necesitas información...

Pide ayuda a las personas que en la red tengan intereses afines. El intercambio es fundamental, como decíamos antes. No tengas reparos en escribir a quienes puedan aportarte alguna información, (editores, agentes, escritores noveles y famosos...) pero respeta el principio básico de la red: escribe sin dudarlo a quien desee hablar contigo pero, si no recibes respuesta, no insistas para no crear malas vibraciones ni malentendidos que se vuelvan contra ti en otra situación.

Trabaja en equipo

Puedes montarte tu grupo virtual de creación con la gente que vayas conociendo. Tiene la ventaja de que no tendrá fronteras y podrá crecer casi sin límite. Entre quienes deben participar desde un principio debe haber como mínimo: alguien que coordine bien, quien sepa de diseño de internet y, por último, amigos que aporten contenidos de todo tipo (literarios y artísticos) para que vuestro grupo sea un éxito.
Si tienes alguna duda, escríbeme. Internet es así: hoy te ayudo a ti y mañana, otra persona me ayuda a mí... Saludos de un amigo,

Juan Navidad, poeta, etc...
Juan.Navidad@cervantesvirtual.com

Direcciones útiles y de interés:
Certámenes:
http://www.megalibro.com/Noticias.htm
Editoriales digitales y en papel
http://www.premura.com/
http://www.internet-edition.com
Dossier de Recursos para Escritores/as
http://cervantesvirtual.com/tertulia/t2-recursos/Dossier%20septiembre.htm
Información sobre derechos de propiedad intelectual
http://www.mcu.es/Propiedad_Intelectual/indice.htm
Direcciones de las Consejerías para registrar las obras literarias de Editorial Premura
http://www.premura.com/recursos/registro.htm
Listado de editoriales
http://www.guia-editores.org/todas.htm
http://www.megalibro.com/Editoria.htm
Asociación de Editores Independientes:
http://www.mestizo.org/editind/index.html
Talleres Literarios
http://www.fuentetajaliteraria.com/
http://www.escritores.org/taller/index.htm
Ciberfancine
http://borraska.gueb.net/
Agencia española del ISBN (para buscar obras, autores y editoriales)
http://www.mcu.es/bases/spa/isbn/ISBN.html
Revistas de filología y humanidades (aceptan colaboraciones)
http://www.athenea.es.org/
http://www.ctv.es/iveh/
Revista El coloquio de los perros
http://pagina.de/elcoloquiodelosperros
Agentes literarios (entrevista virtual a Cristina Vizcaíno, con recursos sobre el tema)
http://cervantesvirtual.com/tertulia/tematicas/vizcaino.shtml
Escaparate de obras
http://cervantesvirtual.com/tertulia/escaparate.shtml
Página sobre poetas del siglo XX
http://pagina.de/poetasxx
Poesía en la red (enlaces)
http://www.poesia.com/dp/www/index.htm
Página personal (hay miles muy interesantes)
http://www.inicia.es/de/lepv/
Librerías virtuales
http://www.crisol.es/
http://www.primeravistalibros.com/
Revista de creación literaria
http://www.geocities.com/problema_yorick/index.html
Tertulia Literaria virtual (los lunes)
http://cervantesvirtual.com/tertulia/
Buscadores y directorios de buscadores
http://www.google.com/
http://www.metaindice.com/
Para dar de alta tu web literaria en 127 buscadores
http://sonri.com

viernes, 4 de diciembre de 2009

Relato mitológico

nieve

Les presento otro relato creado por un servidor, espero les agrade:

EL ORIGEN DE LAS MONTAÑAS (MITOLOGÍA INUIT)

La tormenta pasó, las nubes grises fueron arrastradas hacia el horizonte; el cazador se detuvo frente al camino blanco y recordó a sus compañeros, una tormenta similar había caído sobre esas tierras en aquellos lejanos años.

La nieve se abultaba más de lo normal sobre la helada pradera y los adultos se congregaban alrededor de las fogatas para calentarse y charlar, los siete días de confinamiento resultaron aburridos y tediosos. No se hizo esperar la visita de cuatro infantes al hogar de Itigiaq, su compañero de juegos y al que habían calificado como el más astuto, dándole un gran sentido al significado de su nombre, “Comadreja”.

Los niños corrieron alejándose de su pequeña tribu rumbo a la entrada glaciar del norte, lugar prohibido para cualquier Inuit, pero el juego era romper las reglas y mostrar quién de ellos era el más valiente. La neblina aún cubría los alrededores y el grupo se detuvo frente a la entrada mientras contemplaban las gigantescas paredes de hielo con tonos azules que se levantaban por decenas de metros sobre sus cabezas, un camino apenas visible se abría entre los bloques como si la hendidura de un cuchillo hacia lo desconocido y lo peligroso, nadie se atrevía a avanzar más allá de ese punto. Los cinco niños, como si entre ellos se hubieran puesto de acuerdo, caminaron sin detenerse sobre el camino de nieve.

Después de cincuenta metros el camino angosto y estrecho se amplió mostrando una pequeña explanada poblada de altos pinos que susurraban al ritmo del viento y el camino continuaba perdiéndose entre las paredes estrechándose nuevamente. Uno de los niños gritó con entusiasmo y el resto se reunió a su lado para observar lo que señalaba con sorpresa.

—¡Miren! El Siku es más delgado y permite ver algo en su interior —el niño señaló el bloque de hielo que formaba parte de la pared—, son plantas y el suelo es verde.

—Tienes razón —indicó Itigiaq—, es igual al tiempo de calor, cuando el sol es insoportable, pero no sé…., es extraño y me da mala espina.

Otro niño tomó una piedra y golpeó el hielo para atravesarlo, el resto imitó al primero y después de un breve momento delgadas y brillantes líneas recorrieron su superficie, varios chasquidos anunciaron que el hielo cedía ante la presión. Sin pensarlo, Itigiaq retrocedió un par de pasos hacia atrás, había escuchado incontables veces los relatos de su abuelo acerca de los cazadores de niños, y su instinto lo alejó del grupo. El bloque cedió ante los golpes y los pedazos cayeron en sus pies, un aire calido brotó de su interior y los niños sonrieron al percibir esa sensación, pero antes de poder brincar, correr o esconderse, una criatura de menor tamaño, de piel y pelo blanco saltó por detrás de ellos y tomó a un niño tumbándolo sobre el suelo, arrastrándolo con facilidad hacia el interior del boquete. Los otros tres, terriblemente asustados intentaron correr pero otra criatura más salió de la nieve y alcanzó a otro niño. Itigiaq tomó su pequeño puñal de piedra tallada y se acercó al único niño que aún no había sido atrapado, los otros dos habían sido arrastrados con tal rapidez que desaparecieron sin gritar.

Tomó las manos de su amigo al mismo tiempo que otra criatura blanca sujetó los tobillos del menor, Itigiaq notó la fuerza sobrenatural de esa horrible y diminuta criatura; sus enormes ojos blancos lo miraban con furia y amenazaba al entrometido mostrando sus dientes largos y filosos. De inmediato atacó con su cuchillo y la criatura respondió con varios manotazos para herirlo con sus largas uñas blancas pero el cuchillo tocó la carne blanca y un liquido azul pintó el pelaje y la nieve.

El viento comenzó a soplar con fuerza empujando el resto de neblina, los rayos del sol golpearon con fuerza el suelo blanco y varios guerreros Inuit observaron a Itigiaq arrastrando sobre la nieve a uno de sus compañeros.

Después de que el Anatkok de la tribu revisó su estado físico se refugió en el interior de su bóveda de hielo, y cubierto por un abrigo de oso bebió con calma un caldo de grasa de foca mientras su abuelo lo interrogaba.

—Al herirlo soltó a Mauja y lo arrastré fuera del camino glaciar, cinco criaturas brotaron de todas partes e intentaron alcanzarnos pero creo que nos alejamos de sus nidos, se detuvieron y volvieron a ocultarse en la nieve.

—Te he advertido de ese camino y no fue por asustarte, he escuchado historias de los Ishigaq y sabemos que habitan en ese pasaje.

—¿Ishigaq? ¿El que se esconde? Ahora recuerdo esa historia.

—Son pequeños de tamaño y se esconden en la nieve, aprovechan las nevadas para salir de cacería y su platillo favorito son los niños, rara vez atacan a un adulto —el anciano observó con ternura a su nieto—. Al menos has puesto atención a mis historias y eso te ha salvado el pellejo, recuerda que nosotros somos más sabios e inteligentes que cualquier otra criatura.

A pesar de las heridas profundas en ambos tobillos Mauja logró sobrevivir al ataque y pronto se recupero, en pocos días la tribu abandonó ese lugar para alcanzar al gran rebaño de caribúes que migraba hacia el sur y con ello se apagó la horrible tragedia, pero antes de partir, Itigiaq observó la entrada del camino glaciar, la silueta difuminada de un lobo se dibujó entre la neblina y esa imagen la mantuvo en su mente durante mucho tiempo.

Ahora, en edad adulta, se convirtió en el mejor cazador de su tribu, regresaba a su hogar con diez o doce cuerpos de caribúes, una decena de focas y una vez logró cazar a dos enormes osos, pero desde que escuchó el relato de un viejo Anatkok de una tribu vecina su corazón se desvió al camino glaciar del norte. El viejo le había contado que un cazador Inuit que perseguía a una manada de diez caribúes cerca del camino glaciar se encontró con Amaguq, el poderoso espíritu lobo indicándole que ese lugar era perfecto para cazar y así fue, poseía las mejores pieles y carnes de una amplia región hasta que el cazador decidió regresar por más pero jamás se le volvió a ver, no se supo nada de él, ni del lugar de dónde obtenía tan buenas presas.

Al convertirse en el cazador principal Itigiaq decidió que era tiempo de establecerse cerca del camino glaciar del norte, creía que la imagen del lobo era una señal de Amaguq, así que la tribu obedeció y en poco tiempo se asentaron en las abandonadas casas de Siku temiendo por la vida de sus niños, pues recordaron el trágico evento con los Ishigaq.

Tomó dos largas lanzas, un carcaj de flechas con su arco y su antiguo cuchillo de piedra, se cubrió con su piel de oso y los hombres se reunieron a su alrededor

—¿Estas seguro de encontrar alguna señal de Amaguq en el camino glaciar? —preguntó el más anciano—, es un camino peligroso y no podemos esperarte por más de dos días, la manada de caribúes es pequeña y pronto partirá hacia el sur.

No me esperen, en cuanto la manada avance ustedes la seguirán —sujetó con fuerza una de las lanzas—; yo los alcanzaré.

Los hombres despidieron al cazador con una inclinación de sus cabezas e Itigiaq entró en el camino estrecho. Mientras avanzaba su piel se erizó, ese lugar le provocaba escalofríos y más al recordar a esos horribles Ishigaq.

En poco tiempo llegó a la explanada y se detuvo al observar el preciso lugar del ataque, pero ahora no había bloques delgados sobre las paredes que mostraban en su interior un paisaje verde; nada, todo el lugar seguía intacto y el color blanco lo cubría por completo. De pronto observó un movimiento cerca del camino que continuaba por delante de él entre los troncos gruesos de los pinos, tomó su arco y preparó una flecha, avanzó con cautela y observó a un hermoso y gallardo caribú, en todas sus cacerías jamás había visto a semejante animal.

El caribú corrió perdiéndose de su vista e Itigiaq lo siguió adentrándose en las tierras extrañas, las paredes de hielo se elevaban cada vez más y el pasaje se oscureció por la falta de luz pero el cazador no disminuyó su paso, continuó por mucho tiempo hasta que el camino se abrió terminando en un magnifico bosque.

Una capa densa de pinos se extendía por varios kilómetros, al final, sobre el horizonte, un gran lago de aguas claras se mezclaba con el azul del cielo, y entre ellos, una discreta extensión de hierba abrigaba a una manada de cientos de caribúes. Extasiado ante el paisaje caminó entre los pinos y helechos pero unos dulces cantos lo sorprendieron, duendes mucho más pequeños que los Ishigaq, de piel verde y prendas azules cantaban y jugaban sobre las hojas de las pequeñas plantas. Temeroso de cualquier extraña criatura preparó su lanza y su cuchillo pero ellos lo ignoraban como si siempre hubiera sido parte de ese bosque.

Oculto entre los troncos observó la manada que pastaba con tranquilidad en la amplia extensión verde, agudizó su oído y el canto se prolongaba en todo el bosque. A su lado, un par de duendecillos jugueteaba empujándose uno a otro.

—¡Bienvenido a nuestras tierras!

Itigiaq brincó al escuchar esas palabras, giró detrás de él y no había nadie, enfocó su mirada a esos diminutos duendes y estos sonreían.

—¿Cómo es posible que sea el primer Inuit que visite este bosque? —preguntó en voz alta.

—No eres ni el primero ni el último. —mencionó uno de los duendecillos.

—Observa bien humano —contestó el otro—, todos tenemos alimento en abundancia, las ballenas, las focas, los caribúes, nosotros, ustedes y los Tuniq. —y sin más que decir continuaron jugueteando y cantando.

Deseaba preguntar por el último nombre que habían mencionado pero el movimiento brusco de la manada llamó su atención, los caribúes corrieron adentrándose entre el bosque y el canto se detuvo de golpe, el par de duendecillos se pusieron de pie y de un rápido movimiento se escondieron entre unas pequeñas rocas.

Itigiaq caminó con cuidado y se agazapó entre la maleza, avanzó unos metros y se acercó a una gran roca. Cientos de esqueletos humanos yacían a su lado, pedazos de huesos y cráneos permanecían a lo largo de la hierba, varios abrigos de piel de oso, flechas, lanzas y cuchillos cubrían parte de esos cadáveres. El suelo se cimbró bajo sus pies y preparó su arco para defenderse, el miedo se apoderó de su cuerpo y no se movió, esperó por un momento para observar lo que se acercaba.

Un gigante salió de entre los pinos empujándolos hacia los lados como si no significaran nada para él, caminó sobre la hierba y se detuvo mientras levantaba su cabeza para aspirar el aire que acariciaba su rostro.

Una piel negra y lisa cubría su cintura hasta sus rodillas, probablemente pertenecía a una ballena, pensó el cazador; un vello delgado y oscuro brotaba de su piel protegiendo la parte superior de su cuerpo y dos grandes cuernos se levantaban sobre su cabeza; su quijada prominente mostraba dientes amarillos que no alcanzaban a esconderse entre sus labios.

Olfateó una vez más y observó la roca en donde Itigiaq permanecía escondido. Sin dudarlo, el cazador retrocedió unos pasos y un olor putrefacto golpeó su espalda acompañado por un gruñido, otro gigante se encontraba a sus espaldas. Estiró su enorme brazo para sujetarlo pero el cazador levantó su lanza, el dolor lo obligó a retroceder y entonces el hombre corrió hacia la llanura para intentar alcanzar los gruesos pinos y ocultarse entre ellos.

El primer gigante que él había visto le bloqueó el camino y el segundo se detuvo a un lado, Itigiaq recordó las palabras de su abuelo, nosotros somos más sabios e inteligentes que cualquier otra criatura.

—¿Qué es lo que quieren? —preguntó con temor en su voz.

—Tengo hambre, te comeré. —contestaron los dos gigantes al mismo tiempo.

—¿Quiénes son?

—Soy un Tuniq y tengo hambre. —contestaron de nueva cuenta al mismo tiempo y entonces el cazador comprendió las palabras de el duendecillo, él también era parte del alimento.

—Pero solo soy un cazador y mi carne no será suficiente para alimentar a dos Tuniq ¿Cuál de los dos me comerá?

Los dos gigantes permanecieron en silencio y se observaron con recelo entre ellos. De pronto, ambos se sujetaron con fuerza y se golpearon con sus enormes brazos, en cada golpe los pinos y el suelo temblaban ante su fuerza e Itigiaq intentó alcanzar los troncos pero le fue imposible, las vibraciones de la pelea evitaba que avanzara para protegerse.

Uno de los gigantes levantó al otro y lo arrojó hacia el suelo, fue tal el impacto que la tierra se desprendió y el cazador se tumbó sobre la hierba.

Ambos gigantes se arrojaban, golpeaban, mordían y se levantaban para continuar peleando, y en cada golpe la tierra con pinos, hierba y rocas se hundía unas veces y en otras se levantaba.

El sol se ocultó, la luna avanzó en el firmamento y el suelo no cesó de moverse. Antes de que el sol despuntara nuevamente, ambos gigantes ya extenuados de semejante batalla se golpearon con sus últimas fuerzas. Los dos permanecieron recostados sobre la hierba, incapaces de levantarse; Itigiaq aprovechó el momento y disparó una flecha en el corazón de un gigante acabando con su vida, tomó otra flecha y la clavó en el segundo Tuniq y ambos sucumbieron ante la inteligencia y sagacidad del cazador Inuit.

Cuando el sol iluminó el verde bosque Itigiaq observó los estragos de la contienda entre los gigantes, con cada golpe la tierra se estremeció y cambió de forma, ahora un valle surcaba al viejo bosque y suaves colinas conducían hacia el gran lago.

Volvió a escuchar los cantos de los duendecillos y la manada regresó al claro, señal de tranquilidad en ese hermoso lugar.

Tomó la vida de dos bellos caribúes como prueba de la visita a ese bosque y memorizó el paisaje para relatar su historia, aunque no deseaba que nadie más encontrara ese lugar por temor a que el cazador se convirtiera en la presa.

Contaría la historia de la formación de las montañas y de los valles gracias a la batalla de dos Tuniqs por un pedazo de carne, él.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Relatos hiperbreves IV

libro10 ¡Vale! Aquí les va la última tanda, y no por eso la de menos valía.

Espero sus comentarios respecto a estos increíbles relatos.

Tiranía y Libertad

Inocentes… Aquellos que se han levantado y al ver los escombros tienen miedo, pero ilusión, pues la masacre terminó, buscan entre la tierra a sus héroes caídos. Héroes mutilados, ensangrentados, pero libres… Libres de esa tiranía que los oprimía, de la injusticia de los grandes que su vida despojaban, les esclavizaban, les humillaban.
Lejos del mundo globalizado, en la sierra madre, un poblado indígena. Viven ahí 30 personas que no hablan español —practican aún el Náhuatl— viven en chozas de madera y adobe, viven del campo y del trueque, pero el gobierno federal los ha esclavizado, llevándose sus cosechas, violando a sus mujeres y matando a sus hombres. Años han sido de abusos pero hoy ya no mas…
Cierta tarde los militares llegaron al poblado, sus armas y camuflajes no esperaban que hombres entre matorrales con machete en mano se abalanzaran contra ellos, rebanando sus cuellos y dejando sus cuerpos inertes sobre la tierra, saltaban de los árboles, atrás de las rocas y entre las cosechas, cayeron 9 militares, pero una ráfaga de plomo les llovió, mujeres y niños refugiados estaban en cuevas no muy lejos de ahí, solo se oía la sinfonía de la guerra, balazos, gritos… muerte.
Pasaron las horas… ¿O quizá días? No sabían, pero su cometido habían logrado, decir: ¡YA BASTA¡ ¡NO MAS ABUSOS!… Los sobrevivientes recogieron los cuerpos y les hicieron ofrendas, eran héroes, guerreros ancestrales…
“ Y con su sangre regaron sobre la tierra la semilla de la libertad

Autor: Ketzlk Fantastica.

Inocentes palomitas

Muchas se amparan sobre los robles del parque, otras indagan en vuelo sobre el cielo paradisíaco; alados e inocentes ángeles, el sueño de toda ratita. Algunas las veo descender, gorjean hambrientas hasta encontrar la ayuda, que de forma afanosa luego devoran. Inmediatamente abandonan la espantosa necesidad de estar abajo, remontan a su cielo inescrutable, felices y seguras.
Veo entonces, brincando sobre la rama de un roble, una palomita de belleza inimitable, coordina sus movimientos y luego se eleva en vuelo. Majestuosa e imponente. Pero la palomita no indaga abajo, permanece indiferente, revoloteando en el cielo. De pronto, una viscosidad se desprende, mira el horizonte con sus densos ojos, luego cae ferozmente y ¡plaf!, sobre mi rostro ¡Qué asqueroso!, si parecía tan inocente ¿Cómo preverlo?
Pero las palomitas son así, solo tienen ojos para el cielo, no les concierne la fortuna de sus regalitos.

 

Autor: Ronald.

Días de otoño

Me encanta el otoño, ese olor que dejan las primeras lluvias en el aire frío, el vago intento del sol de arrojar algo de calidez en esos rayos diáfanos que acarician todo lo que tocan. El fino roce del viento, ora leve y sereno, ora recio y fuerte, pero siempre con ese toque húmedo característico, que te hace cosquillas en la nariz cuando inspiras profundamente. ¿Y el ambiente? Sales con un chaquetón y tienes calor, y al quitártelo sientes el frío arremetiendo contra ti, pero resulta tan agradable en ocasiones que incluso prefieres su compañía. Son días de lluvias incontroladas, castañas asadas y chocolate caliente, tardes de juegos y atardeceres mágicos. Paseos en alamedas, bajo un dosel de rojos, amarillos y ocres danzarines, escuchando el crujir de las hojas secas bajo tus pies, formando una alfombra mullida y en ocasiones húmeda de la cual surgen, como habitantes del submundo, una multitud de setas, todas diferentes y únicas. Es entonces cuando algo te roza, sientes el murmullo del viento sobre las copas de los árboles y una lluvia de hojas cae a tu alrededor, surcando las corrientes de aire otoñal en inocentes cantos a la vida, pero también a la muerte. A la vida que surgirá de su sacrificio y a una muerte que no es un final, sino un comienzo; lejano e intangible que espera el resurgir de una nueva y gloriosa primavera.

 

Autor: Lynkx.

El acreedor

Era famosamente odiado, muy temido por muchos, respetado por otros. Pero un poblador, quien más lo odiaba y maldecía, ya no podía resistirlo; el acreedor le había quitado todo, todo. Quería matarlo, quería vengarse, quería cobrarle por todos los inocentes que había embaucado.
Una noche, se dirigió a la casa del acreedor con un cuchillo en la mano y una botella de ginebra en la otra. Descubrió al llegar que la puerta estaba abierta, debía sospechar, pero no lo hizo. Entro y subió las escaleras hasta el cuarto donde debía estar su víctima, y allí estaba; durmiendo. Afirmo el puñal y con un ebrio balanceo hundió la hoja contra el frío pecho. No sintió nada, le dio otro sorbo a la botella y entonces lo noto: un puñal contra el vientre de la víctima, otro en su pierna; un frasco de veneno en el piso, la silueta de un hachazo en la cabeza, un balazo en la frente.
Súbitamente las sirenas comenzaron a escucharse, al momento ya estaban subiendo las escaleras. El victimario se sintió aliviado, no era culpable, tampoco inocente; bebió calmado otro trago de ginebra, quería terminar pronto la botella.

Autor: Ronald.

¿Sumisión?

El oso, el perro, la rata y el burro se reunieron en el concilio del bosque. Estos animales, llamados también “Los Cuatro Reyes”, estaban profundamente disgustados con lo que estaba ocurriendo.
—No podemos dejar que los humanos penetren más, están demasiado adentro —dijo el perro.
—¡Ya sentirán mi furia aquellas viles criaturas! —exclamó el oso.
—Tranquilidad, señores —ordenó la rata con ecuanimidad—. Sabemos que estos seres deben retroceder, ya que ingresaron en un territorio que no les pertenece. Recomiendo prudencia, es peligroso enfrentarse a ellos.
—Bien dicho, amiga rata, bien dicho... —decía el burro aplaudiendo.
—Hay que hacer algo, pero no se... —empezó el perro, pensativo— ¡Sí sé! Podemos poner a algún espía entre sus huestes. Pero... ¿Quién puede hacerlo?
Todos se quedaron mirando al perro, y después de intercambiar algunos susurros entre sí, dijeron al unísono:
—¡Tú!
El perro aceptó. Entonces, este rey de la naturaleza llamó a sus amigos caninos mediante diversos heraldos; que eran mosquitos, libélulas, ratas, pájaros o otros perros. El mensaje era el siguiente: “Acérquense a los humanos, sírvanles, jueguen con ellos... lo que les pidan. Luego, infórmennos de todas sus actividades.”
De manera que las personas comenzaron una fructífera relación con sus nuevas mascotas. ¡Qué inocentes eran, confiando ciegamente en una especie que otrora fue su enemiga! Los perros reportaron toda actividad humana a los “Cuatro Reyes” durante mucho tiempo, hasta que llegó el día y el nido y la madriguera quedaron vacíos. Se escuchó un grito de terror. La guerra comenzaba...

Autor: Mithrandir.

Flautista

Alrededor del fuego, los niños oían atentos las palabras del sabio que narraba una historia fantástica:
“En las cavernas de Neli, en los valles de Khief, moran las aves kutli, guardianas de la flauta de jade, fabricada por Llirek, un dios despiadado, cruel y manipulador. Esta flauta podía transformar la conciencia y la prudencia en ira, odio, deseo…
Llirek quería corromper a los Seth`s. criaturas inocentes, frágiles, llenas de armonía, pero con gran sabiduría y manejo de los elementales.
Fausto el errante, era una criatura sin dios, que fue el único portador de la flauta, vaya que fue caótico ese hecho, al no saber de su poder pasaba por los poblados, vagando y tocando su melodía.
El viento llevaba las notas a los oídos de quienes los escucharan: animales, plantas, criaturas… perdían el control, matándose unos a otros, desmembrándose.
Detrás de él dejaba un rastro de sangre, murieron cientos, lo que hoy es Uyme, antes era el valle de la paz, ahora solo un desierto marchito, olvidado… por culpa de la flauta de jade.
Como se termino la maldición de Fausto el errante? – Pregunto un niño, temeroso.
Nunca acabo. Aun esta en Neli, rodeado de Aves Kutli, tocando, esperando el momento en que las aves le dejen salir, para poder vagar nuevamente… eso nunca pasara, las aves son sordas y no duermen, el día que se canse y sea devorado esa amenaza terminara pero la flauta por siempre existirá”.
Jajajajaja – Termina el anciano el relato con una macabra carcajada.

Autor: Keltzk Fantastica.

Escribir

—¿Qué haces?
—Escribo.
—¿Alguna gran historia? ¿Un romance tempestuoso con un final mordaz al estilo de Romeo y Julieta? ¿Una aventura de piratas? ¿Un viaje a algún planeta lejano?
—Un poco de todo eso y a la vez nada.
—¿Cómo? La verdad es que no entiendo. Si no escribes algo interesante ¿quién querría leerlo?
—¿Ves? Ese es el punto, escribo para mí y solo para mí. Tal vez es una historia oscura con vampiros o un asesino psicópata que persigue a un grupo de jóvenes inocentes; o tal vez a un príncipe que ha perdido su derecho al trono por una traición, o mil cosas más.
—¿No quieres que lo que escribes sea reconocido?
—No, yo soy feliz al escribir, me relaja y acompaño en sus viajes a mis personajes, comparto con ellos sus victorias y sus derrotas, sus carencias y su abundancia; con ellos viajo y me pierdo en lo infinito de mi imaginación. Esa es la razón principal de porqué escribo. Al sentirme satisfecho con las palabras que brotan de mi pluma no me preocupa en lo más mínimo si alguien lee mi obra o no.
—¿No sientes esa curiosidad de saber si tu historia le gustara a la mayoría?
—No, si alguna vez mi historia trasciende estas paredes la única forma en que el lector capte la verdadera esencia es que lo sienta exactamente cómo yo lo he sentido, y para que eso se logre, debo adquirir la habilidad de los grandes, escribir con el corazón.

Autor: Ahuizotl

Suerte

¿Dónde me encuentro? ¿Qué sucedió? Recuerdo el cajero que se encuentra cerca de la casa, necesitaba efectivo y… Lo sé, me atacaron por la espalda, fue un asalto o… No, no puede ser, estoy atado y no me puedo mover; siento mi sangre correr en el lado derecho de mi rostro, cae hasta mi barbilla, parece ser una herida por arriba de mi ceja y no puedo abrir el ojo. Algo cubre mi rostro, estoy inmóvil sobre una silla y mis manos están atadas por detrás de mi espalda.
¿Qué ocurre? Un secuestro, seguro quieren más dinero. ¿Cuánto tiempo llevo en este lugar? No lo sé.
Mis manos, no las puedo mover, están tan apretadas las ataduras que la sangre no fluye a través de las venas. Percibo el hedor de mis propios orines, quiere decir que ha pasado más de dos días.
Una punzada de dolor proviene desde mi mano izquierda, pero no puedo mover los dedos, ¿Qué es ese sonido? Son disparos, no puedo gritar, algo cubre mis labios. Escucho gritos y alguien dice “somos inocentes”, los disparos son más allá de esta habitación.
Escucho pasos y más gritos. Alguien abre la puerta de esta habitación e intento moverme. Dios, si este es mi final que sea sin dolor.
Alguien levanta lo que cubría mi rostro y la luz es intensa, escucho una voz que me dice: “Tiene suerte, los demás llevan más de cinco días muertos”.
¿Suerte? ¿Suerte de regresar en un día común a casa?

Autor: Ahuizotl.

 

PD: ¡Felicidades a todos los autores! Gracias a Rob por crear un concurso de esta magnitud y a cada forero por participar.

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