martes, 30 de marzo de 2010

Ceyaotl

mar

Las canoas avanzaban rápidamente sobre las apacibles aguas azules. Atototzin despertó al escuchar las voces de los hombres que indicaban la cercanía de Xamanhá, su destino.

El viaje había resultado prometedor. Los ornamentos de plumas, adornos de oro, piedras de jade, de ámbar, cuarzo y demás que habían transportado desde Xamanhá a las diferentes localidades lejanas fueron vendidos en poco tiempo, y ahora sus canoas regresaban con una gran cantidad de carne, especias, telas y tintes para intercambiar con su propia gente.

Su padre señaló con gozo la dorada playa que se extendía varios kilómetros sobre el horizonte. El sol se escondía detrás del follaje verde y el manto oscuro comenzaba a tapizar al cielo rojizo.

Atototzin sonrió al ver a su padre. A pesar de su edad avanzada los músculos de sus hombros y su espalda se marcaban sobre su piel morena. Cubierto únicamente por un taparrabos mostraba sus duras y torneadas piernas.

La suave brisa trajo consigo los lejanos recuerdos de su infancia, en aquel preciso momento cuando lo conoció y él la aceptó como su hija.

Después de muchas batallas, conquistas y derrotas como general de dos ejércitos del reino de Ah Kin Pech estaba decidido a abandonar su posición para gozar de las tranquilas aguas de Xamanhá, tierra de sus ancestros. Por fortuna, participó en la defensa de los reinos del sur en contra de las huestes del Mictlán y luchó al frente de sus guerreros, deseoso de entregar su vida a Tonatiuh. Pero a pesar de semejante peligro y más al enfrentarse a las terribles criaturas oscuras, salió victorioso con sus ejércitos y regresó a su reino cediendo su puesto a un guerrero más joven y partió rumbo a las doradas y solitarias playas.

Un año transcurrió y una anciana lo esperaba fuera de su humilde choza, con una niña de seis o siete años de edad.

—¿Qué quiere mujer? —preguntó el retirado guerrero.

—Esta niña necesita de su protección —mostró en un intento de sonrisa sus marchitadas encías y señaló el cielo—, los dioses así lo han decidido.

—¿Los dioses? ¿Hablas con ellos?

—Era una tribu de pescadores, a no más de dos días de viaje de aquí. Fueron atacados por los seres de la oscuridad y nadie quedó con vida. La niña es la única sobreviviente.

La delgada niña, con sus cabellos negros tocando sus hombros y su mirada triste que pedía ayuda enterneció al guerrero.

—¿Tiene nombre?

—Atototzin, así me dijeron los dioses que la llamarás.

La adoptó y la aceptó como su hija. A pesar de ser mujer le mostró el uso de diversas armas como el macahuitl, la lanza, el escudo y el cuchillo. La entrenó alejado de las miradas de algún curioso entre la frondosa selva, era inaceptable que una mujer aprendiera el arte de la guerra. Además se convirtió en una excelente nadadora, podía alejarse bastante de suelo firme para luego regresar sin detenerse.

A decir verdad, Ceyaotl se enorgullecía de la gran habilidad que su hija mostraba, ningún guerrero que él había entrenado mostraba tal aptitud y arrojo como ella, aunque se lamentaba por crear una gran diferencia entre ella y el resto de las mujeres. Atototzin no cedía tan fácilmente, ni se mostraba servicial, ni siquiera bajaba la vista en sumisión ante la visita de otros hombres; lo consideraba un gran riesgo cuando él partiera con Tonatiuh.

Pero en esa tarde los dioses se habían mostrado benignos, sus canoas rebosaban de mercancía y pronto llegarían sanos y salvos a su tierra.

Acompañados de un grupo de mercaderes bajaron de su transporte y caminaron sobre la suave arena. Los últimos rayos del sol rasgaban el firmamento en tonos dorados y la brisa se percibía fresca.

Los hombres descargaron la mercancía y fuegos verdes brillaron entre lo denso de la vegetación, más allá del límite de arena.

—¿Qué sucede? —preguntó Atototzin mientras señalaba las extrañas luces. De pie se notaba su formidable estatura, superaba por mucho al tamaño regular del resto de mujeres; su cuerpo bellamente formado resaltaba a través de una manta delgada que se ajustaba a su piel oscura. Sus ojos castaños mostraban inteligencia y sus labios carnosos la convertían en una mujer deseable.

Ceyaotl, al ver los fuegos verdes, un escalofrío recorrió su espalda, comprendiendo el terrible peligro que los acechaba. Tomó su viejo macahuitl y se adelantó un par de pasos.

—¡Prepárense! Nos van a atacar.

—¿Qué? —sorprendido preguntó uno de sus compañeros—, tal vez si intercambiamos un poco de nuestra mercancía nos dejen el paso libre.

—Si estas dispuesto a entregar tu propia carne, es probable que lo acepten —le contestó al mirarlo con sus ojos sombríos—. Son criaturas de la oscuridad y lo que desean es nuestra carne.

La joven corrió a lado de su padre y sujetó con fuerza una lanza larga.

—¿Son las mismas que atacaron el poblado de mis padres?

—Es el ejército que arrasa con todo ser viviente, cual langosta en cosecha.

Los fuegos verdes comenzaron a avanzar hacia ellos, acercándose peligrosamente. Ceyaotl observó a su hija y le indicó:

—Huye Atototzin, mi tonalli esta escrito; es mi deber morir bajo el filo de un arma y no como mercader o pescador. Seguro es que estas criaturas encontraran mi hogar para darme cacería. ¡Huye! Aléjate antes de que sea imposible escapar.

La joven retrocedió ante la furia de su padre y se alejó vadeando la selva.

Cuando los fuegos llegaron al final de la vegetación, varios rugidos estallaron y criaturas grotescas, cubiertas de pelo fino pálido, con largos colmillos, ojos pequeños y rojos, brazos anchos y piernas grandes corrieron ante los desafortunados mercaderes.

Dos, cuatro hombres fueron aplastados por estas bestias y devorados mientras aún gritaban. Ceyaotl luchaba formidablemente con su invencible macahuitl, que con una gota como obsequio del rey de Lytz había convertido en letal su arma en contra de esos seres.

Tres bestias cayeron sin vida para después convertirse en ceniza. Otras tantas fueron aniquiladas con su mortal filo. El resto de sus compañeros logró frenar el ataque hasta que sus enemigos dejaron de salir de la vegetación. Seguramente era un grupo perdido de K’aasi en busca de comida, pensó Ceyaotl.

La joven observó el triunfo y regresó a su lado, pero algo en el mar llamó su atención. Algo se agitaba en su interior y se acercaba hacia ellos.

De las olas brotó un pez de gran tamaño, cuatro veces el de un hombre, con patas de lagarto al frente y una boca rodeada de filosos colmillos; una cola de pez lo impulsaba en el agua y sus ojos giraban independientemente en busca de una victima.

De un bocado devoró a dos hombres y retrocedió al agua. Ceyaotl tomó su lanza y la clavó en un costado pero el animal alcanzó las olas perdiéndose en su interior. Otro más salió del agua a un lado y devoró a otros dos hombres. Un tercero mordió las canoas y las arrastró lentamente al mar dejando infinidad de pedazos y mercancía sobre la arena. El guerrero traspasó la piel de esa bestia marina varias veces, logrando acabar con su vida pero antes de que Atototzin auxiliara a su padre, otra bestia lo alcanzó y fue arrastrado al mar mientras él arrancaba uno de sus enormes ojos con su macahuitl.

La joven, sin dudarlo, se sumergió en el mar y nadó tras la bestia que arrastraba a su padre. Aquella se detuvo un momento bajo el agua, cerca de la costa para devorarlo con tranquilidad. Rodeó a la bestia y observó a su padre que aún continuaba cortando la piel de su atacante. Al verla, le entregó su antigua arma y una sonrisa apareció en su arrugado rostro.

El pez nadó velozmente alejándose de ella y se perdió en la negrura del gran océano. Nadó hasta la superficie y tomó aire. Volvió a sumergirse y continuó nadando en esa dirección. Otra criatura apareció de la nada y la embistió con sus afilados dientes rasgándole su brazo y hombro izquierdo. La punzada de dolor le recorrió todo el cuerpo y el animalejo regresaba para acabar con ella. No podía agitar su arma ante la pesadez del agua, no podía defenderse al no moverse tan rápido por esa limitante.

Cerró sus ojos, si su padre se encontraba con Tonatiuh, sería mejor que ella le acompañara en ese viaje. De pronto, un sonido gutural y ronco se escuchó en sus oídos. Abrió sus ojos y algo había cercenado por completo la cabeza de esa bestia.

Un dolor insoportable le golpeó en ambas piernas y fue arrastrada hacia la oscuridad. Otro pez la había sujetado con sus fauces en ambas piernas y era arrastrada a su nido. Pero antes de que los pulmones cedieran ante la presión, un guerrero de brillante armadura y con su macahuitl en mano alcanzó a la bestia y acabó con ella.

La presión cedió en sus piernas, era libre pero por su garganta el agua salada comenzó a entrar y sus ojos, a pesar de estar abiertos fueron inundados por una terrible oscuridad.

Autor: Ian J. Keller

Breve capítulo de libro 3 de “La ´Leyenda Maya de K’uh”

martes, 23 de marzo de 2010

Prologo del libro

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Quiero presentarles el prologo que ha escrito mi editor para la presentación final del libro:

Por vez primera Ian J. Keller, escritor mexicano, rompe la regla y se aventura a crear una maravillosa historia fantástica dentro del marco de contextos históricos prehispánicos.

Si bien, en nuestras manos tenemos una historia puramente de entretenimiento, no se menoscaban las aportaciones culturales que en ella se encuentran inmersas de las civilizaciones maya y azteca, sus divinidades, sus dioses.

Esta es una muestra de sagacidad narrativa en la que no sólo se convive con excelentes personajes sino también nos introduce en mundos totalmente dispares, fantásticos, futuristas, al mismo tiempo en que nos remonta a los inicios de la civilización mesoamericana, ahí mismo, donde la Leyenda comienza y trasciende nuestra época rompiendo la lógica lineal del tiempo.

Ian J. Keller, autor de esta increíble saga, claramente escribe para una audiencia joven y adulta, ofreciendo en esta historia fresca y única en su tipo, mundos genuinos como el reino de los Tetlalel de corte utópico, la reconstrucción de mundos oscuros como el Mictlán de los aztecas y el Xibalbá de los mayas, e igualmente aporta su visión de un mundo futurista de alcance interplanetario.

Los principales personajes, seres comunes, se convierten en verdaderos guerreros al ser elegidos por las Piedras Sagradas, las cuales fueron creadas por los mismos dioses antiguos para derrocar al ejército del mal.

Pese a que es inevitable, como en toda novela fantástica, la constante de una lucha entre el bien y el mal; y que además, es evidente quién saldrá victorioso, Ian J. Keller lo deja en segundo plano para concentrarse más en el desarrollo de sus personajes y en el entorno de éstos como una preocupación de los sucesos actuales de nuestro mundo que va reflejando en cada uno de sus capítulos.

En el trasfondo de esta original historia, se lee una metáfora de la vida real superpuesta en múltiples capas. No presenta aquí ninguna afición a introducir soluciones mágicas sacadas de la nada para salir así de un embrollo, aunque eso, casi por regla general, sea inevitable en un mundo mágico.

No pretende, de ningún modo, competir con los voluminosos “bestsellers” de historias fantásticas, sino la de demostrar que escribir es sobre todo imaginar, inventar, agregar cosas nuevas al mundo. De algún modo, este libro, nada contracorriente y precisamente es aquí donde reside su principal virtud. Un libro original, cargado de imaginación, un producto totalmente distinto.

Lo que sí se descubre es que hay claros indicios de que Ian J. Keller, se ha divertido en demasía escribiendo este libro en el que ha desbordado su imaginación creando situaciones graciosas y sombrías, y lo ha querido compartir con los lectores. Sobre todo, agradar a lectores intrépidos con la fuerza de su genuina historia fantástica.

Anselmo Bautista López

Editor General.

viernes, 19 de marzo de 2010

Quien nunca

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Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.

Michael Ende - La historia interminable.

Párrafos posteriores al robo del libro por Bastián.

miércoles, 17 de marzo de 2010

El Resplandor

EL-RESPLANDOR2

¿Recuerdan esta película? Para su tiempo fue algo terrorífico, escalofriante; muchos no pudieron conciliar el sueño debido a las pesadillas que les provocó el filme. La escena de Jack Nicholson asomándose a través de la puerta destrozada con su inigualable sonrisa irónica, se ha convertido en un icono de las películas de horror. La historia fue basada en la novela “The Shine” de Stephen King.

Recuerdo al niño recorriendo los pasillos del abandonado y gigantesco hotel con su triciclo, encontrándose con las gemelas y el cuarto prohibido. Fue estrenada en el año de 1980 y aún continua provocando eco en aquellos que conseguimos ver la película a escondidas de nuestros padres.

La novela fluye ágilmente, permitiendo que la imaginación te lleve hasta ese magnífico hotel de alta categoría que en invierno es cerrado debido a las intensas nevadas. Lo más impresionante para mi fueron los detalles que no lograron ponerlos en el filme, y se entiende, en esa época los efectos especiales no eran tan especiales, más bien se basaban en una buena trama y en que los espectadores utilizáramos una gran imaginación.

Uno de esos detalles es que el cocinero, aquel que descubre que el pequeño tiene “el resplandor” como él le llama, la forma de ver cosas que los demás no pueden, hablar en los pensamientos y visualizar eventos futuros, le indica que no debe acercarse a una de las habitaciones y al lugar de juegos infantil.

Como es de suponerse, el niño hace caso omiso y sale un rato a jugar en los columpios y demás artefactos de ese lugar. Varios arbustos enormes con formas de leones, perros y gatos dan el efecto de cuidar el pequeño jardín. Bueno, en la novela menciona que estos arbustos parecen moverse, aunque el niño presiente algo malo y se retira sin darle importancia.

Además que explica el porqué lo maldito de ese lugar, las apariciones de fantasmas, y la locura del padre hasta el punto de matar a su familia.

De verdad, para aquellos que toleran una buena lectura de miedo, les recomiendo este libro, pasaran momentos espeluznantes pero muy amenos.

Salud para todos.

martes, 16 de marzo de 2010

La espada de Atila

espada¡Excelente libro! Acabo de terminarlo y realmente lo recomiendo. Una historia que de principio a fin atrapa al lector, sin permitirte un descanso.
Un huno anciano busca al general de las legiones romanas en plena batalla que al llegar a él, sus recuerdos se remontan a la adolescencia, cuando su padre, el entonces general de Roma de Occidente es obligado a intercambiar a su hijo como rehén para los tratados de paz entre las naciones bárbaras.
Roma recibe a Atila de Hunia en intercambio y una amistad entrañable se forma entre Flavio Aecio y él, para después separarse.
Ambos crecen tomando el poder de sus propios orígenes, uno como general y el otro como rey.
Llena de aventura, drama, intriga y acción la recomiendo ampliamente.
Un detalle que no quiero omitir, no tenía idea de que los hunos, expertos jinetes y guerreros, utilizaban lazos para aniquilar a sus enemigos. Afortunado si el lazo te atrapaba a la altura de los hombros, pues tu muerte sería instantánea al ser desnucado, pero cuidado si la sujeción se realizaba a la altura de la cintura, terminabas aplastado por las patas de cientos de caballos hunos. En las diferentes paginas del libro se aprecia la extraordinaria habilidad de su uso y gallardía en los combates, claro, de una forma bárbara y atroz.

Escrita por Michael Curtis Ford de forma amena e interesante.


Salud para todos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Hemos perdido 1.26 microsegundos

reloj

De acuerdo a la NASA, debido al terremoto de Chile, los días se han acortado por 1.26 microsegundos.

¡Oh no! Piensan muchos pero antes que nada sería bueno ver cuánto realmente es un microsegundo; visto matemáticamente es .0001 de segundo, o sea, una millonésima parte de un segundo.

Vale, para hacerlo más claro, ¿qué pensaste en una millonésima de segundo? ¿Lo recuerdas? ¿Lo último? No lo creo.

Si lo vemos fríamente no es nada, nada, tanto, que ni siquiera lo percibimos, pero qué tanto es tantito.

Esa millonésima puede ser el exacto momento para cambiar tu mirada al conducir y notar ese vehículo, o esa persona que no habías visto, y te salvó de chocar o de atropellar a alguien.

Tal vez esa mínima cantidad de tiempo fue la necesaria para llegar al hospital, y continúas viviendo. O no nos vayamos al extremo. Fue el tiempo suficiente que te faltó para alcanzar el avión, o para decirle a tu amada (o) lo bien que te sientes a su lado.

No es nada, dirán muchos, lo es todo, dirán otros, pero aquí lo importante es ¿qué tanto para ti es esa millonésima de segundo?

Salud para todos.

martes, 2 de marzo de 2010

Introducción libro II

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Espero que les agrade, es la introducción del libro II de la legendaria saga: “La leyenda Maya de K’uh”

Salud para todos.

Tengo que confesar que esperaba otro desenlace, ¿cómo es posible que después de tan pocos años las cosas hayan cambiado tanto?. Esta tierra estaba acostumbrada a la riqueza, a la magia, a la creación de majestuosos proyectos… a la grandeza. Si era necesario se movía el cielo, mar y tierra para lograrlos, no importaba el tiempo ni los recursos, las cosas se hacían y se hacían mejor que en ningún otro lugar.

Hoy me encuentro aquí, sintiendo pena por las circunstancias que rodean a mi México, como así le llaman desde hace tiempo. Para mí este lugar no tenía un nombre específico, aunque muchos lo llamaban el “único mundo” y otros le llegaron a nombrar su “Nueva España”. Y es que en realidad no tenía nombre, no al menos para nosotros, los alebrijes.

Redacto estas líneas como una manera de expresar lo que he vivido, aunque el cruel destino me ha obligado a hacerlo sentado, en un escritorio y a través de una laptop y no en glifos de piedra, como me enseñaran a hacerlo. Me hubiera gustado dedicar este último proyecto de mi vida a tallar con esmero cada relieve, definir perfectamente cada trazo de cada detalle de cada figura de la historia que tengo que contar, aunque me llevara años en lograrlo. Pero me temo que eso es imposible, siento que mi tonalli ya desea ir al reino de Tonatiuh, por lo que no creo tener mucho tiempo extra.

Me aqueja la enfermedad, siempre he sido un fumador empedernido, eso lo aprendí de ustedes, los humanos. Aunque antes lo hacía de las cosechas de tabaco de las tierras de los grandes reyes mayas y de los orgullosos emperadores mexicas, no el polvo cubierto de químicos que ahora se consigue a precios exorbitantes.

Además ya he vivido mucho, casi siete siglos, y mis huesos claman por descanso. Todo mi cuerpo se siente agotado por tantos andares. Mis oídos casi no perciben sonidos pero aún vibran al recordar como decenas de conchas de mar sonaban al unísono, marcando el comienzo de la batalla, haciendo temblar incluso al más valiente. Mis ojos apenas alcanzan a ver un poco más allá de lo largo de mis brazos pero aún ven sombras sobre el horizonte que se asemejan al desfilar de columnas de guerreros ataviados con las pieles más exóticas, los rostros enmarcados de orgullo por pelear por los dioses, inclusive los que sabía que iban a morir. Mi piel arrugada aún se encrespa de recordar como los seres negros se materializaron en carne, roca, barro, madera y fuego, caminando entre nosotros, acompañados de todas nuestras deidades y de nuestras más temibles pesadillas, luchando entre sí, a favor y en contra de nosotros. A mi memoria llega el rugir de las baterías de teponaztlis, marcando los embates contra seres humanos y seres negros, por igual.

Desafortunadamente parece imposible que ellos vuelvan a estar físicamente entre nosotros, ya que el respeto y el equilibrio cósmico se ha perdido desde hace tiempo. Su cultura ha sido mezclada con la de otras razas de hombres y yace escondida entre los libros y las historias de los pocos descendientes de aquellos pueblos mayas que tanto han luchado a lo largo de los tiempos por conservar estable la balanza de nuestro mundo.

Éstos, irónicamente, han sido los más afectados y ya van dos veces que casi desaparecen de la faz de la tierra, sin razón aparente. Sus libros comentan que de manera inexplicable pero nuestros ancianos y los de mis hermanos los aluxes, bien sabemos que pudieron haber sido diez.

De ese pueblo tan sabio y enigmático hoy sólo quedan leyendas y recuerdos, muchos de ellos plasmados en los castillos y plazas de piedra, que los arqueólogos han arrebatado al manto protector de la selva tropical. Casi no quedan registros escritos y la mayoría de sobrevivientes observan a distancia desde los cielos o desde los infiernos, pocos aún permanecemos mezclados entre la gente. Eh ahí la importancia de dejar de lado mi pereza y transmitir lo que mis sentidos han registrado en mi memoria.

Yo estoy harto del caos y la locura de la vida actual, demasiado bullicio merma mi tranquilidad y mi razón, pero hay tantas cosas que me atraen de su estilo de vida que me han detenido a irme con mis hermanos a los bosques, los ríos subterráneos, o bien emprender mi viaje final al más allá.

La verdad, no tengo ganas de escribir, pero considero un deber hacerlo porque me he enterado que se esta planeando una rebelión para buscar nuevamente alguna de las kal tun que la diosa Maktli entregó a los hombres. Esas “piedras preciosas” tienen poderes intrínsecos que han mantenido el universo en equilibrio, si en el futuro nuevamente roban alguna, se podrían desencadenar eventos trágicos o incluso fatales para la vida. Sobre la concha de la diosa tortuga ya sólo quedan dos de ellas, una inclinada al bien y la otra al mal, si alguna se retirara, sin duda alguna experimentaríamos un nuevo episodio de pena y dolor como algunos de los que tenemos memoria.

Redacto estas líneas, insisto, porque jamás he revelado lo que sé, y estoy seguro que es importante que se conozca, mi deseo sería esculpir con la escritura maya más artística en una esquela que decorara mi tumba, o bien en finos cueros y entregárselo a un mensajero de confianza que lo difundiera a las nuevas generaciones, para que se vayan preparando para la batalla final. No obstante, lo describiré en palabras castellanas para ser lo más explícito posible, muchas de las cosas no las creerán.

Antes me sorprendía cada que aparecía un nuevo capítulo de la historia en los libros y en las escuelas: la conquista, la guerra de independencia, la revolución mexicana, y demás sucesos, y jamás se ha mencionado ningún héroe o personaje principal que no fuese humano, y digo “antes” porque ahora lo comprendo, su cerebro funciona de manera diferente a la nuestra y para ustedes, todos nosotros sólo somos abstracciones de la realidad a las que nombran: mitos, leyendas, seres intangibles o locuras incomprensibles de hombres faltos de cordura. No me quejo de ello, ya que me consta que todos los hombres que se han involucrado y convivido con nosotros han sido ejecutados, y en las batallas donde hemos intervenido se ha borrado nuestra presencia.

Una vez mi maestro Huitzilihuitl, rey de los alebrijes, me explicó que los hombres sólo pueden vernos, tocarnos o escucharnos en dos circunstancias: si cuentan con dones extraordinarios o cuando alguna de las piedras de K’uh es extraída de su cámara causando un desequilibrio para bien o para mal. Por ello, aunque compartimos los dioses, seres negros, ch’ats, itz’ats, bacabs, humanos y nosotros el mismo espacio físico, lo hacemos desde planos dimensionales diferentes, y únicamente esas dos excepciones permiten la convivencia general.

No quisiera darle más vueltas a las cosas y deseo comenzar a contarles lo que viví, conozco la historia de cada una de las piedras de K’uh que se han perdido, pero no quisiera afirmar hechos que no experimenté en persona, por ello me concentro en éste escrito en mis épocas de juventud, cuando este país no era México, sino una serie de imperios y reinos que compartían honorablemente la región hoy conocida como Mesoamérica. Es cierto que habían ritos que actualmente se consideran sanguinarios y bárbaros, pero la realidad no era esa, todos los pueblos aunque diferentes y la mayoría belicosos eran honorables, al adversario se le veía con respeto y su muerte se honraba con el más grande de los regalos: el sacrificio de sangre humana a los dioses.

Confieso que era extraordinariamente emocionante ir a la guerra, lo peor que podía pasar era morir y eso no nos daba miedo, pues era un honor entregar nuestros corazones, ya sea en batalla o en el juego de pelota, para de esa manera ayudar al viaje del dios sol en su eterno peregrinar. El egoísmo no existía y literalmente todo era un único mundo, en el cual luchábamos por vivir y la vida era grata, algo difícil pero en equilibrio.

Los alebrijes no íbamos a la guerra con los macahuitls o arcos como los aztecas, normalmente acompañábamos y auxiliábamos a nuestros “amos” humanos, consagrados en formas de animales. Mi maestro era el más grande guerrero de nuestra raza y nos enseñó muchísimas cosas, y él tenía un don especial para seleccionar las habilidades de nosotros; a mi me consagró a un personaje de la historia que estoy por revelarles, anticipadamente me disculpo si mi memoria me traiciona y la emoción me orilla a exagerar algún detalle, o si alguna laguna mental nubla la coherencia de los hechos, pero deben entender que mi vivacidad se extingue al mismo ritmo que mis arrugas invaden mi rostro.

Yo no me tragué el cuento de los nativos al suponer que Hernán Cortés era el Quetzalcóatl que regresaba a reclamar su trono, pero me deben creer al decirles que aquel choque cultural fue lo que puso en riesgo la vida humana, principalmente por la codicia de un hombre conocido como el “Gigante Rojo”.

Los hechos que a continuación redactaré son extraídos mayoritariamente de mi memoria, sin embargo una parte importante ha sido recopilada de registros escritos mayas, algunos escribas españoles y de las historias de hombres y alebrijes que estuvieron donde yo no estuve, y que gracias a su aporte se puede tener una visión completa de lo sucedido.

Los nombres de Santiago de la Villa, Tzilmiztli, Yaretzi, Francisco de Montejo o Pedro de Alvarado, los escribiré constantemente y no me referiré a ellos más que por su nombre o su sobrenombre si es necesario, y lo comento ahora, porque hasta la piel se me eriza, de recordarlos… algunos con nostalgia y a otros… con odio.

lunes, 1 de marzo de 2010

Por qué la guerra contra el narco se convierte en nuestro Iraq

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Es horrible la verdad, más cuando queremos que sea diferente, pero me ha impresionado de sobremanera este reportaje del TIMES de cómo somos vistos a través de los ojos extranjeros.

Lo comparto con ustedes:

Why Mexico's Drug War May Become Its Iraq

The no-nonsense government ads flash onto prime-time Mexican TV between soccer games and steamy soap operas. Bullet-filled corpses are shown sprawled on the concrete; ski-masked special forces are seen storming down residential streets; and bearded bulky capos are dragged before the cameras in handcuffs. "Today these killers are behind bars," says a booming voice-over. "We work using force for your security."

But while the spots boast of victories and progress, a rising chorus of voices across Mexico is complaining that the military approach to Mexico's crime problem is not bearing fruit. Leftists and human-rights groups have slammed the central role of the army and paramilitary police since President Felipe Calderón took office in 2006 and ordered 50,000 troops to fight the drug gangs. But in recent weeks, critics have been joined by some of the government's key allies, including members of Calderón's conservative National Action Party, regional business lobbies and the Roman Catholic Church. Such pressure could affect how the President sees through the drug war during the second half of his term, which ends in 2012.

Most criticism centers on the relentless gang-related violence, which has only worsened, even as thousands of traffickers are jailed or extradited to the U.S. In total, there have been more than 16,000 murders that appear to be drug related since Calderón kicked off the crackdown, with this January being the bloodiest month yet. Doubters now say soldiers may be inflaming the gang killings rather than diminishing them. "Security is not directly or principally related to the ability to use force, the number of police officers, the degree of militarization or the purchasing of weapons," the Mexican bishops conference said in a Feb. 15 letter to the government. "With the passage of time, the participation of the armed forces in the fight against organized crime has provoked uncertainty in the population."

Others argue that the violence has mushroomed because the army is directing its attacks at certain cartels, a tactic that only strengthens the rivals of those gangs. Representative Manuel Clouthier, who hails from a prominent National Action Party family, lashed out in a series of interviews this week that the omnipotent Sinaloa cartel of his native state has not been targeted. "In some places they have hit the gangsters. But in my state, everyone can see that the bad guys are being allowed to work," he told TIME. "There is a mafia cabal of criminals, politicians and businessmen and it has simply not been touched." Much of the bloodshed in Mexico is blamed on the efforts of this Sinaloa cartel to expand into new territories. Party leaders and officials swiftly hit back, saying that all criminal groups have been equally attacked.

There are also signs the Mexican public is losing its stomach for the fight. A Feb. 15 survey by Buendía & Laredo found that 50% of respondents thought the government offensive against drug traffickers has made the country more dangerous, while only 21% thought it had made it safer. Another 20% said it had had no effect and 9% gave no comment. Half of respondents also said they personally felt threatened by criminal violence, up from 35% who said they felt threatened in a 2008 survey.

These doubts come as the U.S. continues to throw its weight behind the campaign. Homeland Security Secretary Janet Napolitano signed an agreement for enhanced cooperation in the Mexican capital this week, declaring that "the collaboration between Mexico and the United States has never been stronger." The latest accord follows a hike in funding for the so-called Mérida Initiative to beef up Mexican security forces. In total, the U.S. has pledged $1.6 billion worth of equipment and training for its neighbor, including eight Black Hawk and 13 Bell helicopters for Mexico's army and federal police.

Whatever the criticism, Calderón himself insists that he will not steer away from his military strategy. Since taking power, he has identified with the fight against cartels as his personal battle more than any other Mexican President, breaking with tradition to don a green army uniform in one address to frontline soldiers. On Feb. 19, he went to the top military school to praise the efforts of the troops. "To confront these criminals without scruples, the presence of the armed forces has been and is fundamental," he said. It would also be tough for Calderón to send the soldiers back to the barracks while the violence is worsening for fear it would concede a defeat. This quandary has led critics here to regularly compare the conflict to the Iraq war in Bush's second term; it is a war in which the President cannot claim victory, cannot pull out of, and which only gets worse.

http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1966880,00.html#ixzz0geqFCC32

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