jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Jugamos a la Lotería?

No crean que se me ha olvidado mencionar algo referente a nuestro mes patrio que ya casi termina, y recordando mi deber, les dejo la muestra de la nueva lotería, no, no es aquella del billete, no se confundan, yo sé que con todas estas carencias lo único en lo que pensamos es en la lana. Hablo del juego de los tarjetones con su conjunto de cartas, ¿recuerdan? laaaaa botellaaaa, ándele, esa mera.

Pero debido a lo triste de nuestra situación en nuestro país y con eso de los nuevos impuestos para la pobreza, estoy de acuerdo con Guffo Caballero, dibujante y caricaturista mexicano de mente rápida con dientes incisivos, pero muy reales, él es el creador de este juego:

loteria 1

loteria 2

loteria 3

Derechos reservados por Guffo.

HIJOS TRIUNFADORES

saturno_devorando_a_sus_hijos

 

Esta carta la recibí hace poco y me gustaría compartirla con todos, respecto a la imagen, representa a Saturno devorando a sus hijos, algo que ocurre de manera figurativa en la actualidad:


Hace unos siglos, un famoso pensador griego dijo: "Lo único permanente es que vivimos en un mundo de cambios"  Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia..., eso será lo que buscarán los seleccionadores de personal.


Para los trabajadores independientes será un auto requisito.


Un hijo forjará carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad para resolver sus problemas; actuarán por determinaciones. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.


¿Exceso de autoridad? Siempre será mejor exceso que falta de autoridad. El límite de autoridad lo pone la siguiente regla: "La autoridad no debe humillar". Básicamente lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo como un adulto potencial.


¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos estarle evitando todo el tiempo todo posible sufrimiento ¿si no cuándo aprenderá? Debe comprender la muerte, los problemas de la vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento.


¿Alguien imagina a un campeón de atletismo que no sufra para lograr sus marcas? Eso se aplica a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad. Siempre hay que pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para no sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras al futuro.


Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Recuerda que nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillas y abonar mucha tierra.


Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a "sentir la falta de" y arreglárselas por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no tienen zapatos de "marca". Si no aprendes a carecer no aprendes a arreglártelas. Aunque tengamos para darles el 100%, los chicos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de chicos, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros también con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? ¡Dándoles un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay otra manera! Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a gozar de la vida porque muchas veces se goza en las cosas sencillas. Aprenden a no ser quejosos.


Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien estomacal, sino que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean ingratos, que no sean quejosos.. "Mami... no me gustan las lentejas". Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA! ... ¡Las lentejas del refrigerador calentadas!


Parece increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar. La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.


También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, limpiar los cuartos, lavar los platos, pintar la casa, etc. Hay que educarlos para que realicen labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Si no hacen este tipo de servicios luego tendrán problemas. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.
¿Mesadas? Que sean una cantidad fija, más bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar el dinero. Claro que se deben aceptar excepciones, pero conversadas serenamente.


Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos. Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener "dinero o propiedades", triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.


Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.


Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, en uno donde reine la libertad, la abundancia, la justicia y sobre todo la felicidad.


"El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas."

William George Ward.

martes, 22 de septiembre de 2009

Historias de Padawans III

 

espacio

El gran Conejo Rosa redujo la velocidad, dejando que el Gorrión Sementario se pusiese a su altura. Desplazándose a gran velocidad, el Conejo Rosa embistió a la otra nave y los fuselajes se arañaron. Una segunda embestida hizo que uno de los motores del Gorrión dejase de funcionar, y el Conejo Rosa pudo maniobrar con más facilidad. Se colocó encima del Gorrión y, de entre las dos patas que formaban el tren de aterrizaje trasero de la nave rosa se extendió una pasarela cubierta que taladró el fuselaje de la nave plateada. Las dos naves quedaron unidas.
Realmente parecía que el Conejo estaba copulando con el Gorrión.
Fuego y Garra atravesaron a gran velocidad la pasarela montados sobre Arguruzku y Pollo Asado. Al entrar en el Gorrión, se encontraron con una chica con túnica esgrimiendo una extraña espada con una hoja de energía verde. Junto a ella, hipaba un chico envuelto en una túnica negra que luchaba por mantenerse en pie mientras miraba el busto de su compañera. Evidentemente estaba borracho. Llevaba otra espada, similar a la de la chica, pero de color rojo.
De repente, la puerta del baño se abrió y una figura con una máscara extraña salió de dentro, aún subiéndose los pantalones.
—¿A qué viene tanto jaleo? Ya no puede uno ni cagar tranquilo. ¡No se puede molestar así al legendario Muad Dib! —la voz sonó distorsionada tras la máscara.
—¡A la cargaaaaaa! —gritó Garra espoleando a su avestruz.
—¡Rendíos si sabéis lo que es bueno! —dijo Fuego mientras sacaba la primera flecha del carcaj y la colocaba en su arco.
Garra abrió el cilindro negro y sacó el contenido esgrimiéndolo en la mano derecha. La cara de incredulidad de todos los de la sala le hizo detenerse. Hasta su avestruz giró la cabeza para mirarlo. Se dio cuenta de que estaba blandiendo un gran falo de goma de treinta y cinco centímetros. Se encogió de hombros y reanudo la carga. Había que adaptarse a las circunstancias. Ya le explicaría a su novia cuando volviese a la Tierra que la porra eléctrica no era lo que quería regalarle.

La batalla por comenzar esperaba ser una verdadera carnicería!!!!!!
Fuego Helado apunto hacia Wilwarin y arrojó su primera flecha, la cual desvió Wilwarin con ayuda de su espada láser sin ninguna dificultad.
—Esa no es forma de mostrar respeto a tus anfitriones —sonrió Wilwarin, de nuevo con ese tono irónico que tanto la caracterizaba—, ¿vendrás a pelear de verdad o solo esperaras a que se terminen tus flechas?
Ese tono en su voz hizo que la sangre de Fuego Helado ardiera, tiró su arco, desmontó del avestruz y sacó un sable láser de color verde.
Uno de los motores del legendario "gorrión sementario" sin funcionar, hacía que el escenario se moviera violentamente, pero eso a la valerosa Fuego Helado no le importaba, quería luchar y demostrarle a su maestro cuanto había aprendido en su tutela!!!
Armada con su espada láser se abalanzó sobre Wilwarin con un golpe que cimbró el aire de un zumbido tan agudo que parecía que partiría la nave, Wilwarin lo detuvo con una sonrisa en el rostro, tenía demasiado tiempo sin enfrentarse a alguien tan fuerte... o impulsivo.......o talvez ambos.
Las dos danzaban en una especie de rito mortal y las luces, al ser ambas verdes, no dejaban ver quien llevaba ventaja sobre quien. Era una batalla hermosa y nadie osaba interferir y arruinar el equilibrio.
Los tres caballeros se quedaron mudos, mirando la batalla. Hasta que a Garra le atravesó un pensamiento muy oportuno por la mente, —esta es mi oportunidad— y alzando en alto el dildo de goma, concentrando sus fuerzas en esos treinta y cinco centímetros de felicidad y aprovechando la altura que le daba el avestruz, cargó un golpe que fue a parar a la cabeza de Ahuizotl!!!!!
Ahuizotl cayó al suelo estruendosamente, como si fuera un costal de papas y sin decir "auch".
Pero detrás de Garra ya se encontraba Muad-Dib con la palma de su mano enguantada apuntándole a la cara.
—Creo que te falta un arma amigo, si vas a apuntarle a alguien que sea con un arma. —dijo riendo irónicamente Garra.
Muad-dib también empezó a reír, bajó la mano para agarrar su estomago, dio la vuelta para seguir riendo......... y de nuevo, apuntó su palma hacia Garra mientras de repente su risa se detenía.
—Tendré en cuenta tu consejo. —susurró Muad-dib al momento que con su otra mano quitaba el guante.
—Nooo maaaam....!!!! —fue todo lo que la sorprendida voz de Garra alcanzó a maldecir al descubrir lo que había debajo del guante del misterioso personaje que era Muad-dib.
Era un brazo, totalmente metálico!!!!!! con circuitos que sobresalían por todos lados, lucecitas que parpadeaban y en la palma, un pequeño cañón, pequeño pero muy útil.
Del cual lanzo una red que atrapo a Garra al instante.
—Muy listo amigo, pero aún tengo un as bajo la manga —gritó Garra desafiante—, Arguruzcu!!! Pollo asado!!!!! Encárguense de este Megaman wannabe!!!
Al decir eso, las avestruces entraron en modo de combate y rodearon a Muad-dib amenazadoramente.
—Es muy curioso "amigo" yo también tengo un truco bajo mi robotizada manga —dijo la distorsionada voz de Muad-dib—, te presento a Boco y a Koko, mis mas recientes adquisiciones del planeta Ivalice —y aplaudiendo un par de veces, se abrió una puerta detrás de él, develando a Boco y Koko. Un par de chocobos con espolones y picos metálicos con mira láser—. Se me olvido decirte que decidí "arreglarlos" un poco. —orgullosamente afirmó Muad-dib.

Mientras tanto, Fuego Helado y Wilwarin seguían su lucha.
Estaban concentradas y no se daban cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Pelear era su único propósito en ese momento, los sables iban y venían, aún así no dejaban de sonreírse una a la otra ..... esta lucha le daba gran placer a ambas.
Hasta que un sablazo bastante certero desgarró la parte superior de la túnica de Wilwarin, dejando ver bastante más de lo que estaba dispuesta a enseñar.
Ella dejó caer su sable para poder cubrir sus pechos con los brazos.
Fuego Helado reía incontrolablemente.
—¿Y tu de que te ríes?- preguntó furiosa Wilwarin.
—Como no me voy a reír!!!! Hice que enseñaras tus bubis a todos!!!!!!!!! —dijo Fuego sin dejar de reír.
—¿Acaso ya te viste tu? —dijo Wilwarin de nuevo con ironía.
Fuego bajó la vista y vio que la parte baja de su atuendo eran solo algunas tiras de tela, dejando ver en su totalidad sus braguitas favoritas de Hello Kitty!!!! ¿En que momento había pasado eso?, tal vez si no hubiera prestado tanta atención a la batalla lo habría notado.
Las mejillas de Fuego ardieron, nunca había estado tan ruborizada antes!!!!!
Muad y Garra desviaron la vista y se sintieron muy afortunados por haber presenciado el espectáculo!!!!! A Garra le sangraba la nariz....... y a Muad.... era difícil de saber con esa mascara.

De pronto Garra pareció reaccionar.
—¿Hello Kitti? Yo siempre pensé que eras más de Snoopy.
Haciendo caso omiso a su maestro Fuego llamó a su avestruz que se acercó rápidamente y cogió de las alforjas la túnica que llevaba puesta antes.
—¡Ja! —rió—, ahora eres tu la destapada. —dijo haciéndole burla a Will.
Esta alzó su espada láser y envió una estocada a la desarmada Fuego que había dejado caer su espada.
—Pollo Asado ayúdame. —rogó a su montura.
El avestruz miró a todos lados perdida, debía ayudara su maestra pero cómo, en esto divisó un cuadro eléctrico que ponía, ''batería inalámbrica de las armas láser, no tocar'', ¿no tocar? Se dijo el avestruz, como se atrevía un simple cuadro a decirle a él no tocar, y olvidándose de su dueña se dirigió allí para descargar un picotazo en el centro del cuadro. Al instante todas las espadas láser se extinguieron.
Fuego recogió su arco y apuntó nuevamente a la aprendiz jedi, sonrió con superioridad.
—¿Y ahora te vas a estar quietecita?
Will soltó un bufido y acabo de atarse la parte de arriba de la túnica para que al menos le tapara lo justo. La voz de Garra sonó desde el fondo del compartimiento.
—Fuego, los chocobos siguen funcionando.
El caza recompensas estaba rodeado por los dos seres y intentaba mantenerlos a raya con el falo de goma.
—Maestro ¿puedo hacerle una pregunta?
—¿Te parece momento para preguntitas linda? —dijo éste, suspiró—, bueno venga una rapidita....
—¿Qué es ESO? —dijo señalando el arma de su maestro.
—¿Esto? Emm... cosas de mayores, ya lo sabrás cuando crezcas....
—¿Cuando crezca? —pregunto Fuego aún mas confundida que antes y mirando con curiosidad el objeto.
—¡¡¡¡¡¡¡JAAAAAAA JAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!! —rió Will— ¿No sabes que es ESO?
—¡Calla maldita! —le reprendió Garra—, déjala en paz, ni se te ocurra pervertir la mente de mi escudera que es pura e inocente. ¿Y tu que haces con una espada láser Fuego? Nosotros no usamos esas armas infernales.
—No sé, estaba en la túnica que me diste.
Fuego miraba la escena confundida y preguntándose si ESO sería tan importante como para cabrear tanto a su maestro. Estaba perdida en estos pensamientos cuando se dio cuenta de que alguien se le estaba acercando.
—Pura e inocente ¿eh? —dijo Muad mientras se aproximaba a la joven.
—¡Ah! —gritó la asustada escudera.
—¡Fuego! —exclamó Garra corriendo en ayuda de su protegida pero los dos chocobos se interpusieron en su camino— ¡huye!
Fuego se agarró de la silla de su avestruz y de un salto se subió en la grupa, espoleó a su montura que salió corriendo por los pasillos del gorrión sementario. Garra lanzó sus 35 cm de arma al aire y agarró su arma de por si acaso de las alforjas de su avestruz. Esto se ponía interesante pensó mirando a los dos chocobos, la aprendiz de jedi, el aprendiz de sith que estaba recuperando la conciencia y al... bueno a lo que quiera que fuera Muad.

Fuego caminaba con su montura de las riendas por los corredores metálicos del gorrion un poco perdida. Los corredores descendía cada vez mas y la escudera no encontraba... bueno no estaba muy segura de que es lo que buscaba. Caminando y caminando llego a un cartel que ponía SALA DE MAQUINAS (Zamora 4 km.)
Entro.
Garra agarro el hacha de doble filo con fuerza y con un golpe relámpago corto la cabeza al primer chocobo, el segundo asustado es hizo un ovillo en el suelo y empezó a temblar.
—Sentid mi poder. —exclamo el caballero alzando los brazos.
Aprovechando la posición del caza recompensas, Will le ató las muñecas y los tobillos, cuando se quiso dar cuenta estaba cayendo de morros al suelo todo estirado, la presunta futura jedi soltó una carcajada histérica.

—¡Espera Wil!, Garra es mío —gritó el aprendiz de sith mientras se levantaba y se sujetaba parte de la cabeza con la mano izquierda. ¡Joder! pero que cruda, me esta matando, mira —se acercó a Will quien con su pie, empujaba hacia el suelo la cara de Garra—, hasta me ha salido un chichón, creo que es una reacción alérgica a la cerveza, mi mami ya me había advertido de tomar tanta cerveza...
—¡Basta! —gritó acalorada la jedi—, ¿no ves que sufrimos un ataque? libera a Muad y ve por la padawan de Garra que ha escapao, esta en el interior del Gorrión.
El sith se inclinó para liberar a Muad mientras se quejaba por el terrible dolor de cabeza; después de soltarlo y ya que Muad estaba de pie apuntando con su terrible brazo mecánico a la cabeza de Garra, Ahuizotl se acercó.
—¿No tendrás una aspirina para la cabeza Muad? No puedo correr y pelear mientras me duela de esta forma.
Muad señaló un botiquín sobre la pared y ambos corrieron persiguiendo a la padawan de Garra.
—¡Hazle pagar caro su atrevimiento Wil! —gritó Muad—. Nadie, escucha Garra, nadie monta a mi gorrión, mucho menos un conejito rosado.
Al quedarse solos, Wil se inclinó para observar el rostro de Garra.
—Mi padawan me sacara de aquí, no te atrevas a hacerme daño.
Wil sonrió y una mirada malévola apareció en sus ojos.
—Pero claro que no, vamos a divertirnos, es que me ha fascinado eso que has traído por arma y por lo que veo eres un loco de esos que les encanta el sadomasoquismo.
—No, no hombre que estas equivocada, juego un poquitin pero nada de sangre, de verdad, ¿qué haces? —Wil abrió una pequeña compuerta de la nave en donde diez diferentes tipos de látigos, dos cadenas con púas y tres fuetes de plástico brillaban ante los ojos de Garra—, vamos niña, déjame ir, mira que tus amigos están peligro.
Wil se acercó y destapó la espalda de Garra, mientras que bajaba lentamente sus pantalones.
—¡Ahahahahha! —gritó la jedi—, jamás había visto un culo tan peludo.
La avestruz, que había permanecido escondida entre unas cajas metálicas para ayudar a su amo, al ver lo que ocurría huyó despavorida siguiendo los pasos de Fuego y pollo asado.
Mientras recorrían los túneles de Gorrión, Ahuizotl se detuvo de golpe.
—¡Joder!
—¿Que pasa? —preguntó Muad.
—¡Mi espada! que la he dejao, me carga el payaso, apenas se me quita la cruda y creo que estamos cerca de la padawan.
Muad observa los ojos rojos del sith y niega con la cabeza, se acerca a un pequeño panel y aprieta varios botones.
Sobre la pared se abre un pequeño compartimiento y una espada láser brilla en su interior.
—Anda, tómala, no quiero arriesgarme a que nos maten si no llevas tu espada.
—¡Gracias Muad!
—He, es del piojo, así que revísala para ver si funciona.
Un grito se escuchó por detrás de ellos, era Garra que parecía estar sufriendo inmensamente.
—Persigue a la padawan —indicó Muad—, yo regresare a ver qué ocurre, espero que Wilwarin no lo torture demasiado.
Ahuizotl continuó con su camino y Muad corrió de regreso a la sala principal.
Cuando entró tuvo que cerrar sus ojos por la terrible escena, Wil permanecía inclinada de frente al culo de Garra.
—¡Por dios! ¿Qué haces? -preguntó Muad con horror en su rostro.
Una plasta delgada y espesa se sujetaba a la piel de una nalga de Garra, Wil sujetó una orilla y la levanto con fuerza, provocando un horrible grito del Jedi.
—Estaba muy peludo, juro que nunca había visto un culo tan más peludo, y aprovechando que tenemos tiempo, pues me dedico a depilarlo, mira —levantó un tarro con algún líquido hirviendo en su interior—, es cera.
Muad corrió hacia ella y la sujetó con fuerza.
—No Wil, es demasiado para Garra, si duele arrancarte los pelos de las piernas, imagínate ahí.
En ese instante, Garra aprovechó el momento y escapó de regreso al conejito rosado, no sin antes cojear por el tremendo dolor de ambos cachetes inferiores.
—¡Joder! que esta jedi esta loca, me ha dejado mis nalgas de bebe, muy suavecitas, pero a que costo.

Alcanzó a brincar haciéndose a un lado, una avestruz pasó corriendo como si hubiera sido elegida para la cena. El sith se incorporó y continuó corriendo, hasta alcanzar el cuarto de maquinas.
Cuando entró observó algo que.... penetraba....no, atrapaba las paredes metálicas del gorrión, era el miembro....no, una especie de ancla ancha y poderosa que provenía del conejo impidiendo el escape del gorrión. Colgando de la parte más alta, Fuego intentaba llegar hasta un pequeño acceso del conejo, su montura ya le esperaba con impaciencia, y la avestruz que le había alcanzado brincaba con gran agilidad hasta alcanzar a su compañera.
—¡No escaparas jedi! —gritó el sith ya recuperado de la tremenda borrachera.
Trepó con una velocidad asombrosa gracias a los extenuantes entrenamientos de su hermosa maestra Céfiro, y en pocos segundos se encontraba a un lado de la jedi.
Se sujetó de igual forma y se columpió sobre el vacío hasta alcanzarla.
—¡Alejate! no puedo pelear de esta forma, deja que llegue a la orilla y nos enfrentaremos con nuestros sables de luz. —mencionó la jedi.
El sith observó las prendas desgarradas de Fuego que permitían ver ambos hombros desnudos y sus pechos colgaban al aire.
—¡Caray! que buenota estas jedi.
—¡No te acerques que soy muy cosquilluda!
El sith se acercó cada vez más, la jedi intentaba patearlo pero estaba muy cansada, sabía que la poca energía que le quedaba era para llegar hasta el conejito.
Ahuizotl, aprovechando la situación y estando más descansado que ella, se sujetó con solo un brazo y acerco su mano a la cintura de la jedi, cuando su mano rozó uno de sus pechos, las paredes se estremecieron con violencia.
El miembro del conejo comenzó a retroceder lentamente y la voz de garra se escuchó en el intercomunicador de Fuego.
—¡Fuego! ¿Dónde estas?
La jedi intentaba contestar pero el cansancio la inmovilizó. La voz se escuchó nuevamente.
—¡Me voy Fuego! No puedo esperarte, tengo una emergencia bastante...... ¿dónde dejaste esa cremita para rozaduras? me arde el culo.
Le faltaban dos centímetros para llegar a la jedi pero sus brazos le ardían, intentó sujetarse pero le fue imposible. Se soltó, sintió el vértigo en su estomago. De pronto, una mano sujetó su brazo e impidió su caída.
—¡Joder! Soy muy malo, malo, malote, si por eso quise ser un sith, pero tanto como perder a una mujer hermosa como tu Fuego, no estoy loco. - mencionó el sith sujetándola con fuerza.
De dos brincos bajó hasta el suelo y el miembro del conejo había salido por completo del agujero del gorrión. El conejo se retiró en reversa y comenzó a avanzar lentamente hacia enfrente. Ahuizotl subió su mirada para ver el boquete en la nave de Muad y Fuego aprovechó el momento, soltó una patada a la entrepierna del sith quien cayó de bruces lleno de dolor.
Fuego se acercó y lo besó.
—Gracias por salvarme la vida, te lo debo. —y brincó hacia la nave alcanzando una de sus paredes.
Ahuizotl se sujetaba la entrepierna y unas lágrimas recorrieron sus mejillas.
—¡Mis pelotas!, tendré que usar unas mecánicas especializadas en defensa contra jedis.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Historia de Padawans II.

planetas

Después de sacarle un poco de ladilla al capitán y disfrazarse de Chewbaccas; Jimmix le comenta a Iñigo sobre la llamada.
—Capitán un tío con voz de aspiradora nos solicita para un trabajo de recoger un cargamento para el. Que nuestro contacto será una mecánica que llevara unos cortos que tienen la frase kiss me en la retaguardia. Aquí tiene los datos para contactar con el hombre y dejar claro el negocio. —le informa Jimmix a Iñigo mientras le extiende el documento con los datos. Dentro de los trajes había ventiladores que aclimataban al par de rebeldes.
En eso la androide aparece con dos tarros de cerveza como una alemana en el octoberfest, a lo que el dúo responde quitándose el casco peludo y se beben el licor de tres largos tragos.

—Foxie dame la espalda. —le ordena el joven a la robot, la cual se dobla en un ángulo de noventa grados. Le baja la falda y la agarra de las caderas para oprimir el botón que activa el modo laptop. Empezó a salir aire comprimido mientras las nalgas del androide se dividían en cuatro placas metálicas y justo en el medio apareció el extraño monitor.

—Jimmix prográmala para que guíe la nave que tenemos que discutir algo que descubrí en el holograma que intercepto la troka. —dijo Iñigo mientras se daba un manotazo en la nuca para aplacar el picor de la ladilla guerrera.
Empezó a programarla escribiendo los códigos pertinentes para dicha función y le dio a enter. Al tiempo que el programa de pilotaje subía el muchacho Jimmix se percata que su maestro esta como ternerito pegao al pecho generoso del artefacto.

—Capitán Montoya suelte a la Foxie que el sistema se pone lento con tanta información a la vez. —le dice el padawan a su maestro con una cara que dice que tío. De pronto Jimmix comienza a brincar como si bailara el jarabe tapatío.
—Ese piojo pubico guerrillero de los cojones; creo que se me ah pegao. —le comentó Jimmix a Iñigo mientras se rascaba la entrepierna como si le pasaran un mechero por la ingle.

En el planeta ONDEMEDELAGANALOSITUOYACALLAR yacía en una tumbona el sabio y gran maestro jedi Wherter, consumiendo un delicioso zumo de pepinos con ajos tiernos y raviolis.
—Esto es vida y lo demás es... joder, ya se me ha vuelto a olvidar la frase.
En ese momento un ligero zumbido que salía de un artefacto de 200 kilos made in Taiwan que llevaba en su brazo derecho le devolvió al mundo real del que normalmente intentaba huir a base de siestas.
—Jopetas! un mensaje del maestro Beidomon— Wherter encendió la pantalla y vio el careto de ese presumido e irreverante (o era irreversible) maestro Jedi— a ver, que muela te ha... otra vez, siempre me lvido del final de las frases.— Bei le puso al día de los acontecimientos acaecidos y Wherter se vistió tan rápido como pudo.
— A ver ¿Dónde habré puesto los calzoncillos del oso Yogui?, Bueno mientras me voy vistiendo llamaré a mi padawnan. Aló—cogiendo un móbil última generación, pantalla táctils, 4G y 12.0 matapixies de recámara oculta— Vaya, se ha encallao el número 7. Sí es que coger el móbil y sacarse los mocos al mismo tiempo no se puede hacer.—Wherter buscó un cepillito para intentar retirar la bolilla enganchada al botón— Carldiaz estás ahí?
—Pos claro señor maestro universal faraónico Jedi—dijo con gran afán
—T'has dejao lo de excelentísimo emperador, pero bueno por hoy tiene un pase. Preséntate aquí ahora mismo, tenemos una misión importantísima...—antes de acabar la frase Carldiaz ya había llegado al jardín donde se hallaba el gran maestro.
—Perdón maestro, se ha puesto los calzoncillos al revés—dijo Carldiaz señalando la raya vertical marrón que aparecía sobre las partes íntimas del jedi.
—A ver jovencito, los grandes maestros de la historia hemos destacao por nuestros derechos individualidades de hacer lo que realmente nos de la gana, así que si quieres ser mi padachín has de hacer lo mismo que yo.— Carldiaz enseguida se bajó el traje espacial y se colocó los calzoncillos de la misma manera que su maestro.—Bién, antes de partir debo transferirte todo mi conocimiento, por si algo me pudiera pasar. estás al caso?—Carldiaz asintió — Nunca te dejes humillar por nadie, más vale pájaro en mano que un perro con pulgas aunque madrugando no hay sombra que lo abarque...
Pasaron los segundos, los minutos... Carldiaz miraba a su maestro esperando más frases cuyo contenido poder desvelar, pero Wherter parecía orgulloso de la lección que había ofrecido a su Padawan.
—Bien hijo, ahora ya tienes la sabiduría del mundo mundial, utílizala para hacer el bién...
—Sí maestro—dijo con cara de no haber entendido nada, luego pensó "joder, tantos años esperando conocer el saber y ahora que me lo transfieren tengo la sensación de que sólo sé que no sé nada"
—Partamos pues, el universo nos necesita.

Una figura envuelta en una capucha al otro lado del bar sostenía dos tarros de cerveza, caminando con un ritmo hipnotizante que no interrumpió hasta encontrarse frente a Ahuizotl.
Al percatar su presencia, los susurros desaparecían y los ahí presentes abrían el paso a esa criatura maravillosa que algunos solo pensaban existente en sueños, con una ligera inclinación de cabeza se despojo de su capucha dejando ver el rostro de Wilwarin, esa aprendiz de padawan abandonada a su suerte y que ahora encontraba en Ahuizotl al compañero de aventuras que todos necesitamos alguna vez.
—Como siempre, llegas tarde. —soltó con una carcajada Ahuizotl.
—Solo quería verme bonita para nuestra cita —dijo Wilwarin con un guiño y una sonrisa picara y con un sonoro golpe dejó las cervezas en la barra—. Además tuve que comprarte ésto —agregó Wilwarin, dejando atrás su sonrisa, de un morralito color azul saco un rollo de papel higiénico que se veía bastante mullido y lo puso en la barra frente a Ahuizotl—, es del pachoncito, tal y como te gusta!!!!!
Ahuizotl tomó el rollo de papel y lo apretó un poco, lo lanzaba al aire como jugueteando con el.
—Servirá........ por un tiempo - murmuraba Ahuizotl para si mientras otra figura oculta por las sombras no les despegaba el ojo de encima a ellos dos.
Después de todo era muy extraño ver juntos y compartiendo cervezas a un aprendiz de Jedy y a un aprendiz de Sith.

Llevando un traje de aclimatación térmica marca "fremen" la figura se acercó hacia la barra donde dos jóvenes aprendices bebían y reían, tal vez demasiado como para darse cuenta de su presencia.
—Buenas, jóvenes!!!!! —se alcanzó a escuchar con dificultad a través de la mascara del traje.
—Buenas..... —la mirada afilada de Ahuizotl lo escudriñó de pies a cabeza
—Lindo traje señor. —sonrió Wilwarin para ocultar su sorpresa.
—He venido a pedir su ayuda —susurró, la taberna estaba a reventar y no le hubiera gustado que alguien escuchara lo que estaba apunto de compartir con los oídos de los jóvenes aprendices.
—No nos interesa. —dijo sin mas Ahuizotl y le dio la espalda.
—¿Qué tipo de ayuda? —preguntó curiosa Wilwarin, arqueando su ceja izquierda.
—Una que les dará placeres sin igual, aventuras temerarias, riquezas sin fin...
—Ya dije que NO NOS INTERESA!! —interrumpió Ahuizotl haciendo especial énfasis al termino de la frase.
—....... y todos los tacos al pastor, de tripa, el pulque y el tequila que puedan consumir mientras me ayuden en mi empresa.
—¿Dónde firmo? —se apresuró a decir Ahuizotl mientras sostenía la mano enguantada de este ser al que después se le conoció por toda la galaxia como: Muad Dib.
Muad Dib los condujo fuera de la taberna, hacia un montículo de arena desde donde se podía ver una nave muy interesante ovalada, de tono metálico, flamante, se veía pequeña, pero la distancia era grande y los aprendices no pudieron ver mas detalle en ella. El misterioso Muad Dib levantó un largo brazo y apuntó al horizonte.
—Jóvenes, les presento al amor de mi vida, la última maravilla de la galaxia y mi orgullo personal: "el gorrion sementario"
Se escuchó el eco a la distancia "GORRION SEMENTARIO.. MENTARIO....ENTARIO...TARIO...ARIO...RIO...IO..OO. ..OOO..Ooooooo"

En poco tiempo, la oscuridad del espacio interestelar los cubrió por completo, el gorrión sementario ronroneaba con suavidad y volaba a una gran velocidad.
—¡Joder Ahui! ¿Por qué estamos aquí si sabemos que el mapa se encuentra en Coruscant? —preguntó algo enfadada la hermosa Wilwarin.
Las mejillas del aprendiz de sith estaban cubiertas por un tono rojizo debido a las tres jarras de cerveza que se había empinado.
—Hic... mmmira, essstoy seguuro que alguien vendraa, a buscar .... hic, el mapa, hic.
—Estas bien borracho, si pasa una mosca en frente de tus narices ni lo notarías. — gritó enfadada la aprendiz de jedi y se removió su túnica para descansar por un breve momento.
El pequeño sith observó la hermosa silueta de la jedi, las curvas de su cuerpo llamaron su atención.
—Hic... oye, que sabrosa estas.... hic... deberiías de quitarte la túnica y ponerte algo, hic, más ligerito. —estiró su brazo y le dio una palmada en sus pompas.
—¡Oye baboso! para eso son pero se piden, por lo menos invítame un café.
En eso, un zumbido grave y ronco estremeció los metales de la nave, Wilwarin tocó una de las paredes metálicas.
—¿Quién esta enfermo del estomago? y ¿qué intestino que hasta las paredes se estremecen?.
Se acercó a una de las ventanas de la nave y un gigantesco conejo rosita, con fuego saliéndole por el culo volaba a toda velocidad, impulsado por el sonido de un poderosísimo pedo.
—El único que puede subirse a una nave así —mencionó la jedi con sus ojos entrecerrados—, es el cagón de Garra y su mojigata aprendiz.
—Hic... ¿son de a verdad o te las creciste? -preguntó el sith observando directamente los pechos de la jedi sin notar la presencia del conejito rosita.
El sith apretó una de sus pompas y con un golpe jedi karate lo mandó a volar hasta el fondo de la nave.
—¡Sígalos piloto y no los pierda de vista! —gritó y observó con entrecejo los pasillos de la nave— ¿dónde carajos esta Muad?
—Vooooooy. —se escuchó una voz lejana proveniente del baño.
—Joder —negó con su cabeza la jedi—, estoy rodeada de puro cagón, si así como zurraran pelearan, ja, conquistaríamos la galaxia.

Garrabutártulo estaba acariciándose la barba con aire pensativo cuando se fijó en la indumentaria de su escudera.
—Eh, un momento, ¿por qué no llevas nuestro blasón? —le dijo frunciendo el ceño.
—Lo siento, maestro, de verdad, es que tenía la túnica en la lavandería y hasta mañana no me la devolvían y entonces…
—¡Tenemos que llevar el blasón en todo momento para que nos reconozcan, para que nuestros enemigos tiemblen al ver el porte gallardo del zagloso con la barra de pan! Menos mal que siempre tengo algo por ahí guardado, anda pruébate esto. —le dijo mientras sacaba una túnica de su petate.
—Es un poco pequeña, creo que es de las que encogen al lavar, ¿ves? Lo pone en la etiqueta, lavar en seco. No me va a valer —apuntó Fuego mientras le enseñaba la etiqueta a su maestro—, pero bueno, voy a probar.
Fuego se quitó la camisa ante la atónita mirada de su maestro y luego se puso la túnica que, efectivamente, le venía algo estrecha y marcaba todas las curvas y relieves de su cuerpo.
—Me viene un poco justa. —dijo mientras se alisaba una arruga del hombro.
—No no, que va, así está bien, en serio. Te queda muy bien. —dijo Garra secándose con la manga la baba que ya le empapaba la barba.
La voz del piloto los puso en alerta y Garra volvió al mundo real, en el que él tenía una novia en la Tierra y una misión en el espacio.
—Eh, hay una nave siguiéndonos. Si no me equivoco es… ¡el legendario Gorrión Sementario de Muad Dib! —exclamó el piloto desde la cabina.
—Seguro que quieren adelantársenos en la búsqueda del tesoro. Bien, ¡enseñémosles lo que es bueno! —dijo Garra.
Fuego lo miraba con admiración.
—Siempre tan valiente y decidido, maestro.
—Prepara tus armas, vamos a pelear —Garra se volvió hacia la cabina—. ¿Hay alguna forma de que podamos entrar en su pájaro?
—Claro, esto tiene sistema de abordaje, no se preocupe. —Garra asintió sin entender muy bien qué era eso de “sistema de abordaje”.
Fuego comprobó las flechas de su carcaj, y la cuerda de su arco, les puso las riendas a los avestruces y fue junto a su maestro que estaba comprobando sus armas.
—Los pasillos de los pájaros de hierro son demasiado estrechos para mi lanza, creo que debo usar el arma que compré a aquel mercader, ese extraño artefacto con el poder del mismísimo trueno que paraliza a los enemigos. —decía Garra pensativo mientras rebuscaba en su petate y sacaba un cilindro negro de cuarenta centímetros de largo y lo abría.
—¿El arma al que él llamaba “porra eléctrica”?
—La misma, Fuego, la misma.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Ahuízotl.

HAC CAPITULO II PARTE II

JARRA DE LAS HUERTAS

A un extremo de la enorme mansión, tres casas pequeñas daban cobijo a los trabajadores de la hacienda. Ahuízotl dormía en un pequeño colchón creado con paja y hierba seca. Ayudaba en la cocina cargando los costales de papa y guisantes, mantenía el suelo libre de basura y al final recibía una comida abundante; al ver su paga ayudaba con entusiasmo a María.

Eduardo, el encargado de la seguridad y de la atención de los patrones era de carácter amargo y duro, al principio estuvo en desacuerdo con la adición de este niño en la servidumbre pero observó el trabajo del niño en la cocina y terminó por quedarse callado.

Una semana después de su llegada, poco antes de que el sol se ocultara, salió al jardín trasero para contemplarlo con calma; de laguna extraña forma él percibía la esencia de su madre en ese pequeño y hermoso jardín. Lo tomó por sorpresa el no encontrarse solo en ese lugar, una niña de su edad contemplaba con alegría las flores rojas y al verlo, mostró una hermosa sonrisa.

—¡Hola! —dijo la niña con su dulce voz.

El niño permaneció en silencio, temeroso de que esa niña fuera un fantasma.

—Me llamó Catalina ¿Quién eres?

—Yo soy Ahuízotl, soy mozo de esta hacienda y trabajo en la cocina. —contestó sin moverse.

—Mi mama me platicó de la muerte de tu madre, lo siento Ahui, ¿puedo llamarte Ahui?

El niño asintió pero continuaba sin moverse. La belleza de la niña resaltaba entre las flores, era una musa en un mundo fantástico. Sus cabellos rubios reflejaban los tonos naranjas y rojizos del atardecer, sus ojos azules brillaban como la luna y sus líneas delicadas mostraban la hermosura de su rostro.

—¿Tienes papá?

—Sí, es soldado.

—Entonces pronto vendrá por ti, no te preocupes Ahui.

Pensó en su padre y eso lo relajó, caminó hacia la niña y conversaron un par de horas.

Cada día, desde ese encuentro se reunían a la misma hora para intercambiar palabras y jugar al escondite, su relación pronto se estrechó.

Ese día la cocina tenía bastante actividad, muy fuera de lo normal; varías muchachas ayudaban a María en hervir agua, pelar tres pavos, partir la carne de dos cerdos y dos de ellas trabajaron desde antes de que el sol brillara a lado del fuego, preparando cientos de tortillas.

—¿Qué ocurre María? —preguntó el niño al percibir que por más que limpiaba el suelo, se volvía a ensuciar con una facilidad sorprendente.

—Tenemos visitas, señores de haciendas cercanas vienen a ver a Don Ignacio, nuestro patrón.

—No lo conozco, ¿es agradable como su esposa Doña Martha?

María se limpió sus manos en su delantal y se acercó al pequeño.

—Procura mantenerte alejado de él, no quiero decir que sea malo pero no le gusta el ruido ni que alguien ande por ahí jugueteando ¿entendido?

El niño asintió y observó la locura que le rodeaba en la cocina. Eduardo se aproximó y observó al niño que se mantenía sentado.

—¡Ahuízotl! Ven conmigo, tengo algo en lo que puedes ayudar.

Salieron de la cocina y rodearon la casa hasta detenerse en la entrada principal de la casa.

—No hables, no mires a los ojos de los invitados, mantén tu cabeza agachada y todo estará bien.

Así lo hizo, escuchó las pisadas de varios caballos que se aproximaron y se detuvieron frente a él, Eduardo saludaba con mucha amabilidad sin recibir ninguna respuesta. Cuando los invitados entraban en la casa, Eduardo le entregaba a Ahuízotl las tiras de los caballos para que los sostuviera en lo que otros mozos de mayor edad, venían y los tomaban para que descansaran y se refrescaran en las diferentes caballerizas.

Eran bastantes las personas que llegaban, sus piernas le comenzaron a doler. Eduardo se inclinó un poco al escuchar las pisadas de tres caballos.

—Estos son los últimos, un momento más y podrás retirarte.

Los caballos se detuvieron y Ahuízotl distinguió a un hombre y una mujer que entraron en la casa, un niño de su edad, de cabello dorado y ojos azules caminó siguiendo de cerca de sus padres. Ahuízotl pensó que era muy parecido a su amiga Catalina.

El niño notó la mirada de Ahuízotl y se detuvo de golpe, dio media vuelta y regresó. Ahuízotl sonrió pensando en que tendría un nuevo amigo.

El niño, de complexión delgada, tanto, que sus ojos se hundían levemente en sus cuencas dándole un aspecto enfermizo caminó hacia él; vestía un traje elegante y un saco de piel café claro lo cubría del frío, usaba guantes del mismo tono y portaba un fuete para azuzar a su caballo.

—¿Qué miras indio? —gritó el niño con voz petulante y fría.

Ahuízotl se mantuvo en silencio, continuaba observándolo pero extrañado ante la molestia del niño.

—He dicho ¿qué miras?

Al no recibir respuesta levantó el fuete y golpeó la cara de Ahuízotl con un rápido movimiento, cayó de sentón sobre el suelo y unas lágrimas recorrieron sus mejillas.

—Eduardo, deberías enseñarle a tus indios que no somos iguales, nos ofenden con sus asquerosos ojos. —mencionó el niño rubio mientras se alejaba a la entrada de la casa.

—Sí señor, discúlpeme. —contestó Eduardo al levantar al pobre niño que mostraba una mejilla marcada por el golpe.

Lo llevó hasta las caballerizas y otros mozos, al ver lo colorado del rostro del menor, adivinaron lo que había sucedido.

—Vamos que esto no es un espectáculo, necesito algo para calmar el dolor. —indicó Eduardo al sentarlo sobre un bulto de paja.

—Te he dicho que no miraras a los invitados, si me hubieras escuchado te ahorrarías ese porrazo que ha marcado tu cara.

—¿Qué es indio? —preguntó Ahuízotl conteniendo el llanto.

Dos mozos se acercaron con un ungüento y Eduardo lo embarró en la mejilla hinchada.

—Así nos llaman, es una forma de identificarnos.

—Pero nosotros no somos indios, somos mexicanos.

—Lo sé Ahui, lo sé.

Permanecieron en la caballeriza hasta que la hinchazón bajo con lentitud, cuando el muchacho se sintió mejor, regresaron a la cocina con María.

—¿Qué te ha sucedido? —gritó María y antes de que el niño pudiera explicarle Eduardo le relató el incidente. María permaneció en silencio y se acercó al niño.

—Necesito que hagas otra cosa por mí, ¿sabes cómo se llenan los vasos con agua? Yo misma te he enseñado —el niño asintió—. Necesito que te mantengas de pie a lado de la puerta del despacho de Don Ignacio, los adultos hablan de cosas importantes y no les gusta que nadie este presente, a excepción de un mozo pequeño en edad.

—¿Qué haré María?

—Servirás las copas de los hombres y de Don Ignacio, estarás al pendiente cuando ellos te lo pidan ¿entendido? De todos modos Eduardo te llevará hasta el despacho y te mostrará las botellas de vino.

Entraron a la casa, algo que jamás Ahuízotl había hecho. Estaba sorprendido, si por fuera era enorme, por dentro superaba el tamaño que él creía que tenía. Un salón enorme mostraba una chimenea encendida de igual tamaño, una alfombra verde gruesa y acolchada cubría todo el suelo, cortinas de color vino colgaban de gran altura y una serie de objetos permanecían inmóviles sobre diferentes divisiones de la pared.

Eduardo tuvo que jalarlo para continuar avanzando; mujeres elegantes conversaban mientras tomaban café y te, grupos de niños vestidos de una forma diferente corrían en los anchos pasillos.

Se detuvieron frente a un par de puertas de gruesa madera y en el interior, sentados en unos sillones negros, veinte hombres charlaban animadamente. Eduardo señaló a un lado del despacho.

—Sobre esa mesa están las botellas de vino, debes permanecer en silencio y sin moverte a un lado; en cuanto uno de esos señores estire su brazo con su copa vacía, deberás caminar hacia él y llenarla, no derrames el contenido o te ira peor que hace un momento.

Un escalofrío recorrió su mejilla, recordó el dolor punzante y no permitiría que le sucediera una vez más.

Historias de Padawans.

planetas Les quiero dar una probada de lo que el ingenio, la creatividad, la imaginación y el humor puede crear al ser vertidos en el interior de una olla, el resultado es…., bueno, ustedes opinaran.

Son diferentes foreros que agregan su propio relato en una sola historia (cada relato por forero esta marcado en gris claro u oscuro, según sea el caso), y comienza de esta forma:

En una galaxia muy, muy lejana.

No fue en un tugurio de Most Esley, ni en las verdes lunas de Endor, ni siquiera en las praderas de Yavin; fue en pleno corazón de Coruscant donde el Maestro Beidomon encontró aquel mapa tan extraño. Colgaba de la mano muerta de un cazarrecompensas de la más baja estofa, asesinado delante mismo de los morros del jedi. Su asesino, un androide programado para tal fechoría, se había autodestruido tras cumplir su cometido para evitar y complicar la tarea de investigación de los jedis.
El Consejo Jedi, reunido a su alrededor en la sala circular, escuchó su informe y llegó a la conclusión de que aquello debía investigarse.
—Además de tu padawan, escogerás seis jedis más para que te ayuden en la investigación. Si en un momento dado necesitas refuerzos, pídelos y te serán enviados. —dijo Yoda.

Cuando el miniespia portátil última generación marca Acme captó la conversación de los jedis, no lo dudo e instantáneamente conectó con su joven escudera.
—¿Fuego estas ahí?
—Presente —le llegó la voz entrecortada desde algún lugar de la base de los cazarrecompensas—, dime maestro.
—Coge tus armas, los jedis tienen un tesoro que buscar y vamos a llegar antes que ellos. Enviare el gran pájaro de hierro a buscarte.
—El pájaro no...
—No protestes es nuestra única oportunidad de llegar.
-Vaaaaale pero tú metes las monturas dentro.
—Esta bien... —accedió con un suspiro, ya se veía lleno de picotazos— ¿Qué haces que no te estas preparando?
—Voy voy.
La transmisión se cortó, Garrabutártulo volvió a suspirar, tiró de la cadena y abandonó su cuartel general en busca de las monturas.

En el interior de una nave del comercio, un padawan de Sith, cubierto por completo por su capa negra tomó un intercomunicador y marcó una conexión más allá de la orbita de asteroides Nixed 5, directamente en la luna Galeón.
—Wilwarin, no puedo contactar a mi maestra, Sith Cef; es importante que nos reunamos lo más pronto posible, un cazarrecompenzas, Boba-Duri me ha informado que los jedis están buscando un tesoro, algo que si cae en nuestras manos, aniquilaríamos por completo a nuestros más temidos enemigos.
Hizo una pausa y verificó el holograma, viéndose así mismo hablando con el aire, oprimió otro botón.
-Te espero en Coruscant y por favor, esta vez no olvides papel higiénico por que parezco mandril de las lunas de Endor, bastante coloradon del aquellin.

La Troka sobrevolaba la cadena de asteroides del área cinco del sistema solar. Solo el Capitán sabía donde coño estaba dando vueltas el anticuado trasto medio oxidado. Cuando una llamada fue interceptada por la nave…

—WIU!!!, WIU!!!, WIU!!! IÑIGO CABRONCETE SUELTA LA ANDROIDE EH INTERCEPTADO UNA SEÑAL HOLOGRAFICA EN EL PLANETA MAS CERCANO.
—Gritaba la troka desde la sala de comandos con una voz de mujer muy familiar para el capitán. Justo en el medio de dicha sala estaba sentado el maestro del mal vivir y gran sabio de la montaña, el Capitán Montoya dándole una nalgada a la robot mucama que llevaba un festival de chispas intenso entre sus metálicas piernas.
—Puedes marcharte Foxie Bunny. Pero antes trae una birra bien fría.
Ordenó Iñigo mientras subía la cremallera a sus pantalones. La pobre androide parecía una olla a presión temblando cuando cruzó la compuerta a la siguiente sala.
—HOSTIA!!! QUE ME LA EH PINCHAO!!!
Vociferó de dolor Montoya antes de que la compuerta cerrara detrás de su particular robot. La androide fue a la cocina a preparar la cerveza para el capitán y allí se encontraba el joven aprendiz.
—Joder con el maestro, se queja de que se la pincho. Ya debería estar acostumbrado. Que la Foxie ya esta tan jodia que da cantazos eléctricos de tanto darle. —pensaba Jimmix mientras se sobaba el paquete de recordarlo.
—RING!!!, RING!!! Buenas aquí, los Montoya hacemos el trabajo aunque estemos mal de la olla.—respondió automáticamente al teléfono el muchacho. Mientras al otro lado de la línea una voz asmática le informa su próxima misión…

Cuando abrió la puerta, después de casi dos minutos, el maestro Beidomon casi dio un paso atrás; el aspecto de la maestra jedi Sashka, de natural esmerado, parecía el de una tigresa salvaje: su rubia melena alborotada, su cuerpo desnudo plixelado pudorosamente allí donde el decoro lo sugería, gracias a su dominio de la fuerza, y una expresión de "al ataqueeeeeeeeeeeeeer" que tiraba patrás.
—¿Qué coño quieres? —le espetó con malas pulgas.
—Mejor vuelvo luego, que te pillo en mal momento... —dijo Bei.
—Mi padawan y yo estábamos meditando —Sashka miró la desnudez de su padawan, oculto al maestro Bei, y suspiró resignada—. Ya da igual, te has cargado la concentración, joder!!!! Pasa, pasa. TOTOCP, vístete o pixela tus magníficas vergüenzas, un poco de respeto al maestro Bei, que le vas a acomplejar.
El maestro Bei entró rojo de vergüenza, pero le consoló ver que el pobrecito padawan estaba tan cortado como él.
—Bueno, ¿qué quieres de mi? Además de mi cuerpo, digo.
Sashka poseía el cuerpo más deseado de la galaxia, y la muy zorra lo sabía. Su extraño carácter parecía más propio de un lord Sith y sus modos más propios de una pirata al servicio de Habba the Hutt que un educado y refinado jedi. Pero su compromiso con el lado luminoso de la fuerza era total, y pronto se acostumbraron y aceptaron su forma de ser.
El maestro Bei le explicó el motivo de su visita.
—Vale, cuenta con nosotros, ¿eh que si, TOTOCP? Ya era hora un poco de acción! — dijo, tocándole el culo al muchacho.
Bei salió de allí completamente escandalizado... y un poco caliente
.

Llegando al planeta Coruscant, el sith aprendiz Ahuizotl se detuvo en un pequeño puesto de alimentos esperando encontrarse con la sith Wilwarin, pero al no verla cerca de ese lugar, se dispuso a comer diez tacos de tripa, dos de ojo, una sopa de medula y remató con un plato de guisantes muy picosos. Al terminar, se dirigió a un pequeño bar para bajarse el alimento con una jarra de cerveza de Trendor, famosa por su sabor amargo, a pesar de ser orina de Buey Galáctico.
Pero no pudo acercarse a la barra, un dolor cruzado le pinchó en el culo subiéndole hasta el estomago, corrió con todas sus fuerzas hasta el baño y descargó el contenido sin miramientos.
Salió y se sentó sobre la barra, antes de empinarse su primer vaso, un grupo de soldados imperiales salieron del baño con ojos de locura y apuntaban con sus armas láser en todas direcciones.
—Pasen lista de todos nosotros, parece ser que han matado a uno de nuestro comando. —mencionó uno de ellos con voz nerviosa.
—¡Joder! —corrió el cantinero al baño y salió con su rostro lleno de miedo—, madre mía, le ha faltado poco para que lo desintegraran por completo, creo que todavía sigue con vida.
Ahuizotl pensó en que él jamás había escuchado ningún grito en el interior del baño, se extrañó.
—Lo más raro —continuó el cantinero—, no puedo imaginar cómo le han hecho para meterlo al interior de la taza.
—¡Joder! —pensó Ahuizotl—, no le jalé a la cadena.

Mientras tanto en un oscuro rincón de la nave espacial...........
-RASKAME ER lobulillo de la oreja .....decía er GRAN MAESTRO IÑI a su discípulo Jimiixx con gran delicadeza y eficacia le aliviviava del pikor de oreja....
-MAESTRO me párese que eso de detrás de sus orejas tienen patillas ..pues una a salio corriendooo ... fue entonces cuando el curioso bichejo paso por delante de un analizador ultraatomicodesfribiladorderayosX .
...entonces sono por megafonia ......LADILLAS GUERRERAS PROVENIENTES DEL PLANETA CORUSCANT ......
iñi y jimixx se miraron fijamente y poco a poco desviaron sus miradas hacia una ventanilla que daba al exterior de la nave ....
el planeta parecía acogedor , incluso se podía leer un cartel en idioma extraterrestre que decía WELKOME A MUA PLANET . iñi no se fiaba de nada pues estaba mu escaldao de to , y se dirigió hacia una especie de vestuario donde habían unas grandes takillas y sacó dos bolsas .....
—TOMA JIMIS PONTE ESTO ¡¡¡¡
—TA BIEN MAESTRO . —contestó er jimis
En cinco minutos aparecieron los dos vestidos de CHIWAKAS con la espada lumínica en sus manos , y gritándose el uno al otro ..QUE LA FUERSA NUS ACOMPAÑE ¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Garrabutártulo corrió a lo largo del pasillo con un trozo de papel higiénico aún pegado a la suela de su zapato y el extraño artefacto mágico de comunicación a distancia marca Nokia pegado a la oreja. Una voz femenina respondió a la llamada.
-Buenas, Aeroalquileres S.A., dígame qué desea.
-Buenos días, señora, querría que enviasen un pájaro de hierro a recoger a mi escudera y que luego pasase a recogerme a mí. Ella espera en la playa de Meira, y yo esperaré en Córdoba, junto al Merkamueble.
-¿Por pájaro de hierro se refiere a nave?
-Esos grandes artefactos de duro metal con alas que rugen por el cielo.
-Lo dicho, una nave. ¿Qué tipo de aeronave quiere?
-Eh... ¿Qué tipos hay?
-Mire, voy a enviarle la que me de la gana, usted ya se las arregla con el piloto para pagar.
Un "tut tut tut" monótono le confirmó a garra sus sospechas: la mujer había colgado.
¡Encima tenía que pagar él! Su escudera se estaba pasando.
Fuego Helado aguardaba en la playa la llegada del pájaro de hierro. Vestía unas calzas, una cota de malla y llevaba una daga colgada al cinto. Llevaba en su mano su lanzador de proyectiles de última generación, que se parecía sospechosamente a un arco. A la espalda llevaba un carcaj lleno de proyectiles sólidos perforantes con plumas en la parte de atrás.
Un ruido infernal la hizo mirar al cielo. No podía ser más que el pájaro de hierro que había encargado su maestro.
El pájaro de hierro estaba completamente pintado de rosa, y con el fuselaje pulido y brillante. El cuerpo principal del pájaro de hierro era voluminoso y con la forma de una esfera algo alargada. En la parte trasera, había un propulsor que quedaba oculto en una especie de semiesfera que se abría a la hora de ponerse en marcha. El tren de aterrizaje consistía en cuatro patas articuladas con un revestimiento liso para tapar los mecanismos. En el extremo delantero estaba la cabina: una esfera con dos ventanas redondas con cristales tintados, un faro triangular de luz roja en el centro y dos compuertas justo debajo que parecían unos prominentes incisivos. Encima de la cabina había dos placas alargadas y terminadas en punta de dudosa utilidad.
Realmente, la nave parecía un gigantesco conejo rosa.
Garra se cruzó con su compañero de piso que le avisó de que aún llevaba el papel higiénico pegado al zapato, pero no lo oyó. Entró por la segunda puerta a su izquierda y allí se pertrechó. Se vistió con unas mallas, un jubón negro con su blasón estampado en el pecho (un Zagloso marrón agarrando una barra de pan sobre fondo dorado) y una capa negra. Por último, tomó su sombrero de paja y cogió su petate con todo lo necesario para los largos viajes.
Se dirigió al balcón para coger las monturas. Respiró un par de veces, y entró en él.
Al instante una cabeza terminada en un duro pico salió disparada hacia él. Una segunda no tardó en llegar. Garra recibió doce picotazos y había perdido su sombrero cuando consiguió calmar a las monturas. Ya estaba acostumbrado, Arguruzku y Pollo Asado siempre habían sido dos avestruces con muy mal genio.
-Esto es trabajo de mi escudera, ¿por qué tengo que ir a por las monturas yo? - Pensó Garra algo enfadado- La próxima vez lo hará ella. Y también pagará ella el alquiler del pájaro de hierro, por Korgoth de Barbaria.
En ese instante escuchó un gran estruendo. El gran pájaro de hierro se oía por encima de los edificios. Debía darse prisa.
Agarró a los avestruces por el cuello y corrió hacia la puerta, y luego escaleras abajo hasta llegar a la calle. Al llegar abajo, Garra sonrió orgulloso. Sólo se había caído una vez por las escaleras, estaba mejorando.

Continuara…..

Tomado de: http://www.fantasiaepica.com/una-historia-padawanera-t5165p6.html

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ahuízotl.

hacienda CAPITULO II PARTE I

JARRA DE LAS HUERTAS

El humo espeso brotaba del interior de una pequeña y humilde casa, construida con paredes de adobe y techo de paja, el olor a hierba buena y especias impregnaba los alrededores. Un niño de ocho años de edad permanecía sentado sobre una piedra que brotaba a la orilla de un camino angosto, observaba con sus ojillos curiosos a las personas que entraban y salían de su casa.

Un hombre sucio y de aspecto poco confiable se detuvo afuera de la destartalada puerta de madera y al verlo, una mujer regordeta con dos largas trenzas que caían sobre la mitad de su espalda se acercó con lágrimas en sus ojos.

—¿Qué ocurrió? —preguntó.

El hombre limpió sus brazos con un aceite espeso y de olor penetrante, entre vinagre y aguamiel.

—Intenté salvarla pero la maldición la consumió, las hierbas que utilicé para limpiarla son las más poderosas, pero fue inútil, su destino ya estaba marcada; te aseguro que pude ver a la catrina a su lado, esperándola para llevarla con ella.

La mujer se persignó al escuchar esa palabra y luego besó una pequeña cruz dorada. El hombre se alejó de la casa y la mujer habló con otras tres acerca del humilde sepultura que organizarían entre ellas para que el alma de su querida amiga descansara en paz. AL terminar, tomó al niño y caminaron alejándose de ese lugar.

—¿No tienes nada de valor en tu casa? —preguntó la mujer.

—¿Valor? ¿Qué es la catrina María? —el niño no comprendía la palabra valor, pero estaba intrigado al ver la reacción de María al escuchar la segunda palabra.

—Es un cuento hijo, para asustar a los niños pequeños como tu, no hagas caso.

—Vino por ella ¿verdad? Vino por mi mama.

La mujer se detuvo y se arrodilló para observar los ojos del menor.

—Tu madre estaba muy enferma, el curandero del pueblo no pudo salvarla, y ellos creen en esas cosas, como la catrina —volvió a persignarse—. Dicen que es la muerte vestida de mujer, ella se acerca a los moribundos cuando es la hora de dejar este mundo y los guían en el mundo espiritual.

—Entonces se la ha llevado, ¿vendrá pronto mi padre? —preguntó el niño mientras unos pucheros se dibujaron en su rostro.

—No lo sé hijo, pero no estas solo, te llevaré a la hacienda de Santa Martha, donde yo trabajo; espero que la doña te de un lugar para dormir y comida, no estarás desamparado.

Continuaron caminando y el niño giró su cabeza para observar por última vez su amado hogar, la mujer apretó el paso y en poco tiempo salieron del pequeño poblado, en donde una modesta iglesia con una torre que terminaba en punta y servía de campanario, sobresalía del resto de casas.

Caminaron por una hora más y el paisaje cambió a los ojos del pequeño niño, la pradera cubierta en lugares escogidos al azar por flores lilas, rojas y amarillas terminaban en una línea marcada por una cerca de madera, y un camino de piedras planas y lisas de tonalidades grises, entraba a través de enormes sauces que agitaban sus ramas con delicadeza, tapizando el camino con sus delgadas hojas.

El sonido de las ramas provocó cierto temor en el menor, pero María lo tranquilizo.

Después de varios minutos, una hermosa casa surgió entre los sauces, era tan grande, que el niño creyó que se trataba de un castillo habitado por cientos de gigantes, tal y como su padre le relataba antes de dormir. Las ventanas eran enormes, claro, ha proporción de sus habitantes, pensaba el niño.

María rodeó por un lado y caminaron hasta el fondo, que para él parecía muy lejano, dieron otra vuelta y a un lado de la pared de la casa, varios arbustos y flores de diferentes colores crecían casi devorando por completo el angosto camino de la parte trasera. Entraron por una puerta de madera y una mujer anciana, de tez morena como la de María, observó con ojos de susto al menor.

—¿Qué haces? Si lo ve Eduardo te pedirá que lo saques y tú con él.

—No te preocupes Candelaria, ¿dónde esta la doña?

Candelaria señaló por detrás de ella, hacia una pared de adobe que se levantaba del otro lado del camino, cubierta por completo de una hermosa enredadera que arrojaba cientos de pequeñas flores blancas, un pequeño arco se abría por la mitad y entraron en él.

Una señora con un vestido amplio de color verde y un sombrero tan ancho que parecía que en cualquier momento podría caérsele, se inclinaba con delicadeza a cortar una flor del jardín que le rodeaba.

María soltó al niño y avanzó hacia la mujer, él permaneció con la boca abierta al ver el esplendido jardín, flores rosas, rojas, blancas, amarillas y azules contrastaban con lo verde de sus tallos, enredaderas de hojas pequeñas con flores grandes trepaban por cada rincón, y otras de hojas anchas y flores pequeñas se arrastraban sobre el suelo, pero todo tenía un orden, las flores rojas se agrupaban entre ellas pintando de un solo color cierto espacio del jardín, así como las blancas, las rosas y las amarillas.

La mujer caminó con cuidado entre las flores y escuchó con atención a María, observó al pequeño niño y mostró una bella sonrisa, si piel era tan blanca que podría el sol quemarla en un instante, pensaba el menor.

—Siento lo de tu mama pequeño —escuchó una voz tan dulce que un nudo en su garganta apareció al instante—, pero no te preocupes, aquí podrás quedarte y me encargare de que seas un buen niño.

—Gracias doña Martha, me ayudara en los quehaceres de la cocina.

—Deja que te ayude para que olvide su tragedia, pero no le exijas demasiado, dale el tiempo suficiente para que juegue y aprenda.

Al ver que el niño permanecía observando al bello jardín, doña Martha sonrió y señaló el jardín.

—Tu madre fue la que lo creó Ahuízotl, ella creó este hermoso jardín.

El niño rompió en llanto y María lo abrazó mientras doña Martha le explicaba que ella se encargaría de todos los gastos para un correcto funeral, y le pagaría al sacerdote del pueblo para que celebrara una misa en su honor.

11 de Septiembre.

torres

Hace ocho años ocurrió una gran tragedia que sacudió al mundo entero, el ataque a las torres gemelas de Nueva York.

Una muestra más de la capacidad humana para la destrucción, sin importar la vida de inocentes; una muestra más de la barbarie aún en tiempos modernos, en donde nos jactamos del avance tecnológico, científico y cultural.

Fanáticos religiosos, psicópatas, reyes o gobernantes, nadie, nadie tiene el derecho a decidir quién vive y quién muere. No importa el conjunto de razones que justificó sus acciones, es imperdonable.

Recuerdo lo que Hitler le mencionaba a sus generales “Nosotros somos barbaros, porque la barbarie es necesaria, inspira miedo y somete a cualquiera”, cuando enviaba miles de judíos inocentes en los trenes de la muerte para ser asesinados en las cámaras de gases.

Se supone que la historia nos enseña a aprender de nuestros errores para no volver a cometerlos, ¿cómo es posible con la información globalizada, y sin importar el país en el que se vive, que no podamos aprender de lo que asesinos y locos le han acarreado a la humanidad?

Un minuto de silencio para aquellos que sin deberla ni temerla, perdieron sus vidas en el ataque a las torres gemelas.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Cómo abrazar a un bebe.

Para aquellos papas primerizos, he encontrado unas imágenes que les ayudaran a la cuestión del apapacho a los bebes.

Punto uno.- Seleccionar al bebe:

1

Punto dos.-Asegúrate que realmente sea un bebe utilizando tu olfato:

2 

Punto tres.- Necesitas acomodar al bebe antes de abrazarlo:

3Punto cuatro.- Acomoda tus patas alrededor del bebe:

4Punto cinco.- Abraza con mucho cariño:

5  

Salud para todos.

La temporada 2009 arranca.

nfl_logo

 

Por fin, después de tanto esperar inicia la temporada 2009 el día de hoy con el partido de los Titanes de Tenesse contra los acereros de Pittsburgh, a las 20:30 horas. Lo siento pero soy una fan del americano.

Y para refrescar nuestra memoria y prepararnos para ver qué es lo que nos espera esta temporada, les muestro a los tres principales héroes de la ofensiva:

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Peyton Manning de los Potros de Indianapolis.

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Philip Rivers de los Cargadores de San Diego.

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Jason Witten de los Vaqueros de Dallas.

Y para la aplastante defensiva:

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Brian Urlacher de los Osos de Chicago.

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Troy Polamalu de los Acereros de Pittsburgh.

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Demarcus Ware de los Vaqueros de Dallas.

Les recomiendo el Monday Night Football en los cinemas de su localidad.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Impuestos

camara_de_diputados Me es imperativo hacer una pausa en mis escritos para mostrarles lo que publicó Denise Maerker referente a “las sabias soluciones” del gobierno para salir adelante en esta crisis. Lo siento, de verdad, me había prometido a mi mismo no publicar ni mencionar nada de política en este blog, pero esto es tan humillante que no puedo dejar de hacerlo, ¿que creen? ¿que todavía somos esos indios que se sientan en las banquetas con un enorme sombrero y permanecemos todo el día dormidos recuperándonos de la borrachera por el pulque? No señores, esos tiempos se acabaron, habemos muchos que somos pensantes y desde hace tiempo no somos borregos.

Después de descoserme un poquitín (hacía falta) les presento lo que Denise mencionó y es importante que lo divulguen con sus conocidos, para evitar pagar más impuestos:

“Ni un peso más en impuestos si no se pone un alto al despilfarro y al abuso del dinero público del que somos testigos impotentes día con día.
    Pagar impuestos es una obligación irrenunciable, de acuerdo; dicho esto, no estoy dispuesto a pagar ni un peso más de impuestos si antes no se pone un límite a la cultura del dispendio que priva entre nuestros gobernantes y funcionarios. Las finanzas del Estado están en serias dificultades: menos producción de petróleo, precio más bajo del barril, menos turismo, menor actividad económica, menor recaudación. Falta dinero y de algún lugar lo van a tener que sacar. Las opciones no son muchas: o se endeudan, o cobran más impuestos o gastan menos.
  Pero, ¿nos pueden pedir legítimamente más dinero sin un programa draconiano de austeridad? Yo creo que no. Por eso y antes de que nos anuncien de a cómo es el golpe, habría que enviarles un mensaje claro y contundente.
      Ni un peso más..... si no se le pone fin a la opacidad con que los gobernadores manejan el dinero público. No puede el gobernador de Guanajuato comprar mil hectáreas a billetazo limpio sin decirnos de que partida lo sacó y reservarse la información durante 5 años.
     Ni un peso más si antes no transparentan y controlan la forma en que los diputados se  gastan y se reparten el dinero. Basta de acuerdos de la junta de coordinación política en la que se asignan millones a las bancadas. No más turismo legislativo.
    Basta de privilegios: que todos los funcionarios y legisladores sean derechohabientes del ISSSTE y si quieren otros seguros médicos que se los paguen con su dinero.
    Basta de la complicidad entre políticos que los lleva a llamar traidor al que se comporta con honestidad.
    Ni un peso más si la Presidencia y el Ejecutivo si no reducen su gasto corriente. No se puede pedir más cuando en Los Pinos se sobregiran año con año respecto a lo presupuestado. Ni un peso más.... si no desaparecen las secretarías inútiles.

Basta de sus almuerzos en plena reunión atendidos por meseros y devorando alimentos que para los que pagamos impuestos, nos resultan excesivamente caros.
    Y que se transparenten las millonarias partidas previstas para el festejo del bicentenario.
      Estamos en una severa crisis económica, millones de mexicanos angustiosamente buscan la manera de mantener su nivel de vida. Cobrar más impuestos ahora es como hacerlo en tiempos de guerra, la justificación y el discurso tienen que ser inapelables. Y para eso hoy se necesita no un compromiso, sino una demostración de austeridad sin precedentes, un auténtico cambio en la cultura de las élites gobernantes respecto del dinero público, de lo contrario, la evasión y el no pago, quedaran plenamente validados y justificados”

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ahuízotl.

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Capitulo I Parte III

EL RECUERDO DE UN SOLDADO

 

Al subir por una colina, divisó a los cuatrocientos soldados que corrían en dirección de una arbolada abundante, cincuenta de ellos arrastraban con dificultad los nueve cañones y en cuento los divisaron, comenzaron a gritar alertando su presencia.

—¡Ya nos vieron! Si atacamos de frente nos harán papilla con sus cañones. —dijo y Hugo señaló el lado derecho mientras se dirigía a Pedro.

—Toma cuarenta jinetes y carga por el flanco derecho, necesito que detengas el avance a la arbolada; yo me encargo de los cañones.

Pedro asintió y cabalgó flanqueando el lado derecho de los yanquis, quienes al verlos dispararon para evitar que llegaran a su protección. Dos, cuatro, diez jinetes cayeron muertos por las ráfagas de balas, pero al ver la carga de los otros cuarenta jinetes dirigidos por el teniente Hugo, la alarma que causó los obligó a cambiar de posición para proteger los cañones.

Solo uno de ellos alcanzó a detonarse, la bala de plomo voló a gran velocidad y zumbó por encima de las cabezas de la fuerza mexicana cayendo con estrépito a sus espaldas. Los fragmentos de plomo no alcanzaron a ninguno de los jinetes y en pocos minutos se encontraban aniquilando a los hombres que defendían su artillería. Hugo, quien conocía a perfección el idioma ingles, escuchó los gritos de uno de ellos indicando que abandonaran los cañones para alcanzar la arbolada. Cuando los soldados corrieron, una línea de cien fusileros les apuntaba mostrando el oscuro agujero de la boca del fusil, listos para escupir sus mortales municiones.

—¡Abajo, al suelo! —gritó.

Brincó desde su caballo cayendo sobre la fría hierba, su corcel corrió despavorido reconociendo el terrible destino si se mantenía en ese lugar. Varios estruendos se escucharon al mismo tiempo y la lluvia de plomo impactó contra los jinetes que o no habían escuchado la alerta de su teniente, o el tiempo les había traicionado. Varios caballos cayeron heridos relinchando de dolor, sus jinetes se arrastraban como si el suelo intentara devorarlos. Escuchó el grito de guerra de los yanquis, se lanzaban en un ataque con bayonetas y sables para acabar con los pocos sobrevivientes.

Hugo se incorporó y tomó su sable, levantó la vista y de los cuarenta que lo acompañaban solo diez permanecían de pie, a su lado. Del otro lado, el grupo de Pedro peleaba encarnecidamente, habían bloqueado el avance hacia la arbolada.

Los cien soldados corrieron hacia ellos, diez a uno, pensó Hugo, sería una carnicería; veinte metros de pradera los separaba, observó los cañones abandonados y el de menor calibre parecía que lo habían preparado para disparar.

De inmediato señaló el cañón y cinco de sus hombres comenzaron a girarlo en dirección de sus atacantes, él se preparó para recibir la embestida con los otros cinco, en caso de que el cañón fallara.

Los soldados se acercaban peligrosamente, hasta que otro estallido le hizo bajar su cabeza, la bala de plomo había salido disparada contra los yanquis que corrían hacia ellos. Treinta hombres despedazados cayeron sobre la hierba y Hugo aprovechó la sorpresa de sus enemigos, en lugar de esperar su embate, corrió hacia ellos, blandió su sable y lucho cuerpo a cuerpo. Sus diez soldados también lo hicieron, escuchó las órdenes del encargado del batallón yanqui, les solicitaba que se replegaran al centro formando un cuadrado en donde las cuatro paredes de soldados defendieran su posición con fusiles cargados.

En ese momento, escuchó los gritos de guerra de su infantería, habían llegado a su espalda, los yanquis que aun permanecían de pie abandonaron el ataque y se replegaron cerca de sus camaradas.

—¡Avancen hasta la arbolada! Pecho a tierra conforme avancen y disparen para proteger a sus compañeros. —gritó.

Observo hacia la arbolada, Pedro no se distinguía en la refriega de aquel lado, pocos jinetes aún se mantenían sobre sus sillas, la mayoría habían muerto defendiendo su posición. Tuvo que tirarse sobre la hierba pues sus enemigos ya se habían organizado, comenzaron a disparar sobre los dos flancos que estaban bajo ataque.

Se arrastró con sus codos y se cubrió con el cuerpo de un caballo muerto, levantó la vista y continuaba sin ver a su amigo. La mayoría de sus soldados permanecían igual que él, tendidos sobre la hierba y respondían con sus fusiles, como si entre ellos se comunicaran a perfección.

El bloque yanqui se defendía y cada vez que una oleada de balas salían disparadas de sus armas, cuatro o cinco soldados mexicanos caían sobre la hierba para no levantarse jamás. El sol comenzaba a ocultarse, los quinientos soldados se acercaron por detrás de Hugo y les envió indicaciones con un mensajero, debían dirigirse hacia la arbolada y defender la entrada, lo más importante era evitar que la alcanzaran.

Cuatro mensajeros llegaron hasta su posición y creó una estrategia para desmoralizar a sus enemigos; ordenó que los mejores tiradores se desplegaran sobre los cuatro flancos, cada determinado tiempo tendrían que volar la cabeza de algún soldado sin permitirles ningún tipo de descanso. También solicitó que les entregaran bastantes municiones y que el ataque de los francotiradores comenzara solamente hasta que el manto oscuro de la noche los cobijara y seguido por la detonación de todos los fusiles de su batallón.

Cuando el sol se ocultó por completo, todos los fusiles dispararon en contra de los yanquis, cincuenta hombres murieron al instante. En ese instante, Hugo se levantó y corrió en dirección a la arbolada, rodeando el destacamento yanqui, tenía que encontrar a su amigo.

Para no ser visto, caminó entre los árboles del bosque, así las sombras lo ocultaban de cualquier fusilero enemigo. Sin hacer el menor ruido avanzó hasta acercarse al extremo en donde Pedro había peleado con sus cuarenta jinetes. Se recargó sobre el tronco de un árbol y asomó su cabeza para distinguir la posición de sus soldados. Podía observar la línea de cuerpos recostados que apuntaban en dirección de sus enemigos, más adelante, tres francotiradores cargaban sus fusiles y se preparaban para disparar. Primero se escuchó una detonación, seguidas de otras dos, se escucharon gritos de horror dentro del bloque de yanquis, supo que habían atinado al blanco. Otras tres detonaciones se escucharon en el extremo opuesto y más gritos brotaron de ellos.

Observó una vez más y notó la silueta de más de veinte caballos muertos, si le habían matado, su cuerpo estaría ahí, cerca de ellos. Siguió el resto de cadáveres, que se adentraba al bosque; parecía ser que un grupo enemigo lo había logrado, había alcanzado la protección de los árboles y los soldados mexicanos les dieron cacería. Dos, cuatro, seis cuerpos de soldados amigos, pero ninguno era Pedro, continuó caminando entre las sombras y observó un sutil movimiento, como si una sombra lo acechara entre los troncos.

Se ocultó a un lado de una roca y apretó su sable, estaba seguro que ya lo habían visto, escuchó el crujir de unas ramas en su lado izquierdo y salió con gran rapidez para sorprender a su enemigo. Cinco yanquis intentaban atacarlo por la espalda, pero al brincar por el lado derecho los tomó por sorpresa. A uno de ellos le clavó el sable atravesándolo como si fuera un saco de semillas, sacó su arma del cuerpo inerte y se defendió del ataque de los otros cuatro. Dos de ellos lo embestían con sus bayonetas de sus fusiles sin munición, otro lo intentaba atravesar con una larga lanza, y el último sostenía un sable largo y ancho.

En un pensamiento fugaz, analizó los movimientos de sus enemigos y evaluó la situación; el más peligroso era el lancero, seguido por el del sable y los dos fusileros. Atacó de esta forma, bloqueó el ataque de las bayonetas y cortó parte del brazo izquierdo del lancero, quien dio un terrible grito y dejó caer su lanza. Sin detenerse, agitó su sable por encima de su cabeza y con una finta, provocó que su enemigo bloqueara su ataque con el sable en la parte alta, haciéndolo creer que intentaba cortarle el cuello, pero cometió un error, el sable de Hugo rebano su estomago y la sangre brotó en abundancia. De inmediato giró y cortó la cabeza del lancero, antes de que se repusiera e intentara atacarlo de nuevo. Pero en ese momento, había descuidado a ambos fusileros, quienes ya estaban sobre de él.

Escuchó un grito de furia y Pedro salió de las sombras, se detuvo entre los fusileros y Hugo. Las dos bayonetas atravesaron su cuerpo, Pedro, aún herido, levantó su espada y atravesó el corazón de uno de ellos. Las dos bayonetas salieron de su cuerpo y un liquido rojo cubrió su jorongo, el yanqui, sorprendido ante el ataque repentino, dio dos pasos hacia atrás, los suficientes para ser alcanzado por la bayoneta de Pedro.

Hugo intentó sujetarlo pero se desvaneció en sus brazos, lo depositó sobre la hierba y removió el gran sombrero.

—Has peleado bien amigo, y una vez más, salvaste mi vida. —mencionó Hugo con orgullo en su voz.

—No es nada, hubiera hecho lo mismo por mí. — tosió y su boca se cubrió de sangre.

—Déjame llevarte a Goliad, seguro que te curaran.

—No, es mi destino, ya lo acepte —observó a su amigo directo a los ojos—, solo quiero pedirte algo antes de morir.

—Lo que sea.

—Te encargo a Ahuízotl, es muy pequeño y solo tiene a su madre, siempre has demostrado ser muy diferente, inteligente y apropiado….. que nosotros…. los mexicanos. —tosió con violencia.

—Soy mexicano al igual que nuestros soldados y que tú.

—No me refiero a eso, eres una persona educada, cuida a mi hijo y enséñale todo lo que sabes…..promételo….promételo.

Hugo observó a su amigo y notó que la luz de sus ojos se apagaba con lentitud, el tiempo se acababa.

—Sí lo prometo, vete en paz que yo cuidare de él.

Esa noche, el cabo Pedro Sánchez perdió la vida junto a más de doscientos soldados.

Al día siguiente el regimiento yanqui se rindió ante la abrumadora fuerza mexicana. Rodeados por seiscientos soldados fueron trasladados al poblado de Goliad para que el coronel James Walter Fannin se entrevistara con el general Urrea.

El teniente Hugo dio sepultura honrosa al cuerpo de Pedro a la entrada de la arbolada que tanto había defendido y después regresó a paso lento al poblado.

Al llegar, los cuatrocientos hombres se encontraban reunidos en las afueras del poblado, mientras que varios centenares de fusiles los encañonaban. El teniente bajó de su caballo y se acercó a un explorador.

—¿Qué sucede soldado? —preguntó.

—El general ordenó el fusilamiento de todos los prisioneros yanquis.

Un color rojizo trepó por sus mejillas y se dirigió hacia el general, quien observaba desde la parte alta del poblado.

—¡General!

—¡Felicidades teniente! Ha hecho un gran trabajo.

—¿Por qué se les va a fusilar señor?

—Son ordenes, recibí una carta de Santa Anna, atacó con todo su ejército a la fortificación de el Álamo, ninguno quedo con vida, ordenó toque a degüello y me ha solicitado que aplique la misma ley en este lugar y con estos prisioneros.

El labio superior le temblaba de coraje y le costaba trabajo poderse contener.

—Señor, en la guerra existen acuerdos de honor, y uno de ellos establece que si un soldado se rinde, se le perdonara la vida.

—Son órdenes soldado y tengo que cumplirlas. —contestó el general con cierto tono molesto.

—Si Santa Anna mató a un puñado de soldados defendiendo su propia tierra —comentó con rabia en su voz, un explorador le había relatado la historia del Álamo—, eso no es ser un héroe, es actuar con cobardía.

—Una palabra más soldado —giró el caballo hacia él—, y le haré azotar, o tal vez lo coloque con los yanquis para que sufra su misma suerte.

Escuchó la primera detonación, cien soldados yanquis cayeron al suelo mientras que el resto gritaba en ingles que eran prisioneros, se habían rendido y habían entregado sus armas.

Otra detonación cimbró su cuerpo, era detestable ver lo que ocurría con los prisioneros. Regresó por su caballo y corrió al galope alejándose de esa tierra, no, de esa horrible guerra que mostraba el lado oscuro e inhumano, lo negro y animal de los combatientes.

Al menos, pensó, tenía una promesa que cumplir.

Ahuízotl.

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Capitulo I Parte II

EL RECUERDO DE UN SOLDADO

 

Al día siguiente partieron, después de recorrer cinco kilómetros diez jinetes se aproximaron al general y su teniente, quienes encabezaban al pequeño batallón. Hugo sonrió al ver que se trataba de su querido amigo, aquel que peleó tantas veces a su lado salvándose la vida mutuamente en incontadas ocasiones.

—¡General! El treceavo batallón le envía saludos, seiscientos hombres lo esperan a diez kilómetros de aquí, listos para seguir sus órdenes. —mencionó el jinete de mayor rango.

—Gracias Cabo, imagino que su viaje ha sido agotador y me atrevo a pensar que han sufrido ataques durante el trayecto.

—Nada de importancia general, no hemos perdido a un solo hombre.

—Perfecto ¡Avancemos!

Continuaron con el trayecto y el jinete que había notificado al general cabalgó a un lado de Hugo.

—Me da gusto verte otra vez Pedro. —indicó el teniente.

El cabo saludó al estilo militar y después sonrió.

—Igualmente teniente, nos enteramos de su batalla contra un puñado de yanquis y apretamos el paso para alcanzarlos antes de que llegaran al poblado de Refugio.

—¿Cómo esta la familia? No he visto a tu hijo desde su segundo cumpleaños.

La sonrisa desapareció en su rostro, sus ojos negros y grandes mostraron melancolía en su mirada, era de la misma edad del teniente y carecía de uniforme militar, siempre se había destacado como un explorador innato y ningún superior le reclamaba que lo portara. Su tez morena contrastaba con la piel pálida de su amigo, su barba negra y tupida cubría casi la totalidad de su rostro y portaba un enorme sombrero de paja que protegía ambos hombros y su cabeza del sol. Vestido con un jorongo de tonos grises, camisa y pantalón de manta, con una cinta de piel que colgaba de su hombro izquierdo para terminar en su lado derecho a la altura de la cintura repleta de cartuchos de su fusil y un par de sandalias de cuero, daba la impresión de ser un autentico mexicano.

—Espero que se encuentren bien —contestó después de un breve momento de silencio—, mi esposa, Jacinta, estaba en cama cuando la deje, se sentía un poco mal. Ahuízotl cumplirá ocho años de edad y al verlo me recuerda mucho a mí, es un buen chico.

—No entiendo porque estas aquí, tienes una hermosa familia y un pedazo de tierra para trabajarlo. —indicó Hugo al ver su melancolía.

—Lo sé, son tiempos difíciles y el dinero no alcanza, necesito de una buena cantidad para comprar las semillas, la única forma de adquirirlo es con la poca paga que recibimos como soldados, pero de esto a nada…

—Te dije que cuando necesitaras me pidieras, ya en su momento lo pagarías, eres un hombre de palabra.

—Con mi palabra no podría pagarte, es mejor así Hugo.

—El honor y la dignidad ante todo, por eso eres mi amigo Pedro Sánchez, pero una vez que terminemos con la milicia iré a Jarra de las Huertas para establecerme, y juntos cosecharemos lo mejor de esas tierras.

Ambos hombres sonrieron y el cabo Pedro le solicitó a uno de sus soldados que notificara el avance del batallón del general José Urrea, en poco tiempo se reunirían con seiscientos hombres más.

El 12 de Marzo, el general contaba bajo su mando a cerca de mil quinientos soldados y antes de que se acercaran al poblado de Refugio, un explorador se detuvo frente a él.

—¡General! Saben que nos acercamos y nos esperan del otro lado de esa colina alta ­—señaló una colina que se elevaba en una pronunciada pendiente a unos dos kilómetros de ellos—. Son más de ciento veinte soldados pertenecientes al batallón del coronel William Ward, se le ha unido una fuerza de rebeldes tejanos comandado por Butler King.

El general levantó su brazo y su ejército detuvo su avance.

—¡Prepárense! Esperan nuestra llegada y no queremos que se desesperen, envíen doscientos fusileros y doscientos dragones, después de diez minutos otra carga similar llegara a apoyarlos. —gritó.

El teniente Hugo encabezó el primer ataque y tal como había indicado el explorador, al alcanzar la cima de la colina una lluvia de plomo los obligó a recostarse sobre el césped.

Ordenó que cincuenta fusileros permanecieran recostados y desde el borde de la cima contestaran al fuego enemigo, mientras su caballería entraba por ambos flanco rodeando la colina.

Cuando la caballería alcanzó ambos flancos, la defensa de los yanquis se vio obligada a dividirse y Hugo aprovechó el momento, se levantó y desenfundó su sable, indicando a su infantería a avanzar colina abajo, el cabo Pedro corría a su lado mientras disparaba de su fusil. En pocos minutos alcanzaron los puestos de defensa, la caballería obligó a los yanquis a reunirse en un solo punto, el lugar a donde la infantería atacaba con furia pero al conocer la llegada del ejército mexicano, habían levantado pequeñas trincheras y fortificaciones de piedra para evitar que los alcanzaran fácilmente. La segunda oleada de ataque entró a las espaldas del teniente, en poco tiempo sus enemigos tapizaban la hierba suave con sus cuerpos ensangrentados.

Pedro presentaba una línea de sangre sobre el hombro izquierdo y Hugo caminó hacia él.

—Deberías atenderte. —mencionó.

—No es nada importante, un explorador me ha informado que a unos días de distancia se encuentra el poblado de Goliad con una fuerza numerosa de yanquis, no como lo que hemos encontrado hasta el momento.

—Entonces no debemos detenernos, necesitamos adelantarnos por si tienen planeado huir de ese lugar.

El general ordenó continuar, descansarían en las noches y avanzarían durante el día, deseaba llegar a Goliad lo más pronto posible. Antes de abandonar las cercanías de Refugio, cuatro pequeños grupos de yanquis los recibieron con balas de sus fusiles y tuvieron que atrasar el viaje ya que no los podían atacar abiertamente, se ocultaban entre los troncos de un grupo de árboles.

Después de acabar con ellos, avanzaron a buen paso pues la reserva de alimentos se estaba agotando, era muy difícil alimentar a más de mil quinientos soldados.

El general Urrea llamó a su teniente para observar la situación.

—No hemos recibido noticias de Santa Anna ni de su ejército de operaciones, es difícil que hayan sido derrotados.

—No creo general, nuestros exploradores ya habrían notado un gran ejército, lo suficientemente grande para derrotar al ejército de operaciones y sería muy difícil pasar desapercibido.

—Al llegar a Goliad tendremos que atacar sin cuartel, los soldados se ven hambrientos y molestos. —observó los rostros de los soldados que apenas podían permanecer de pie a causa del hambre.

Diez días después habían alcanzado al pueblo de Goliad, pero para su sorpresa no encontraron ninguna resistencia ni señal alguna de sus enemigos. Un explorador le indicó al general que un grupo numeroso de yanquis huían por la parte norte, cerca de cuatrocientos hombres.

—¡Teniente! —gritó.

Hugo se acercó a él y lo escuchó conociendo lo que le iba a solicitar.

—Llévate ochocientos hombres y si se rinden, tráelos de regreso a este pueblo.

—Sí señor.

Hugo partió seguido de ochenta jinetes de caballería y setecientos sesenta soldados de infantería, pero tuvo que dividir sus fuerzas al recibir la visita de su amigo, quien se acercó con su caballo agitado por el esfuerzo.

—Son cuatrocientos soldados teniente, llevan nueve cañones de diferentes calibres, tenemos que alcanzarlos antes de que lleguen a un bosque en las tierras de Coleto, si entran, será imposible hacerles frente porque nos atacaran tanto con fusil como con los cañones.

El teniente cabalgó a paso veloz con sus ochenta dragones mientras la fuerza de doscientos sesenta soldados corría por detrás de ellos, los quinientos restantes los alcanzarían y serviría para reforzarlos.

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