martes, 28 de julio de 2009

El sentido capitalista de la Mafia


Encontré un libro sencillo pero que ha llamado mi atención; expone brevemente y de forma sencilla el camino al crecimiento profesional, ya sea como comerciante independiente o como empleado en un corporativo, pero (aquí va lo diferente) aplicando la organización, administración y demás sabiduría de la o las organizaciones capitalistas más antiguas de la historia: la Cosa Nostra o la Mafia.


Aquí les muestro unos cuantos axiomas (un axioma, en epistemología, es una "verdad evidente" que no requiere demostración, pues se justifica a sí misma, y sobre la cual se construye el resto de conocimientos por medio de la deducción. Gracias Wikipedia) que he anotado del libro y creo que pueden ser útiles:

El mundo es del hombre paciente.


Alguna gente juega sobre seguro para no perder. El que juega sobre seguro es el perdedor más probable de todos.


Si no puede ganar peleando limpio, pelee sucio. O haga que otro pelee por usted.


Enséñele a su lengua a decir: “No sé”.


El fuego puede disimularse, el humo no.


La mejor manera de ganar una discusión es, primero, por el peso de la lógica, después, amenazando, y finalmente aporreando al bastardo.


Es mucho mejor que sus enemigos lo crean loco y no razonable y racional.


Al que sopla un fuego le dan chispas en los ojos.


Aquel que sirve a dos amos debe mentirle a uno, también es sabido que un cerdo con dos dueños pronto se muere de hambre.


Nunca subestime estas tres cosas: la capacidad, la astucia y la codicia de su oponente.


Aquel que responde por otro, paga la cuenta.


No todos los que roncan están durmiendo.


Siempre saque a la víbora de su agujero con la mano de otro.


Mil amigos no bastan; un solo enemigo sí. Los enemigos inofensivos no existen.


Sea educado con todos, sociable con muchos, allegado con pocos, y amistoso con un puñado.


Al hacer una apuesta, asegúrese de poder pagar.


El mejor amigo de un halcón hambriento es un caballo muerto. Esto es, dicho de otro modo, un hijo de puta tiene sus usos.


El autor lo maneja con humor e ironía.
Tomado del libro: “El management de la Mafia” de Lee Walter.

lunes, 27 de julio de 2009

Sin más respuesta que una mentira


Estaba allí sentado. Hacía unos minutos me estaban atendiendo en la ambulancia hasta que apareció el inspector. Este me había subido en el coche patrulla y me había dejado en aquella sala. Era un cuadrado perfecto, con una mesa en el centro y dos sillas colocadas a cada lado. Las paredes color crema brillaban por su falta de decoración.

Yo estaba ocupando una de las dos sillas, la que quedaba mirando de frente la puerta. Estaba acurrucado, débil y con la conciencia revuelta aún por sus palabras. No paraba de acariciarme la perilla cuando la puerta se abrió y con paso seguro entró él.

- Buenos días, soy el inspector Corbin. Usted es el señor Emilio Arturo Duarte de 37 años, no? – empezó el hombre que entraba por la puerta. Su pelo era oscuro, como sus ojos, y estos no dejaban entrever lo que pasaba por su mente. Era ancho de espaldas, de mediana edad y fuerte. Se notaba que le gustaba frecuentar el gimnasio. - Sí, así es. Milo para los amigos – dije con cierto tono sarcástico sentado detrás de la mesa. Ya no tenía fuerzas, estaba cansado, mareado y además... había el sentimiento de culpa. El inspector me miró fríamente con esos ojos vacíos. Continuó, haciendo caso omiso de mis comentarios:

- Bien. Dígame qué estaba haciendo en esa guardería.

Con sólo recordar el infierno que había pasado se me ponían los pelos de punta. No quería ni pensar en las caras de los pobres niños, los gritos, el calor... Y todo por querer... ¿Qué le podía explicar al inspector Corbin? ¿La verdad? Se reiría de mi, en el mejor de los casos; o me ingresaría en un centro psiquiátrico. Aunque si le dijera que era el responsable, acabaría entre rejas.

Bajé la vista, no sabía qué responder. Estaba demasiado confundido y la duda de la culpabilidad aún estaba presente en mi mente. ¿Le podía hablar de mi viaje hacia el Xibalbá? No, claro que no. ¿Acaso podía mencionar el nombre de Azazel? “¿Quién demonios es ese?” me preguntaría, y no iría tan desencaminado con el apelativo.

- Señor Duarte, ¿puede responder a la pregunta? – repitió en un tono impaciente.

Levanté la vista. Detrás de las gafas, sucias por el humo, había unos ojos que chillaban de dolor. Las caras de horror y los gritos. Eso es lo que veía y escuchaba en ese momento, amortiguado por el paso de unas horas.

- Por favor, conteste. Tengo muchos otros testigos que interrogar – me miró a los ojos. Respiró hondo para calmar el estrés y la agresividad que corrían por sus venas. – Señor Duarte, deberá responderme a estas preguntas. Es importante para poder esclarecer el caso. Si quiere, vuelvo dentro de unos minutos... Se toma un café, se refresca la cara... Pero cuando vuelva, tendrá que responder, entendido?

Asentí débilmente. Seguro que si pensaba que yo era como un cordero acobardado el interrogatorio sería breve y podría volver a casa para acabar con todo aquello.

El inspector me indicó como llegar hasta el lavabo. Una vez allí me cerré en uno de los cuartos. Me quité la camisa. Esta también estaba sucia por el humo y el sudor. Había algún agujero en los brazos, donde las llamas habían lamido mi piel.

Inspeccioné los brazos y vi que no era muy importante. Estaba claro que los descendientes del agua tenían protección extra contra el fuego.

Salí a refrescarme un poco la cara. Mientras me abrochaba la camisa, otro agente entró. Me miró extrañado y me preguntó por lo que tenía en el estómago. Eso era otra pregunta que no podía ser respondida con la verdad.

No le podía contar que había ido al pueblo costanero de Catemaco para visitar una bruja que tenía el favor de la diosa Tlacotzontli. No podía decir que esta, a cambio de su protección, me había ofrecido incienso en una mano. No le podía explicar que con unas ramas espinosas me había rasgado la piel del estómago para ofrecerle la sangre que brotara en sacrificio. No podía.

- ¿Esto? – pregunté divertido como si se tratara de simples rasguños. – Me lo hice el fin de semana. Es que siempre voy en bici, con mi esposa y mis tres hijos, al monte Nevado de Toluca. El pequeño, que aún no tiene un año, lo llevaba a mi espalda, – Sonreí al recordarlo. “Hasta aquí la verdad” pensé – pero se movió demasiado y perdí el equilibrio. Fuimos a parar a un arbusto espinoso. Por suerte para él, no la mía, me lo comí todo yo – y reí un poco señalándome la barriga.

El agente se rió conmigo. Se notaba que él también tenía críos y sabía qué era pasar un día en el campo con los pequeños de la casa. Me sentí afortunado. Si era capaz de contar así las mentiras al inspector, podría acabar con todo antes de lo que me pensaba.

Me aseé y volví a la sala de interrogatorios donde había estado minutos antes. Examiné mi aspecto en el espejo. Quería que quien me estuviera viendo en el otro lado se percatara que estaba tranquilo dentro de las circunstancias, que no tenía nada que ocultar.

El inspector entró cuando me dirigía a la silla.

- Bien señor Duarte. Veo que tiene mejor aspecto. ¿Puede decirme qué hacía en la guardería?

Las imágenes volvieron a mi otra vez. Sabía qué había pasado, quien era el causante... lo sabía todo. Pero era consciente de qué no le podía contar. Así que empecé mi relato.

- Mi hijo estaba en la guardería. Mi esposa me llamó en el trabajo para pedirme si podía ir a buscarlo. No hablamos mucho, tenía prisa. Me parece que la chica nueva que contrató en la oficina había borrado casi todos los datos y tenían que volver ha hacer el trabajo de una semana, ya sabe.

- ¿De qué trabaja usted y su mujer? – interrumpió con una pluma en la mano y una libreta abierta en la otra.

- Yo trabajo para una empresa americana de computadores. Mi mujer trabaja como administrativa.

- De acuerdo. Usted fue a la guardería porque la llamó su mujer. Prosiga, por favor – lo acompañó de un gesto con la mano.

- Bien. Llegué antes de la hora. No tenía tiempo que perder porque tenía una reunión a la hora de comer, así que entré antes de la hora y lo dejé a cargo de sus hermanos mayores en casa. Cuando volvía a trabajar, pasé por delante de la guardería y... – se me quebró la voz.

Había visto las llamas rojas y anaranjadas salir por las ventanas. El caos se había sembrado en el parque de delante. Las madres chillaban. Los niños estaban en las ventanas llorando, con la cara negra por el humo. Las cuidadoras intentaban romper los cristales o las puertas, que estaban atascadas. Eso era una trampa mortal para cualquiera que quisiera continuar viviendo.

Pero entre todas esas flamas lo vi. Era Azazel. Estaba allí. Seguramente él había empezado el fuego esperando quemar el pequeño. No tenía más remedio. Entré por una ventana rota. El agua me protegería del fuego, por alguna cosa era un descendiente de la criatura Ahuizolt.

Una vez allí sentí el caluroso abrazo del fuego y me asfixié con el humo. No era tan inmune como había pensado desde un principio. Eso parecía el infierno. Puede incluso que fuera la última casa de la que me habló Tlacotzontli para llegar hasta los dueños del Xibalbá. Mi viaje había empezado cuando era pequeño y me hablaron del secreto de la familia: proteger el mundo de los demonios, y eso sólo se conseguía bajando hasta el infierno y acabando con todo señor.

No veía nada, el humo era muy espeso. Sentí la gente corriendo a mi alrededor presas del pánico. Dos o tres niños chocaron contra mis piernas. Estaba claro que no podía perseguir Azazel sin antes hacer algo para salvar aquellas vidas. Así que cogí al cuarto niño que se estampó contra mis rodillas y lo llevé a la ventana, donde lo dejé caer. No me preocupé mucho por la delicadeza de mis movimientos, había muchos más esperando allí.

Empecé a bracear y coger toda cosa viva para sacarla de ese infierno. No podía. El humo estaba haciendo mella en mis pulmones, yo también había caído en la trampa. No quedaba más remedio que recurrir a la criatura... aunque estuviera rodeado de gente que pudiese ver lo que hacía.

Saqué el colgante con la forma de Ahuizotl: un perro con manos de mono y una larga cola acabada con otra mano. Contaba la leyenda que a veces se escondía para atrapar a la gente. Incluso lloraba como un niño para ahogar en las aguas los incautos que acudían a su llamada. El Ahuizotl del colgante cobró vida gracias a mi canto ahogado por el humo y los gritos. Le pedí que llorara para llamar la atención de los niños, así se acercarían a él y podría llevarlos a fuera.

El edificio estaba empezando a ceder a la fuerza del incendio. Eran pocos lo que quedaban dentro, pero suficientes. No podía abandonar, pero notaba como el cuerpo no estaba dispuesto a seguir mis locuras. Cerré los ojos, agudicé el oído y noté el terror y el dolor de todos. La adrenalina subió al máximo y me ayudó a entrar en la siguiente habitación, donde el calor era mayor. Allí estaba: Azazel.

Mientras Ahuizotl se encargaba de los niños y las maestras, yo podría plantar cara al demonio de ojos amarillos como el fuego. Sus pupilas reflejaban el cálido naranja de las paredes. Se giró al oírme y sonrió.

- ¿Un hijo del Ahuizotl ha venido a verme? Esperaba encontrar a tu hijo... pero veo que te has adelantado – dijo con una voz grave y divertida, aunque más amenazante que sus dos cuernos. Su piel brillaba a merced del baile de las llamas, era bello el espectáculo, a fin de cuentas era un hijo del fuego.

- ¿Por qué los atacas a ellos, Azazel? ¿No tienes suficiente conmigo? – la ira recorría cada parte de mi ser. ¿Hasta cuando iba a durar esta guerra?

- ¿Yo? Pero si me llamaste tú – me acusó con un dedo. Me miró a los ojos. Sentí el calor por dentro, abrasándome, pudiéndome convertir en cenizas. – Fuiste tú quien vino a buscar a los dueños de Xibalbá, fuiste tú quien acabó con mi hijo. Fuiste tú quien al cruzar las casas del río negro hizo que apareciera la última: la Casa del Calor donde sólo hay brasas y llamas. No lo olvides. Has sido tú – y con esas palabras se esfumó.

Era cierto que yo había cruzado y sobrevivido a todas las Casas del río negro para poder llegar a los dueños de Xibalbá y poder terminar la guerra de muchas generaciones tiñendo su palacio de sangre. Pero en ningún momento quise convocar ninguna casa en el mundo humano.

Miré al inspector. Le había contado la historia omitiendo Ahuizotl y los ojos amarillos de Azazel. Esa parte de la historia seguramente no la entendería.

- ... y así fue como después de recorrer las habitaciones y no ver a nadie más salí por la ventana y me estampé contra el suelo. Después un médico me miró y me dio oxígeno. Me miraron los brazos y usted apareció.

- Entiendo – me miró sin expresión alguna en su rostro. No podía decir si me había creído o no. Tampoco era una historia tan disparatada: alguien que quiere salvar la vida de los demás que están en apuros. Alguien que se las da de héroe. Tenía que creerme. Después de un silencio añadió: – Pero su hijo ya estaba a salvo. ¿Por qué entró?

No me había creído. O lo cuestionaba para comprobar la veracidad de mi relato. Me removí en la silla. No tenía otra justificación que Azazel, pero eso no la podía usar. Tendría que inventar alguna cosa...

- Esto. ¿Es confidencial todo lo que digo, verdad? – pregunté con timidez. El inspector sonrió, parecía que ese principio le gustaba. “Va a decir algo interesante” debía pensar. Así que asintió y me animó a proseguir. – Yo... no quiero que lo sepa nadie... es que me podría poner en un apuro, sabe... y... ya me entiende...

- En realidad no le entiendo – dijo perdiendo un poco la paciencia. – Aún no me ha dicho porqué entró...

- Bien... yo quiero mucho a mi mujer, pero... Verá, la cuidadora de mi hijo, Carmen, es muy... simpática... – ahora el inspector asentía con la cabeza. – Al verla en dentro sacando a los niños, con la cara congestionada por el dolor... yo... Bueno, por eso, por ella entré.

Ya está, mentira soltada. Era cierto que quería mucho a mi mujer, y por eso mismo nunca me miraría a otra.

- Bien, hemos terminado por hoy –dijo el inspector Corbin levantándose de la silla. – En todo caso, si queremos preguntarle alguna cosa más nos pondremos en contacto con usted. Gracias por su tiempo – y abrió la puerta invitándome a salir. Se giró hacia mi y pensándoselo un poco acabó por formular: – Algunos testigos han dicho que vieron... bueno, sé que es imposible, pero me entró curiosidad...

- Diga... – le insté a continuar.

- ¿Vio algún ser paranomal? – ahora sus ojos no mostraban la seguridad de antes. Cuando terminó la pregunta, se lo repensó y añadió: – Bueno, afirman haber visto como un demonio o duende el fuego, quien sabe. Incluso alguno de los niños aseguró que una especie de perro lo ayudó a cruzar la ventana.

Me sorprendió el comentario, pero intenté que no se notara en mi expresión. Sonreí y dije:

- Bueno, yo no vi nada. Tampoco podía ver mucho con el humo. Además, estaba todo el rato buscando a... bueno, ya sabe.

- Sí, sí, claro. Puede que sea una alucinación de las llamas. Aunque lo de los niños...

- Bueno, mi pequeñín siempre afirma ver fantasmas donde no están – dije aún con la sonrisa forzada en los labios.

– Creo que mira demasiado la tele, o por los cómics o los libros. Quien sabe.

Agradezco de todo corazón este relato a su autora: Irial, quien participó en un pequeño concurso de relatos cortos de fantasía en el mejor lugar, en Fantasía Épica.

Gracias Iri, y no me queda más que colocar tu relato para que otros se deleiten con tus palabras.



Tu apoyo es valioso.


Me es grato informarles que este blog, el cual he desarrollado con mucho cariño y sencillez, ha entrado al concurso de los premios 20Blogs 2009 de la Blogoteca del periódico virtual 20Minutos.es dentro de la categoría Latinoamericano.

Solo espero que al ser de su agrado mis escritos y en sí, todo este blog, puedan apoyarme ofreciendo su voto para competir sanamente.

El link para votar es:
http://lablogoteca.20minutos.es/tlacotzontli-protectora-de-los-caminos-11021/0/

El concurso inició el 13 de julio y termina el 17 de septiembre.

Como siempre, gracias a ustedes, para quienes escribo.

viernes, 24 de julio de 2009

FESTIVAL CERVANTINO EDICIÓN 37



Con más ciencia que nunca, la edición 37 del Festival Internacional Cervantino se realizará del 14 de octubre al primero de noviembre.


Quebec, Zacatecas, invitados de esta ocasión, y Galileo, quien 400 años atrás creó el primer telescopio darán eje a una programación que incluye la participación de alrededor de dos mil 300 artistas, de veinte países.


Algunos de los espectáculos y artistas que este año llegarán a Guanajuato son: Ex-Machina de Robert Lepage, con una producción teatral basada en cuentos de Hans Christian Andersen; el violonchelista ruso Mischa Maisky; el grupo lituano Meno Fortas con "Hamlet"; DJs e instalaciones de Mutek; la Orquesta Sinfónica de Montreal con la participación del pianista Marc-André Hamelin.


El programa, donde prima la música, incluye también alrededor de 40 exposiciones, 25 eventos dedicados a Galileo Galilei, más de 20 conciertos de música contemporánea y muchos espectáculos de calle.


Con la presencia de 25 compañías, Quebec ofrecerá espectáculos circenses, artes escénicas, y música clásica y contemporánea.


Zacatecas presentará exposiciones, entre ellas una de Manuel Felguérez, así como conciertos de músicas clásica y tradicional, y danzas folclóricas.


Otro de los atractivos de la programación del Cervantino está con el Théâtre Sans Fil, de Quebec, que propone dos historias, una inspirada Bolero, de Maurice Ravel; la otra, L'enfant et les sortilèges (El niño y los hechizos) pieza donde los objetos cobran vida para asustar a un niño castigado por su madre.


Entre las agrupaciones que participarán están también Nortec y su Tijuana Sound Machine; las argentinas Orquesta Típica Fernández Fierro y Babasónicos; Gregory Hopkins & The Harlem Jubilee Singers (EU), Los Rolling Stompers (México); Omar Torrez Band (EU) y Mumiy Troll (Rusia).


En la música popular figuran Son del Nene, Paquito D'Rivera y su jazz latino, la fusión del salsero Willy Chirino, Óscar Chávez y el rock de Jaime López, y el nigeriano Femi Kuti con su jazz funk, entre otros.
En una serie de homenajes que habrá se celebrará con una exposición el centenario del nacimiento del pintor José Chávez Morado.
Lidia Camacho dijo que aunque no se pudo concretar una ópera que iba a realizar Benjamín Cann, se estudia la posibilidad de hacer otro espectáculo, pero que más adelante lo anunciará.
Los esperamos en la edición 37 del Festival Cervantino en la ciudad de Guanajuato, en el estado del mismo nombre.




viernes, 3 de julio de 2009

La Prueba



La batalla había terminado, y por voluntad de los dioses aunado a la gran habilidad de su ejército, vencieron de forma aplastante a sus enemigos. Una extraña amenaza llegó del norte como una sombra que se esconde en la oscuridad de la noche. Por fortuna, algunos rumores, casi murmullos, habían alertado al reino y a sus guerreros deteniendo el avance de esa amenaza en los desiertos ardientes de Xalyuhcatlan. Ahora se encontraba de pie frente a la gran pirámide de adoración. Solo había descansado dos días después de regresar de esa sangrienta batalla, pero su deseo lo forzaba a permanecer frente a la larga escalinata que subía en una inclinada pendiente hacia la cima. Enderezó su espalda y unas ligeras punzadas de dolor recorrieron sus anchos hombros recordándole el sabor de la victoria. El sol comenzaba a ocultarse entre los montes y las tonalidades naranjas acariciaron su rostro dorado acentuando aun más las huellas del sol abrasador sobre su piel. El anciano que lo observaba en silencio levantó su brazo y señaló la escalinata. El guerrero asintió con su cabeza y sin producir palabra alguna, avanzó subiendo por ella hacia la cúspide.

Cubría su pecho y su espalda con su Ichcahuipilli, armadura de algodón acolchado de uno o dos dedos de espesor, resistente a golpes y a tiros de piedras y flechas, dejando al descubierto ambos brazos. Un calzón de algodón se ajustaba en su entrepierna mostrando sus piernas desnudas, y calzaba un par de sandalias de cuero. Su Ehuatl o túnica larga que únicamente los nobles podían portar, ondeaba con suavidad gracias a la delicada brisa, y en cada movimiento incrementaba su tonalidad escarlata. Mientras subía, su mente se lleno de recuerdos y se remontó a su lejana infancia. Después de la muerte de sus padres por una extraña enfermedad, el niño Canamero fue adoptado como sirviente por un afamado general que dirigía la tropa de mil hombres de tres grandes reinos, y desde pequeño, la influencia de los temas militares hizo mella en él. Todas sus tareas las realizaba a la perfección, provocando que su petición de ingresar al calmecác a temprana edad fuera concedida por su amo sin ningún titubeo. En ese lugar, recibió entrenamiento militar así como astronomía, poesía y religión, siendo uno de los alumnos más destacados.

Una guerra alcanzó las fronteras de su pequeño reino y participó activamente como Tameme o cargador, quien llevaba armas y suministros a las diferentes líneas de combate. Conforme el tiempo transcurrió, avanzó entre los diferentes niveles del ejército hasta pertenecer a una de las mayores sociedades guerreras, la ocelopilli o guerrero jaguar. Su nombre había cambiado al recibir ese honor, ya no era un simple Canamero, era Canamero-ocelotl, caballero jaguar. Sin embargo, cuando todos los reinos se unieron para luchar en contra de un peligro común, el terrible y poderoso ejército oscuro del Xibalbá, fue testigo de la clase guerrera de la más alta elite, los Cuachicqueh, la sociedad guerrera más prestigiosa. Sus cabezas estaban rapadas excepto por una cresta de pelo al centro y una trenza sobre la oreja izquierda. Pintaban sus calvas y rostros en una mitad azul y en la otra, en rojo o amarillo. Uno de sus más altos juramentos era no dar un paso atrás durante la batalla bajo pena de muerte a manos de sus camaradas.

Era la primera vez que los observó en plena acción, nunca antes se habían presentado en alguna otra batalla. Todo lo que escuchó acerca de ellos eran leyendas y comentarios de los guerreros más antiguos, quienes mencionaban que solamente, cuando el momento lo ameritaba, en caso de que el reino en toda su extensión corría un terrible peligro, esta misteriosa sociedad aparecía de la nada y luchaban con una fuerza y una pasión descomunal. En el momento en que los vio, juró que pertenecería a ellos, formaría parte de esa elite indomable y única, pero no sabía cómo hacerlo. Le preguntó a sus maestros, conocidos y amigos y todos contestaban con las mismas palabras, nadie sabía la forma de ser aceptado en esa sociedad, algunos comentaban que simplemente el dios Huitzilopochtli se aparecía a los que más calificaban y después de probar ser dignos, se aceptaba el nuevo integrante desapareciendo en tierras lejanas, en lugares inhóspitos para terminar con su entrenamiento y estar listos para guerrear contra cualquier cosa que amenazara a la civilización. Otros mencionaban que solo al estar al borde de la muerte en pleno campo de batalla, un espíritu ancestral se presentaba y le ofrecía la oportunidad de vivir un poco más, con la condición de que en cada nueva batalla ofreciera su vida por la de los demás peleando hasta el frente de toda la formación de guerreros.
Desconsolado al no encontrar ninguna forma palpable para poder solicitar su entrada a esa sociedad guerrera, Canamero-ocelotl peleó entregando su corazón en la batalla reciente, inclusive arriesgó varias veces su propia vida entre las líneas enemigas. Poco tiempo después de la rendición de sus enemigos y mientras caminaba entre los cuerpos mutilados de sus compañeros, un anciano caminó hacia él y le mencionó con una sonrisa en sus labios que una vez regresando a su ciudadela, tenía que subir hasta la explanada de la gran pirámide para presentar sus respetos al dios Huitzilopochtli, tal vez, le mencionó, sería probable que al ver su valor y su habilidad en el campo de batalla tenía probabilidades de ser aceptado por el dios para pertenecer a los Cuachicqueh. Al principio lo dudó al ver el aspecto sucio y deplorable de ese anciano, parecía mas un pordiosero que un mensajero de los dioses, pero al mirar la tierra roja y al introducirse en su nariz ese distintivo olor acre producido por la sangre derramada, accedió a por lo menos intentarlo tal y como se lo había solicitado ese hombre.

Ahora estaba sobre la escalinata, subiendo con determinación a pesar de desconocer lo que se encontraría en la cima. El sol se había ocultado y las estrellas brillaron sobre el firmamento. Su cuerpo brillaba ante la luz nocturna debido a la delgada capa de sudor que lo cubría por la extensa trayectoria. Contó doce peldaños faltantes por subir y aun no podía distinguir lo que había en la explanada. El aire circulaba con más fuerza debido a la altura y por fin, se detuvo en la orilla al pisar el suelo firme de la parte más alta de la gran pirámide.

Observó de reojo su entorno y cuatro pilares laboriosamente tallados se levantaban en cada esquina, y de estas colgaban dos antorchas encendidas que iluminaban por completo la explanada. En medio, una piedra circular de tres a cuatro metros de circunferencia en forma de moneda se sostenía sobre su canto, y a lado de ella se encontraba aquel anciano que le había solicitado su asistencia en la pirámide. Canamero-ocelotl se acercó y observó al anciano. —Bien guerrero, se te ha ofrecido la oportunidad de pertenecer a los Cuachicqueh por el gran valor que has mostrado en la batalla —le mencionó con una sonrisa en donde pocos dientes aun permanecían sobre la encía, y le indicó que caminara hacia la piedra circular—. Esta es la piedra Ollin Tonatiuh y ha sido creada por los dioses más poderosos —señaló la piedra y en el centro, aparecía un rostro tallado a perfección que daba la impresión de que estuviera dormido placidamente con sus ojos cerrados—. El rostro pertenece al dios Tonatiuh, el dios sol —El anciano eliminó su sonrisa y sus ojos lo observaron con seriedad mientras le preguntaba—. ¿Estas seguro de querer pertenecer a esta sociedad guerrera? Los dioses probaran tu valor y tu habilidad en combate pero no será fácil y podrías perder la vida, ¿Estas seguro? — Canamero-ocelotl endureció su mirada y lo observó como si sus ojos escupieran bocanadas de fuego —Estoy seguro anciano, no le temo a nadie ni a nada. —contestó, y el anciano volvió a sonreír mientras señalaba un cuadro que brillaba a un lado del rostro del dios, le mencionó —: Esta es tu prueba, esa es la tierra de Xibalbá –dentro del pequeño cuadro el guerrero observó un paisaje oscuro y tenebroso—, ahí se encuentra una hermosa flor negra, tráela de regreso y serás aceptado.

El guerrero sonrió por vez primera y le contestó — ¿Eso es todo? Ni siquiera es necesario el que lleve mi arma para tomar una flor. —De pronto, los ojos del rostro en la piedra se abrieron y brillaron con intensidad arrojando una luz verde y fría. El guerrero escuchó la voz del anciano sin poder distinguirlo a causa de esa luz cegadora — ¿Arma? No llevas ninguna, tendrás que encontrarla para poder defenderte, recuerda que debes traer la flor. Buen viaje. —Canamero-ocelotl buscó su macahuitl, una especie de espada de madera con filos de obsidiana incrustados en los lados y se sorprendió al notar que ya no la llevaba con él. Un vértigo se apoderó de su estomago y una fuerza descomunal lo jaló hacia enfrente. La luz lo inundó por completo y dejo de sentir el suelo bajo sus pies. La presión de la fuerza que lo arrastraba hacia enfrente se detuvo en un instante y de forma súbita, ahora la fuerza invisible lo empujaba desde su espalda con suavidad. La luz dejó de brillar y el guerrero sintió el suelo, dobló sus rodillas y se inclinó sobre si mismo para evitar caer de bruces.

Se enderezó con lentitud y observó el paisaje. El cielo estaba cubierto por frondosas nubes con matices grises y negros. A ambos lados, dos enormes murallas de roca oscura marcaban el camino a seguir, la hierba que cubría de forma esporádica la tierra negra era de color rojizo, y al girar su cabeza para observar lo que había a su espalda, una pared de roca se levantaba hacia las nubes sin mostrar ningún escape de ese extraño lugar. Unos árboles negros y extraños se levantaban entre ambas murallas, parecían secos y muertos pero agitaban sus ramas no al ritmo del viento, con voluntad propia, y eso le indicaba que tuviera cuidado con ellos. Cerca de las murallas varios grupos de criaturas monstruosas devoraban pedazos de carne fresca y el guerrero se mantuvo inmóvil, deseando que esas extrañas y horribles criaturas no notaran su presencia. Superaban los dos metros de altura y unos brazos poderosos y anchos brotaban de su cuerpo cubierto de un pelo corto y áspero. Unos ojos pequeños y negros miraban con ansiedad su alimento, mientras que con sus filosos colmillos que brotaban de su ancho hocico, destrozaban los huesos hasta convertirlos en diminutos pedazos. Su pelo era de color pálido, dando el aspecto de una criatura llena de podredumbre. Otros seres tristes y enjutos, muy diferentes que los anteriores, caminaban lastimosamente desde unas pequeñas grietas que rasgaban pequeñas partes de las murallas, y arrastraban con pereza y odio grandes pedazos de carne que al mostrar parte de la piel el guerrero observó que pertenecían a vacas, borregos e inclusive perros. Estos pequeños seres arrojaban la carne hacia las criaturas de gran tamaño y sin descanso alguno, continuaban devorándola como si en algún momento alguien más les podía arrebatar de sus garras su alimento.
Canamero-ocelotl solo escuchaba su propia respiración y un brillo llamó su atención. Unos cien pasos adelante de él algo brillaba con intensidad. El guerrero enfocó su mirada y distinguió una hermosa espada clavada en la tierra negra, y a un lado, una pequeña y hermosa flor de color negro se agitaba como si danzara al ritmo del viento. En ese momento Canamero lo comprendió, al tomar la flor tendría la oportunidad de obtener un arma para defenderse de esas criaturas. Lo importante era el llegar antes de que esas criaturas lo observaran. Sin más, lejos de meditar un plan, el guerrero jaguar corrió con todas sus fuerzas hacia la flor. A ambos lados escuchó varios gruñidos llenos de rabia y supo que su presencia ya había sido notada. Continuó corriendo sin detenerse a mirar, al pasar cerca de los árboles estos agitaban sus ramas para atraparlo y en ese instante se le ocurrió una brillante manera de defenderse.

Ladeó su cabeza en un rápido movimiento y esas criaturas se acercaban peligrosamente a él. En lugar de aumentar el paso fue bajando la velocidad de sus piernas y las criaturas lo alcanzaron en poco tiempo. Corrió en dirección a un árbol y dos monstruos lo seguían de cerca. De un movimiento ágil giró al lado contrario y las ramas alcanzaron a las dos criaturas que fueron elevadas por los aires y murieron al instante por el poderoso agarre de las ramas. Canamero-ocelotl sonrió y continuó corriendo. Decenas de monstruos lo siguieron pero muchos de ellos eran atrapados por los arboles que funcionaban como un escudo para el guerrero. Llegó hasta la flor y la tomó delicadamente, la introdujo entre unas cintas de cuero que sujetaban sus sandalias y entonces tomó la espada. Una corriente calida le recorrió el brazo y subió por todo su cuerpo, llenándolo de energía y fuerza.

Diez criaturas se acercaron y con sus enormes brazos intentaron sujetarlo. Canamero agitó su espada y al cortar el aire, susurraba como el rugido de un león. De un rápido movimiento cortó los brazos de tres de ellos y en poco tiempo, las diez criaturas yacían sin vida sobre la hierba roja. Una sombra negra bajó desde las nubes oscuras y se detuvo frente al guerrero. Canamero observó un hueco en forma de espejo que brillaba al fondo, desde el lugar por donde había llegado a ese extraño lugar, tenía que llegar hasta ahí para poder escapar. La sombra se hizo sólida rápidamente y apareció el rostro de un anciano. Sus ojos eran blancos y su boca carecía de labios, ofreciendo ante la mirada del guerrero unos colmillos amarillos listos para devorar a una victima más. El cuerpo del anciano se mostró y difería de lo que el guerrero esperaba. Unos hombros anchos y fuertes al igual que el resto del cuerpo se hicieron visibles. Su espalda estaba cubierta por una manta negra y vieja que ondeaba al ritmo del viento. Una voz se escuchó de entre sus amenazantes colmillos —No escaparas humano, tendrás el honor de morir por un Hunhan, príncipe del segundo anillo del Xibalbá. Serás un trofeo para nosotros y tu cabeza estará en la cima de la entrada principal de mi dominio. —Canamero-ocelotl sonrió y apuntó su espada al pecho de ese Hunhan —Soy hombre de pocas palabras, porque lo que sale de mi boca no regresa a ella sin antes haberse cumplido, y yo te digo que el que terminara siendo alimento para los gusanos, serás tú, Hunhan o lo que seas.

El Hunhan lanzó un golpe rápido y feroz con un mazo que había mantenido oculto bajo su manto, pero Canamero ya estaba presto para defenderse. El mazo golpeó con fuerza el suelo y al ver que había fallado, el Hunhan emitió un grito de rabia y atacó con múltiples movimientos al guerrero, quien al bloquear el ataque con su espada sintió la fuerza del Hunhan en sus huesos, se estremecían en cada impacto que detenía por la tremenda fuerza de su adversario. El Hunhan continuó atacando al guerrero y en un fugaz instante, golpeó su pecho con el puño de su otro brazo arrojándolo varios metros hacia atrás. Canamero-ocelotl cayó de espalda pero de inmediato se incorporó. Mientras el Hunhan caminaba con lentitud hacia él observó que las criaturas pálidas se acercaban por detrás de su príncipe para disfrutar de su carne al ser vencido.

Una chispa de furia ardió en su pecho y sujetó con fuerza su espada, no permitiría que nadie le impidiera el convertirse en un guerrero Cuachicqueh. La chispa se convirtió en calor inundando todo su cuerpo. Súbitamente, una armadura brotó de la piel de Canamero cubriendo todo su cuerpo, el coraje que sentía le hizo gritar enfurecido. Su espada brilló en su mano izquierda y un escudo pequeño del tamaño de su antebrazo alargado desde la muñeca hacia el codo brotó de su brazo derecho. La armadura brillaba con intensidad pero su brillo se desvaneció de forma rápida para mostrar unas serpientes talladas en el cristal de su armadura que subían enroscadas en sus piernas, desde los tobillos hasta el muslo. Dos serpientes salían de su espalda subiendo por los hombros y sus cabezas terminaban cerca del centro de su pecho en donde su corazón latía con fuerza. Unas plumas transparentes como el cristal, suaves y ligeras caían de la parte alta de su espalda hacia atrás y un casco cubrió su cabeza. El casco tenía la forma de la cabeza de una serpiente y por su boca se podía observar el rostro de Canamero. Sus colmillos bajaban a los lados de los ojos protegiéndolos de cualquier golpe hacia la cabeza y los dientes de la quijada subían cubriendo parte de la boca. Los ojos de la serpiente estaban tallados con detalle a los lados del casco en la parte superior, mostrando un brillo especial que hacía creer que la serpiente tenía vida propia.

El coraje lo forzó a correr hacia el Hunhan quien se sorprendió al ver la reacción de aquel que ya lo creía derrotado. El terrible anciano lo atacó nuevamente con una serie de golpes interminables, pero el guerrero los detuvo con su escudo y su espada sin ningún problema. Entonces Canamero sonrió y mencionó —: Ahora es mi turno. —Se abalanzó atacando al Hunhan con una increíble fuerza y habilidad. El príncipe del segundo anillo evitó los golpes del guerrero pero estaba sorprendido ante el incremento de fuerza y rapidez en sus movimientos. El Hunhan respondió de la misma forma pero en menos de un segundo, la espada brillante del guerrero jaguar atravesó limpiamente el pecho de su adversario. El príncipe gritó desconcertado y cayó de rodillas con terror en su mirada. Al instante se convirtió en una densa capa de polvo negro y el viento se lo llevó.

Las criaturas lo observaban con duda al ver a su príncipe destruido y el guerrero aprovecho ese temor. Corrió hacia ellos y giró su espada atravesando, cortando y desgarrando a aquellos que se interpusieron en su camino. Las ramas que intentaron atraparlo fueron cortadas como si sus tallos no ofrecieran defensa alguna. Brincó cubriéndose con su escudo al interior de la entrada que brillaba con intensidad.

Respiraba con agitación y aun sentía el recorrido de la furia en cada fibra de su cuerpo. El anciano permanecía observándolo con una gran sonrisa. Canamero-ocelotl se inclinó y desató la pequeña flor para mostrársela a aquel que lo había retado. —He cumplido. —Mencionó, y el anciano inclinó su cabeza como gesto de aceptación. Un fuerte viento golpeo el rostro del guerrero y rodeó el cuerpo del anciano con tal empuje que lo elevó separando sus pies del suelo. Su cuerpo giró a la velocidad del aire y su rostro y cuerpo cambió de forma drástica. El viento se detuvo y un guerrero protegido por una formidable armadura de color azul tocó con suavidad el suelo. Un casco cubría parte del rostro mostrando un brillo poderoso de ambos ojos. Unas largas y bellas plumas azules colgaban de la cresta del casco hacia los hombros y una voz metálica rugió desde el interior del casco —¡Bien hecho guerrero jaguar! Tu nombre ha cambiado, ahora tus enemigos y amigos te conocerán por Canamerocuiqueh.

El guerrero se inclinó involuntariamente al saber que aquel que se levantaba con orgullo y fiereza ante él era el dios Huitzilopochtli. El dios continuó —: Te has ganado un lugar con los guerreros formidables de los dioses y por lo tanto, te esperan terribles batallas con adversarios formidables. —El guerrero Canamero se levantó hinchando su pecho de orgullo y le contestó —: Estoy dispuesto a enfrentarme con quien sea para pelear con honor en nombre de los dioses. —Una puerta en el aire se abrió ante ellos. El dios le indicó que lo siguiera y el guerrero así lo hizo, desapareciendo en la nada sin saber lo que le esperaba. Solo mantenía en su corazón el deseo de demostrar que portaría con orgullo el nombre de Canamerocuiqueh hasta el fin de sus días.

miércoles, 1 de julio de 2009

Un Minuto


Una amiga y yo estábamos compartiendo una simple conversación para eliminar el estrés del trabajo y algo que ella comentó, me llamó la atención. Charlábamos acerca del tiempo que llevamos laborando en una empresa y yo le pregunté que cuando cumpliría su décimo aniversario, ella me contestó que sería el próximo año si continuaba en la empresa, porque todo cambia, las situaciones, condiciones y demás factores, y no sabemos que es lo que nos depara el futuro, y me mencionó que en un minuto, todo puede cambiar.
Eso es cierto, es tan impredecible lo que nos espera más adelante que no tenemos la certeza del final de cada uno de nuestros proyectos. Un minuto puede marcar la diferencia.
Aún con todo el esmero, dedicación, esfuerzo o como lo quieran llamar, jamás dependerá de nosotros, sino de ese minuto incierto que le puede dar vuelta a todo lo que habíamos planeado con antelación. Algunos lo llaman el destino, otros Dios, yo, simplemente lo mencionó como el suceso imprevisto que a todos nos acontece.
Desde estar en el momento incorrecto, con la persona incorrecta, en el lugar incorrecto, o al contrario, hablemos de beneficio como no, ese simple minuto puede afectar y cambiar nuestras vidas. A mi me ha tocado ese minuto, en ambas direcciones, ¿a ustedes?
Ella misma me recomendo una canción de Eagles que trata este asunto, el titulo es “New York Minute” y esta es la letra, ojala y la puedan escuchar:
Gracias amiga (Moonstone).
Salud.
Harry got up
Dressed all in black
Went down to the station
And he never came back
They found his clothing
Scattered somewhere down the track
And he won�t be down on wall street
In the morning
He had a home
The love of a girl
But men get lost sometimes
As years unfold
One day he crossed some line
And he was too much in this world
But I guess it doesn�t matter anymore
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
Things can get pretty strange
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
Lying here in the darkness
I hear the sirens wail
Somebody going to emergency
Somebody�s going to jail
If you find somebody to love in this world
You better hand on tooth and nail
The wolf is always at the door
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
Things can get a little strange
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
And in these days
When darkness falls early
And people rush home
To the ones they love
You better take a fool�s advice
And tak care of your own
One day they�re here;
Next day they�re gone
I pulled my coat around my shoulders
And took a walk down through the park
The leaves were falling around me
The groaning city in the gathering dark
On some solitary rock
A desperate lover left his mark,
�baby, I�ve changed. please come back.�
What the head makes cloudy
The heart makes very clear
The days were so much brighter
In the time when she was here
But I know there�s somebody somewhere
Make these dark clouds disappear
Until that day,
I have to believe
I believe, I believe
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
You can get out of the rain
In a new york minute
Everything can change
In a new york minute
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