miércoles, 30 de noviembre de 2011

La princesa melancólica

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Obsérvala detenidamente por algunos minutos. Parece que algo te quiere decir ¿qué será?

Salud para todos

jueves, 24 de noviembre de 2011

De ratones

ratoncitos

Dos ratoncitos de campo, de esos chiquitos y enclenques pues ya tenían mucho tiempo sin comer debido a las largas sequías y calores del verano, deambulaban caminando a un lado de una carretera rural.

-Oye Juancho – le dijo el más pequeño al otro-, me duele la pancita de tanta hambre.

-Aguanta Cruzalio, seguro encontramos algunas frituras o desechos de los humanos que transitan en sus grandes carrozas por este camino.

Pero la verdad es que llevaban gran parte de la noche caminando por la orilla sin nada que encontrar para comer. Entonces unas luces iluminaron la grava suelta del suelo y un automóvil negro, con música estridente y carcajadas de su conductor pasó a alta velocidad a su lado, empujándolos con fuerza hacia la arena que se extendía por kilómetros tierra adentro. Ambos ratoncillos temerosos se levantaron temblando.

-No Juancho, si nos quedamos aquí una de esas carrozas nos aplastará y seremos papilla de hueso para alguien más.

-Perate Cruzalio, mira lo que brilla por allá.- señaló una mota roja que lentamente se extinguía a un lado del camino. Ambos corrieron y se detuvieron frente al cigarrillo de hierba verde que aún humeaba.

-¿Será comestible? –preguntó el pequeño.

-No, es fumable –contestó el otro-. Lo que necesitamos son bolsas de frituras, latas de refresco o cerveza con algo de contenido- las palabras se convirtieron en sollozo-. ¿Cómo le vamos a hacer para alimentar a nuestros cientos de hermanos?

Cruzalio ya estaba pegado al cigarrillo dando semejantes chupadas mientras su compañero lloraba amargamente.

-¿Qué haces tú? Te va a nublar la mente y aparte de buscar comida voy a tener que cuidarte. –dijo molesto Juancho.

Pero el ratoncillo contento, dejó el cigarro a un lado percibiendo las agradables sensaciones en su cuerpo. No sentía hambre. Su cuerpo se hizo grande grande, y se sintió tan fuerte como un súper héroe.

Lejos en el camino escucharon el freno hidráulico de un gran camión, y sus luces iluminaron el rostro lloroso de uno y contento del otro.

-¿Quieres comidaaa? Ahogrita te la voy a dar… hic… ya verásss…

El ratoncito se adelanto y camino en medio de la carretera, exactamente frente a las luces del camión que se acercaba rápidamente a ellos.

-¿Qué haces Cruzalio? Quítate de ahí que no van a quedar ni tus huesos si te atrapa una de sus llantas. –gritó desesperado su compañero, y antes de poder correr para apartarlo el camión ya estaba frente a él.

Se escuchó un booooooommmmm terrible y las llantas traseras reventaron. El camión frenó frenéticamente y mientras lo hacía el ratoncito levantó su brazo en señal de alto. Las defensas del enorme camión quedaron apenas por encima de las orejitas del ratón. Las cuerdas que amarraban la carga se rompieron ante la brusquedad del enfrenon y cientos de melones, sandias, manzanas, peras, elotes, jitomates y demás verduras cayeron como del cielo.

Juancho ahora lloraba pero de alegría al ver la comida que inundaba los alrededores del camino. De inmediato sus hermanos, cientos de ellos salieron de sus escondrijos y cargaban la fruta y verdura hacia sus ratoneras mientras muchos de ellos obligados por el hambre devoraban lo que alcanzaran.

El chofer bajó del camión sorprendido ante su infortunio y exclamó enojado:

-Ahora tendré que sacar el gato hidráulico para cambiar las llantas.

-No, no, no –dijo el ratoncito que aún seguía a la mitad del camino-, hic… a mí no mie amenaices ni con un gatroo hidráulico, mecánico o robotizado… hic… porque aparte de darles en toda su… hic… te volteo el camión.

Salud para todos.

martes, 22 de noviembre de 2011

El Alacrán y el aprendiz

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Un aprendiz de monje caminaba perdido en sus pensamientos entre los pequeños riachuelos que surcaban la frondosa hierba debajo de piedras tan anchas que asemejaban techos de antiguos y naturales monasterios.

-Debes ayudar a los demás como si de ti mismo se tratase –pensaba una y otra vez. Ni siquiera el eterno golpeteo de las gotas que caían de la roca a los riachuelos lo distraía ni un instante.

Entonces un movimiento le hizo perder la concentración. Algo se agitaba dentro del agua, a la mitad de un pequeño estanque, y que al estar siempre liso como un espejo las ondas de la agitación atrajeron su atención de inmediato.

Un alacrán de gran tamaño había caído en el estanque y por más que luchaba y se esforzaba por avanzar para salir del agua, su ancho cuerpo lo hacía hundirse irremediablemente. Sus delgadas patas no eran suficientes para empujarlo, ni siquiera sus fuertes y enormes pinzas lo mantenían a flote.

-¡Ayudar!-pensó para sí el aprendiz, y sin pensarlo metió la mano y sujetó al alacrán.

Al sentirse a punto de morir el alacrán arremetió contra aquel que lo sujetaba atacándolo con su cola.

El aprendiz soltó al animal al percibir el agudo dolor del aguijón y éste cayó al agua ahogándose nuevamente. Asustado el joven sacó del agua una vez más al alacrán y sin esperar a tomar aire el animal volvió a atacar con su cola.

Atraído por el auch del aprendiz y el golpe en el agua del animal un monje de edad avanzada se acercó a ver de cerca lo que sucedía. Antes de escuchar las sabias palabras de su maestro el aprendiz de inmediato aseveró:

-Mi naturaleza está en ayudar, y eso es lo que hago. Si no lo saco del agua morirá pero si lo intento me picará

-La naturaleza del alacrán está en picar-contestó el monje quien tomó una hoja larga que descansaba sobre la hierba, se la acercó al animal y ayudado por sus tenazas se sujetó de ella. El monje los depositó a ambos sobre una roca seca y limpia. El alacrán de inmediato corrió hacia el sol-. Jamás cambies tu naturaleza a pesar de que alguien no quiera ser ayudado, o seas traicionado o rechazado; simplemente hazlo con más cuidado.

Salud para todos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Por si tenían dudas…

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Jeje, por si tenían dudas del tamaño de la ventana que les hablé en el post de Flores Lilas.

Salud y buen fin de semana

jueves, 17 de noviembre de 2011

El apapacho de un libro

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¿A poco no se siente así uno cuando lee? Mis primeros libros de lectura y dejando a un lado los estrictamente escolares (de los cuales nunca en todo el tiempo me pidieron leer un libro) fueron los de Sandokan y los tigres de Mompracem. Uyyyy, muy bueno. Luego me refine Viaje al Centro de la Tierra y Miguel Stroggof de Verne. En ese entonces todavía me costaba leer. De eso que tenía que regresarme dos líneas arriba para releer y entender.

Poco a poco mi cerebro y mi vista se acostumbraron a la carga de letras, palabras, conceptos, nuevo vocabulario incrementando la velocidad en mi lectura y en mi comprensión. Pero cómo sufría con los protagonistas. Recuerdo un libro llamado La Ciudadela, que trata de un médico de las Galias que le cuesta mucho salir adelante, que inclusive hasta para titularse como tal tiene que viajar a Londres y presentar un examen pero de esos buenos, que hasta en Latín tienes que hablar y escribir. La historia es muy buena aunque llena de tragedias como de alegrías. Sufrí mucho con ese libro.

Después continué con los libros de Asimov, la saga completa de la Fundación y la saga de los Robots. Buenísima. La escena donde dos robots están parados a lado de la puerta y que con zumbidos electrónicos, completamente desconocidos para los humanos se comunican entre ellos, y la plática, una conversación en relación a los pensamientos y caprichos humanos, simplemente excelente.

Y ya de ahí me convertí en un devorador de letras. Válgame dios. Inclusive me reclaman cada vez que empiezo un nuevo libro, y eso lo hago cada vez que termino uno. Ajá, prefieres el libro que a nosotros, etc… Pero hay algo que se genera entre el autor, que es lo mismo entre las hojas escritas y el lector que es muy difícil de explicar. Es como cuando inicie el libro de Harry Potter, que cuando en un viaje de trabajo desde el aeropuerto veía toneladas y toneladas de esos libros. Recuerdo que solo estaban a la venta HP y la Piedra Filosofal, HP y la cámara secreta, HP y el prisionero de Azkaban, y las portadas atraían mi mirada pero algo me decía que eran para muy chicos. Qué equivocado estaba. Compré el primero y en menos de tres días lo terminé. Eso que se da entre el libro y uno te jala dentro de las entrañas de esas páginas metiéndote en el castillo, con los amigos de HP, con sus enemigos, con todo ese mundo fantástico. De inmediato compre los dos siguientes que me los leí en menos de una semana, ambos.

Eso es lo que no te deja o no te permite que abandones el libro sin antes terminarlo. Es lo que te dice quiero llegar a la ultima pagina. Los invito a todos a hacernos el propósito de leer por lo menos un libro al mes. Sí, es mucho tiempo para un libro. Miren, si le dedicas unos minutitos en la noche, cuando estás en la cama o cuando estas descansando, bien se puede uno leer unas 10 páginas. En 30 días habremos leído 300 páginas, lo equivalente a la cantidad regular de páginas de un libro común. En un año habremos leído la extraordinaria cantidad de 12 libros.

Y no mencionen que el problema es que no hay mucha variedad. ¿No? Basta solo con que entren a una librería y les de un mareo de tanto libro. Así me pasa. Voy seguro por un libro que traigo en mente, por ejemplo Los Juegos de Hambre y después de revisar por horas y horas (aquí igual recibo cientos de quejas tanto de la mamá como de los niños) la sección de CF y Fantasía, la sección de Historia y los Best Sellers, termino con La Cúpula de Stephen King.

De verdad, no se queden con las ganas y esto háganlo como todo, al principio lentito, poco a poquito pero conforme madure su nervio óptico y su parte cerebrica para leer, agárrense porque ya no paran.

Salud para todos

martes, 15 de noviembre de 2011

Nefastos

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Cómo hay gente payasa y nefasta. De verdad que te los encuentras en todos lados y mira que no tiene que ver con el si tienes dinero o no tienes universidad. Creo yo que hasta los más nefastos son los “más educados”, aquellos que tienen carrera universitaria, maestría o hasta un Doctorado.

Eso lo sé muy bien. La buena educación, el porte, el orgullo de ser tú y nada más que tú se mama, no se adquiere con “la escuela”, se nace con esto y ni pex, así son las cosas. Y no es de que me han contado, no, es algo que yo mismo lo he visto y les apuesto que ustedes también. Esas personitas que se sienten letrados por su titulo a pesar de que jamás han tocado un buen libro de literatura universal, es más les preguntas quién es Dumas, Verne y te miran con sus caras de idiotas con un What??? Impresionante.

Eso es una de las cosas por las cuales doy las gracias, estar del otro lado de la línea, aquella que separa los imbéciles de los que no lo son. Gracias, de verdad y con todo corazón.

Es increíble que, quienes tienen más acceso a la información debido a su situación económica y de coeficiente intelectual sean los que menos leen. De verdad, así es. Aquellos que ves en sus carros de lujo o como los que mencioné que tienen su maestría, esos, no leen.

Debería ser al revés ¿no?, que la gente humilde, los trabajadores que nos esforzamos día a día para llevar alimento a nuestras casas y que de acuerdo a los precios en México de un libro, sea un lujo el comprar uno. Claro, si no te alcanza pues no compras libros y si no tienes pues no lees, y la ignorancia te suma en más pobreza y más carencia de todo.

Se los explico. En México tenemos una librería, una, como todo lo que tenemos en México, una librería que la encuentras casi en todos lados y vende muchos libros, tiene el nombre de un hindú que asesinaron por proteger sus principios (ni crean que le voy a dar promoción), y en la cual encuentras de todo pero eso sí, a muy alto costo. Y digo no es para menos si al entrar en sus instalaciones con piso de madera, estantería de lujo, empleados de piel blanca pues cada libro te cuesta normalmente de los $200 pesos hasta los $500. Diremos que en promedio un buen libro que está anunciándose como best seller te vale unos $350 pesos.

¿De oferta? Sí, algunas veces sacan sus ofertas pero siempre son aquellos libros “viejitos” y de cubierta blanda. Bueno, con decirles que cada vez que voy tengo, sí, tengo que salir con uno sin importar el precio, aunque después coma frijoles y arroz por una semana.

Sigamos. De todas las librerías que han abierto en muchos lugares ¿Cuáles creen ustedes que han cerrado? Si continuamos con la lógica digamos que aquellas que cierran son las que pusieron o colocaron en colonias o barrios medios o pobres, donde las familias prefieren comer a leer. Pero nooooo, aquellas que han cerrado por falta de lectores son las que abrieron en las “zonas lujosas”, en los barrios residenciales. Ajá, seguramente le quedo el ojo cuadrado ante tal noticia que es completamente verdadera.

Así que la próxima vez que se tope con un imbécil, enfréntelo, no le tema, pues no importa si tiene Doctorado o mucho, harto dinero. Ya vio usted que de nada le sirve pues lo imbécil jamás se le quitará.

Salud para todos.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Flores Lilas

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Mitad de Noviembre, así de rápido se pasa el tiempo. Yo que con tanto entusiasmo y emoción espero anhelante el mes de diciembre para la Navidad. Sí, me encanta la Navidad, por lo que es y por lo que significa. Y no crean que sea por el nacimiento y esas cosas religiosas, sino por Santa, los juguetes, el árbol con sus foquitos multicolores, las canciones de navidad, los adornos, el ponche, las reuniones con los amigos y la familia, las posadas, las piñatas, todo. Pero sí, cuando menos te das cuenta ya llegamos a Diciembre, y es más, hasta inicia el año próximo.

Este blog ya cuenta con dos añitos y medio, escribiendo de todo un poco y con la excelente cantidad de 67 seguidores. Claro!!! Muchos dirán pero hay blogs con trescientos o más… y tú qué?, eso no importa, me basta calidad que cantidad, pocos pero se detienen a leer lo que uno postea.

Y este es la tercera vez que participo en los 20blogs de España, dicen que más vale ser constante… jeje… Ojala y algún día gane un buen lugar.

Desde la ventana de mi lugar de trabajo, que es bastante amplia, recién que entré a trabajar harán ya casi 8 años, en esta época observaba a un señor con su hijo que paseaba unas ocho o diez ovejas metiéndolas al parque industrial. Y es que a un lado de la empresa hay una calle cerrada al tránsito de automóviles pero al final el muro se abre permitiendo el paso de los caminantes a la colonia que está pegada al parque. Cuando pasas por ahí, que generalmente me aventuro debido a una tiendita que vende mucho más barato que cualquiera dentro del parque, es un campo abierto con hierba que en el mes de Septiembre y Octubre se cubre de unas florecitas violetas. El campo medirá unos cien metros y después uno se encuentra con las casas y las calles de la gente que habita ese barrio. Les aseguro que era parte de una hermosa pradera surcada de riachuelos llenos de peces, ranas y tortugas. Es probable que el señor venía de una de esas casas, y cuando sus ovejas se hartaban de comer se las llevaba a pasear por algunas calles del parque y mira que nadie le decía nada, al contrario, en esta era tecnológica y ver todavía a un pastor con sus ovejas es algo tan extraño que le permites el paso.

Tan extraño que ya tiene cuatro años que no los vemos. Ni al señor, ni a su hijo ni a las ovejas y al perro que los acompañaba. Y hablando de perros recuerdo un pastor alemán cachorro que lo veía por la ventana corre y corre en la acera del frente hasta alcanzar la esquina. No sé si acompañaba a alguien a tomar el camión o lo esperaba, el asunto es que todos los días ese cachorro corría hacia la esquina de la empresa y luego regresaba. Era un perro juguetón y muy sano. Luego lo vi pasar como perro adulto corriendo igual a la esquina y de regreso. De grande era un perro muy galante y bonito, un verdadero pastor alemán. Igual que las ovejas, de pronto un día noté que el perro no había pasado, no recordaba cuándo había sido la última vez que lo había visto correr en la acera de frente.

Tenemos implantado en nuestro corazón y en nuestra mente el sentido de la eternidad, creyendo que vamos a estar aquí, en este mundo para siempre, cuando en la realidad las cosas no son así. Y creo yo que este sentido se lo damos a las personas y a las cosas, como a las ovejas y al perrito que te acostumbras tanto a verlos que no entiendes el por qué ya no pasan como antes lo hacían.

La hermosa chica, el borrachín, el trajeado y bien planchado, la señora chismosa, el de la leche, o la jovencilla que atiende las tortillas, todos ellos forman parte de tu mundo, porque es gente con la que de una u otra forma tienes contacto, como al comprar las tortillas, al platicar fuera de la casa, al asomarte por la ventana, al barrer la acera de tu casa. Y como en todo, cuando ya no son o dejan de estar ahí donde tú sabías que estarían, duele y duele mucho porque te das cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y de que nada es para siempre. Es como las flores lilas, tan pronto como caen las primeras heladas ese manto violeta desaparece.

Salud a todos y buen inicio de semana.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Incoherencias

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Creo que generalmente no somos muy perceptivos hasta que nos pasa algo, es decir que no notamos aquellas cosas que no nos importan, por ahora, hasta que algo, una situación, una acción, un lugar nos da a notar eso que antes no era importante para nosotros.

Como ejemplo de esto es cuando mi esposa estuvo embarazada de Eli, con su barriga a punto de estallar, cuando nos preocupábamos de que no caminara demasiado, que no se esforzara, pues viendo el tamaño en cualquier momento el chamaco saldría corriendo, pero recuerdo le decía, no importa amor, si se sale el chiquillo le das un tirón con el cordón umbilical. El caso es que en ese momento y durante los últimos tres meses de embarazo cómo vi de embarazadas. De repente decía: a jijo, de donde salió tanta panzona, ¿qué es la moda? Todos tenían frío o qué…

Y esto pasó de igual forma cuando nació, en todos lados hartos bebes, ya lo sé, todas aquellas que vi en el pasado pues dieron a luz, ni modo que hubiera sido una indigestión, que ha habido casos, ha habido casos.

Ahora que ha pasado el tiempo y el menor tiene sus ya bien recorridos tres años y medio, de verdad que no he visto a una sola embarazada, ¿on tan? Qué, de pronto les dio pena y ya no quieren ser vistas en la calle o qué…

Y creo que esto aplica a todo.

Pasando otro tema hace unos momentos fue espeluznante y háganlo pa que ustedes también se asusten. Hoy que es el 11 del 11 del 11 llega una chica y dice: No se burlen del poder del cosmos (es que le dije que hoy, al alinearse con la hora 11 del minuto 11 con el segundo 11 gritaré: Fuuuuuuuaaaaaaaaaa, pero creo que no le dio gracia), no se burlen de lo desconocido pues hoy las energías se encontrarán entrelazadas. Y me pregunta qué año naciste, le digo 72, y cuantos años cumpliste en este año, 39 le digo, hace la suma y tómala barbón que dan 111. Luego le preguntó a mi compañero con otro año y edad diferente y qué creen… 111. Lo hicimos con otras personas y… 111.

Ay nanita, háganlo, a ver qué les sale, pero… 111

¿Será?

Salud para todos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Lápidas para todos los gustos

 

Por si ella se va antes que tú.

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Por si él se va antes que tú.

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Para pasar el rato

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Para recordar que te cacharon.

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Para recordar tu trabajo

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Para recordar tus hobbies

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Para tomar un descanso

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Para recordar nuestro amor

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Uno que otro recordatorio

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Aquí descansa Pancrazio (echate el nombrecito) él fue un gran esposo, un maravilloso padre pero un pésimo electrícista.

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¿Cómo querrías la tuya?

Salud para todos

martes, 8 de noviembre de 2011

La Leyenda del día de Muertos

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Alcanzó la cima de la montaña más alta de todas y después de sacudirse el resto de piedras, cuchillos y cenizas de su grisácea manta de algodón se sentó sobre la nieve hundiéndose como le gustaba hasta la cintura. Desde ahí podía ver gran parte de Izteecayan, con sus cadenas de montañas cubiertas de nieve, sus caminos estrechos y ocultos que solo él conocía, y en donde a la mayoría de los espíritus les tomaba cientos de años escapar de ahí.

Lugar en el que sopla el viento de navajas, así le llamaban los vivos a Izteecayan, recordó Acomliztli. Sí, el frío era tan intenso que si detenías tu andar percibías piquetes en el cuerpo como alfileres en un muñeco. Pero la nieve, el frío y los enormes pedazos de hielo que hacían muy difícil avanzar no era lo peor de esa tierra, era el viento, ese terrible viento que bajaba por las paredes de la montaña levantando restos de hielo y rocas convirtiéndolos en proyectiles que destrozaban todo a su paso. Parecía que ese viento tenía vida propia pues gruñía al pasar cerca de los espíritus que se escondían debajo de un glaciar o se resguardaban dentro de una grieta. Subía molesto hasta la punta de las montañas para recorrer cada centímetro de esa extraña tierra arrastrando a los más débiles, a aquellos que no lograban protegerse para extraviarlos nuevamente ocasionando que jamás salieran de Izteecayan.

Solo Acomliztli sabía que efectivamente ese viento tenía vida propia, y como no saberlo si ambos conversaban por largo rato cuando el dios escogía una montaña para descansar de sus labores. Al frente de él nubes oscuras sobre el manto gris se unían produciendo poderosos relámpagos que estallaban en sonidos ensordecedores.

-¿Algún esfuerzo inútil de vivos que quieren entrar en el mundo de los muertos señor? –preguntó una voz susurrante, era como escucharla en todos lados, como si la voz lo rodeara por completo.

-Mi querido Ehecahuacqui, no entiendo a los vivos, la mayoría de los que se encuentran aquí darían lo que fuera para estar con ellos, pero se obstinan a entrar al Mictlán.

-Si de obstinación me preguntas, yo mismo te puedo hablar de este vicio o virtud –el viento levantó la nieve hasta formar una silueta que imitó la posición de Acomliztli-. Mírame a mí, que mi labor es hacerlos desistir. Todo aquel espíritu que llegue a mi tierra debo hacerlo perderse, estremecerse con mi temperatura, obligarlo a tirarse en la nieve, forzarlo a esconderse. Su piel y su carne son desgarradas por mi fuerza y ¿crees que se dan por vencidos? No. Sin importar cuantas veces los pierda, cuanto sufrimiento llevan por las fisuras de su piel, sin importar el cansancio, el hambre, el sueño, lo intentan una vez más –una carcajada ahogada brotó de la silueta­-. Eso lo hace más entretenido.

-Yo mismo lo he visto amigo. En las tierras de Paniecatacoyan, más adelante de aquí, donde las montañas no son y un desierto estéril y frío se abre hasta el horizonte –Acomliztli señaló a dos espíritus con el mismo aspecto que tenían en vida, con ropas sobre sus cuerpos y cubriéndose sus caras con trapos sucios y viejos, huían alejándose de ellos-, logran salir de ahí para continuar con su camino, el cual es escabroso pues cuatro tierras más, igual de peligrosas los esperan más adelante.

-Así es señor y dime ¿Cuántos de estos espíritus se han quedado en nuestras tierras? Una vez, no hace mucho, un jovencillo que había servido de Tameme en una guerra florida fue decapitado por no obedecer las órdenes de un general, y vaya que si el muchacho era distraído, se quedo en mi tierra logrando los quinientos años. Nadie había permanecido a mi lado por tanto tiempo, y cuando empecé a apreciarlo escapó de aquí.

-Simplemente les mostramos que es difícil llegar a Chicunamictlan, la tierra del descanso eterno, donde su tetonalli o alma es liberada para descansar a lado de los dioses y de sus seres queridos. Para llegar hasta ahí se necesita desearlo con todo lo que tienes en tu interior y para demostrarlo solo basta con probarlo en cada una de las nueve tierras del Mictlán. Pero aún así estamos hablando de los muertos, no de los vivos, quienes todavía tienen mucho qué hacer en su tierra ¿por qué quieren entrar aquí?

-No lo sé mi señor pero creo que alguien sí lo sabe. El cuidador de la tierra de Teocoyocualloa, lugar donde las fieras salvajes devoran los corazones, él podrá contestarte tu pregunta.

-Gracias amigo –el hombre se levantó y la silueta se convirtió en un torbellino que estalló arrojando aire en todas direcciones-, iré hacia allá solo para calmar esta inquietud acerca de los vivos.

-En tu regreso podrás explicármelo pues has generado curiosidad en mi –el viento bajó por la pared de la montaña arrastrando y desgarrando todo a su paso-, pero tengo que trabajar ya que diez o más han logrado escapar de mi tierra.

Así Acomliztli atravesó Paniecatacoyan, la quinta tierra de las nueve que comprendían el reino del inframundo o el Mictlán, formada por un gran desierto tan frío que congelaba a los cuerpos en poco tiempo obligando a los espíritus a mantenerse en movimiento. Este desierto a su vez estaba dividido por ocho páramos, de paisaje rocoso y poca vegetación. En el primer páramo miles de millones de hormigas cazaban y perseguían implacablemente a aquellos que lograban alcanzar esta tierra. En el segundo, abejas y avispas de largo y venenoso aguijón volaban en busca de los que superaron a las hormigas. En el tercero, pequeñas y negras arañas de vientre abultado pero de patas delgadas devoraban hasta dejar en los huesos a aquellos desgraciados que eran alcanzados y en el cuarto páramo eran recibidos por tarántulas de grandes colmillos que eran muy difíciles de vencer. En el quinto parecía que el suelo se movía por sí mismo pero lo que provocaba ese efecto era el movimiento de miles de serpientes que tapizaban por completo todo ese páramo. El cielo del sexto era cubierto por la negrura de las plumas de miles de cuervos que volaban picoteando y arrancando la carne de los valientes, y en el séptimo bestias peludas de filosas garras y colmillos perseguían desalmadamente sin dejar salir a nadie de su páramo. El octavo era el más terrible pues al entrar en ese páramo pequeñas chozas que bañaban con olores exquisitos el aire fresco recibían a aquellos refugiados, que al sentirse a salvo bajaban la guardia y eran recibidos por hombres y mujeres que se alimentaban de su carne persiguiéndolos sin clemencia hasta convertirlos en deliciosos platillos de comida.

Caminó por el estrecho sendero de Timiminaloayan, la sexta tierra donde saetas y flechas volaban de todos lados clavándose en la carne de los espíritus que transitaban en su camino. Y cada vez que avanzaba a través de esas tierras conocidas para él, le era todavía más inquietante el ser testigo de esa poderosa obstinación que le daba fuerza y energía a esos espíritus para continuar avanzando sin importar los peligros ni la distancia hasta alcanzar su meta.

Por fin llegó a la tierra de Teocoyocualloa, lugar donde la vegetación era abundante como la selva. Los árboles crecían alto, tan frondosos que ocultaban la luz del sol y de ellos colgaban enormes frutas que invitaban a ser comidas. Riachuelos de agua clara surcaban el suelo entre la alfombra verde de la hierba con algunos manchones de flores blancas, rojas y azules.

Acomliztli observó a dos espíritus que alcanzaron esa tierra. Uno de ellos era por su aspecto un joven guerrero noble que seguramente avanzó a la cabeza de su ejército siendo el primero en caer. El otro era un hombre avanzado en años y curtido por el sol, tal vez cantero o albañil. El más joven sonrió al ver las frutas y los altos árboles se inclinó sobre un riachuelo y bebió hasta hartarse. Después tomó dos frutas y se recostó sobre el suave follaje. Sin embargo el otro hombre parecía nervioso, miraba intranquilo entre la frondosa vegetación y animaba a su compañero a que continuaran caminando, pero el más joven se negó a levantarse. Aquel no esperó por más tiempo y continuó su camino perdiéndose entre los gruesos troncos.

De unos arbustos, un animal parecido a un puma con cuerpo de oso saltó con increíble agilidad cayendo sobre el joven. De un zarpazo arrancó su corazón aún latiente y la fiera corrió entre los árboles. El joven asustado de verse el gran agujero en su pecho y habiendo perdido su corazón corrió detrás del animal quien de otro salto pasó por encima de un gran río y luego subió una pendiente que terminaba en una pirámide roja. El joven guerrero intentó cruzar el río pero le fue imposible, caimanes y cocodrilos nadaban en él arrancando con sus enormes fauces pedazos de carne y hueso.

Acomliztli entró en la pirámide roja, teñida por ese color gracias a los corazones que eran depositados en la punta de la misma por esas bestias. La sangre escurría bañando las paredes y esos corazones latían nerviosamente hasta que sus dueños los alcanzaran nuevamente. Ahí estaba Aztlancui, el cuidador de la tierra de Teocoyocualloa. Su piel de oso cubría su cuerpo huesudo y su cara felina sonrió al ver su visita.

-Mi señor, es muy extraño verlo en la pirámide de los corazones –se inclinó ante él-. Me dicen que siente cierta curiosidad por los vivos.

-Bien enterado estás Aztlancui ¿sabes por qué quieren los vivos entrar al mundo de los muertos?

-Creo que ya sabes la respuesta Acomliztli pues eres testigo de esa obstinación. Los vivos quieren entrar por el amor y cariño que sienten hacia sus seres queridos que fallecieron bajo cualquier circunstancia. Es ese apego emocional y espiritual lo que los empuja a atravesar esa puerta que tú y yo conocemos. Ocurre lo mismo con los espíritus, es tanto su afán por conseguir la gloria de los dioses, de los valientes, que luchan sin tener en cuenta los peligros y las pruebas que hemos creado para ellos.

-Gracias por tu sabiduría Aztlancui, tengo algo en mente. – El dios se elevó por los aires mientras observaba al joven con el agujero en su pecho que brincaba al agua para ser mordido por los grandes lagartos.

En menos de un segundo posó sus pies cerca de un ancho río de aguas rojas, como sangre, era la tierra de Itzcuitlan. Un perro enorme nadaba sobre sus aguas trayendo en su lomo a varios espíritus. Al verlo se dirigió hacia él y en cuanto llegó a la orilla se sacudió quitándose el agua y su carga.

-Un honor tenerte aquí Acomliztli. –mencionó el perro sentándose sobre la arena rojiza.

-El honor es mío Xolotl. ¿Alguna vez un espíritu ha escapado del reino del Mictlán para regresar al reino de los vivos?

-Nunca. Tres espíritus, al darse cuenta que se encontraban aquí y poco después de dejarlos en esta orilla intentaron sin descanso nadar de regreso –el perro olfateó el agua y al instante brotaron brazos descarnados y putrefactos de su interior-, pero ellos los arrastraban al fondo, así que regresaban a la orilla, descansaban y lo intentaron vez tras vez. Hasta que al final, desdichados de no regresar jamás, se quedaron mirando el otro lado de la orilla por tanto tiempo que adoptaron esa forma.

Tres troncos secos y negros, con ramas delgadas que apuntaban hacia la orilla permanecían inertes, sin vida.

-Está casi iniciando un nuevo día –el dios miró el cielo gris que comenzaba a mostrar tonalidades naranjas-. He visto la fuerza de los vivos y de los muertos producida por su pasión, por su amor. El día que comenzara en un momento será llamado el día de los Muertos, el día en que los espíritus serán libres para regresar a la tierra de los vivos, no para quedarse, llamémosle, una visita de saludo y despedida de sus seres queridos. Tal vez para recordar lo que alguna vez fueron, lo que les gustaba, lo que amaban, lo que odiaban.

-Señor, tengo una idea –el perro arrancó con sus fauces rojas amarillas y redondas, se acercó al dios y las arrojó a sus pies-. Esta flor es como un fuego en la oscuridad, es la señal que les permite a los espíritus saber el camino. Si les indicamos a los vivos que coloquen esas flores en su casa o en las tumbas de sus amados, mostrarán el camino a nuestros muertos evitando que se pierdan en esa tierra ahora extraña para ellos.

-Bien pensado Xolotl. Tengo algunos mensajeros que pueden mostrarles a los vivos cómo llamar a sus muertos.

-Gracias Acomliztli, ese día será nuestro día de descanso para todos los que mantenemos estas tierras.

El dios sonrió ante la brillante idea y partió de inmediato comunicándole al resto de los habitantes su decisión. Desde entonces, cada día de muertos los espíritus escapan del Mictlán para visitar a sus seres queridos llenándose de energía para vencer las terribles tierras del inframundo.

Cuento escrito por: Tlaco, Tlaco, Tlacotzontli o sea yo.

Salud para todos.

martes, 1 de noviembre de 2011

Feliz día de Muertos 2011

Sí, he entrado muy poco en el mes pasado al blog, escaso de tiempo abundante en trabajo, gracias a dios y mis empleadores. Y haciendo un recuento de lo último que he hecho dedicado a este día de muertos fue, lo primero, leer el libro de Guerra Mundial Z de Max Brooks.

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Excelente libro, me ha gustado mucho, es muy diferente a lo que se puede esperar de un libro que trata el asunto de los zombies, o muertos vivientes. Cuando comencé a leerlo me sorprendí que los sobrevivientes a eso llamado Guerra Mundial relataran su supervivencia en esos duros días. Desde China, Japón, USA, Inglaterra, Irlanda, Israel, cada sobreviviente ofrece su relato para conocer cómo supero a esos entes caníbales. El autor en ningún momento trata o intenta explicar cómo surgieron los zombies, solo se enfoca a los ya infectados y cómo, poco a poco se propaga en todo el mundo hasta diezmar a la humanidad. De muy fácil lectura que puede acabarse en dos días, muy recomendable.

Por otro lado conseguí algunos comics, no todos de los Muertos Caminantes o The Dead Walking, ahora que tanto se habla de la serie de TV. Pues de verdad que es una historia muy cruda, fría y bastante cruel. Igual, trata de los sobrevivientes y de cómo entre ellos se unen para subsistir, mientras otros lo hacen para destruir. Aquí presentan que no hay mayor peligro que el mismo hombre, nada que ver con los zombies, muestra personas capaces de ser mucho peor que los muertos vivientes. Bastante cruda, recomendable para aquellos de estomago ya calado.

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Una película que disfruté fue la de Grave Encounters o Encuentros de Ultratumba, peli que vi anunciada en trailers de Apple pero que como muchas otras y que no están tan mal, jamás llegan a estrenarse en los cines de México, y por eso pasan a la renta en BlockBuster sin pena ni gloria. Es la historia de un grupo de personas que tienen un programa de TV llamado Encuentros de Ultratumba, y que en esta ocasión llegan al Hospital Psiquiátrico de algún típico pueblo americano para filmar un capítulo más. Filmada en primera persona y simulando que todo lo que están filmando fue real, nos lleva a una noche tétrica en donde se encierran dentro del hospital hasta el día siguiente: el protagonista del programa, el fulano que se hace pasar por vidente (igualito a esos de Extranormal), un camarógrafo, uno de sonido y una chava (que no hace nada pero tiene que haber una chava) uno a uno van desapareciendo. Tiene tres o cuatro escenas que sí me hicieron brincar y lo cual pues valió la pena el tiempo invertido. Recomendable para aquellos aficionados al género.

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Otra más que vi y ni sabía que existía fue Pandorum, una película de horror de una nave interestelar. Un tripulante despierta de su hipersueño para encontrarse encerrado en un compartimiento. LA nave es gigantesca, del tamaño de una ciudad y su carga son 60 000 personas que van a colonizar un nuevo planeta, pero, aquí empieza lo bueno, un fulano deja salir a unos cuantos que gracias a unas toxinas que fueron inyectadas antes de hibernar, estos que permanecen despiertos mutan, convirtiéndose en unas cosas horribles que devoran la carne humana. El protagonista se da cuenta de que está solo junto con su teniente y tiene que llegar hasta el reactor para evitar que, aparte de perseguirlo estos seres horribles, la nave estalle en mil pedazos.

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Como pueden observar me dedique al tema del horror durante el mes pasado y creo que principios de este, jeje, todavía tengo algunas películas y qué decir de algunos juegos, y libros relacionados al horror que no puedo hacerlos a un lado, ya les platicaré que tal estuvieron.

Por otro lado les recuerdo que ya está la Feria del Alfeñique en la ciudad de Toluca, solo por pocos días, y si quieren una calavera de azúcar, chocolate, dulce y pan pues vayan que pueden encontrar cosas de dulce muy ricas y de colección.

Si voy prometo tomar fotos y compartirlas con ustedes.

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Buen día de muertos para todos.

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