jueves, 21 de julio de 2011

Dead Rising–Juego

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Les quiero presentar, para aquellos que todavía no lo han disfrutado, del juego Dead Rising. Yo me he divertido bastante matando cantidades exageradas de zombies que te persiguen todo el tiempo.

La historia del juego es que algo ha sucedido en una mini ciudad muy típica al estilo norteamericano en donde todo les pasa (se pierde el ET, cae una baba devora hombres, o se contagian de virus mutantes, o adoptas a un niño que cae del cielo en una nave espacial y se llama Kal-El, etc…). Tu eres un reportero que anda en busca de la historia que lo lanzará al éxito y sobrevuelas en un helicóptero en busca de eso, cuando te acercas al pueblucho y ves que un grupo de personas devora a otros que yacen en el suelo, otros que rodean a una chica en el techo de un edificio se arrojan sobre de ella para comérsela, y asuntos por el estilo que al final te encuentras que todo un centro comercial está rodeado por miles de miles de zombies.

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Le dices al piloto que te deje en el helipuerto y él promete pasar por ti en 72 horas, tu misión: sobrevivir ese tiempo hasta que vengan por ti.

Aquí es cuando inicia realmente el juego. Entras al centro comercial y te piden que ayudes a colocar barricadas con cualquier cosa que encuentres. Cuando corres por una banca o lo que sea cambia a un video donde una vieja loca grita desesperada por su perro, y al verlo que está entre los zombies abre la puerta para salvarlo ¿y qué creen? La horda de zombies entra con harta hambre.

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Lo que más me gusta del juego es que puedes agarrar una pantalla, un palo, un tubo, una banca 8que es mi herramienta favorita) para defenderte y destrozar a los zombies. Ganas muchos puntos si encuentras sobrevivientes y los pones en buen resguardo pero esto es muy difícil de lograr.

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En el transcurso del tiempo te asignan unas cuantas misiones y en ellas te encuentras a maniáticos que intentan matarte, aparte de los muertos vivientes que te quiere devorar, y deberás enfrentarlos hasta acabar con ellos.

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Todo pasa en el centro comercial, lleno de tiendas donde puedes cambiarte la ropa, zapatos, puedes agarrar armas, encontrar comida y líquidos que serán para mantenerte vivo, y encontrarás sobrevivientes.

Traes una cámara y podrás usarla para tomar hartas fotos que te darán puntos entre la toma sea sobresaliente.

Ya salió la parte 2, habrá que adquirirla y ver que tal viene el juego.

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Salud para todos.

miércoles, 20 de julio de 2011

Toluca la bella

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Recuerdo las visitas a mi tía Rosi en Toluca. Mi papá no nos dejaba subirnos al auto si no traíamos las chamarras (que prácticamente eran colchonetas con cierre) abrochadas hasta el cuello y listas para Toluquita. Los enormes pinos que bordeaban la serpenteante y peligrosa carretera eran una señal inequívoca de que para allá nos dirigíamos, al igual que los intentos de cabañas con letreros por doquier de “truchas, conejo y borrego asado” de la Marquesa (zona comercial entre el bosque a un lado de la carretera federal donde cabañas restauranteras ofrecen sus servicios acompañados de renta de caballos, motos, ahora la moda es el rapel inundado de defeños que escapan de la contaminación durante los fines de semana).

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La entrada a la ciudad era lenta, lentísima, pues mi papá nos decía “ya llegamos” ajá, pero al inicio de la Avenida principal porque todavía le faltaba media hora más para llegar. Recuerdo los grandes letreros que decían “Toluca la bella, Toluca la limpia” y de verdad que quedo en el recuerdo porque hoy es un completo asco, es más, antes por lo menos en cualquier calle, y eso me asombraba, encontrabas botes de basura para no tirarla en la acera, cuando en el presente los únicos que existen son los que tenemos en casa. Llegábamos a la casa de la tía y ya saben, los papás con los tíos y los abuelos conversando, se olvidan de los chamacos quienes salíamos a la calle para “jugar” y lo pongo con comillas porque no podíamos movernos debido a las chamarrotas, pero te las quitabas y hacía un frío que penetraba hasta los huesos. El clima de Toluca siempre era cielo azul con manchones de nubes espesas y blancas, de esas que parecen que llevan prisa y van bajito, muy bajito, con un viento helado que de inmediato te ponía las mejillas y la nariz coloradas como reno de Santa Claus. Corríamos a pararnos bajo los rayos solares que pasaban entre las nubes y no calentaba, solo un poquito.

Aburridos de no movernos y con mucho frío entrabamos a la casa de mi tía. Ahora si nos quitábamos los cobertores de encima y mientras los grandes platicaban de cosas sin importancia (para nosotros) jugábamos con los juguetes de nuestro primo.

No faltaba que de pronto nos avisaban que íbamos a comer fuera y a abrigarnos nuevamente, hasta mi tía nos prestaba bufanda, guantes y gorra, y qué bendición pues a donde fuéramos hacía un frío que los pájaros caían del cielo congeladitos, hechos hielo (no, no era para tanto).

Un poco más creciditos evitábamos salir a la calle a cualquier costo, era mejor quedarnos a ver una buena película (que para conseguirla mandábamos al primo que ya estaba curtido en estos climas helados), ordenábamos hamburguesas vikingo (hamburguesa de medio kilo de carne y del tamaño de una pizza familiar, siiiii, aunque no lo crean, es más, la entregaban partida en cuatro partes pa que te la pudieras empacar) y nos tapábamos con unas mantas híper calientitas.

Algunas veces nos llevaban a conocer el Cosmovitral, con sus vitrales y sus bellos jardines, y que la verdad de niño esas cosas no te llaman la atención, así que nosotros corríamos entre los arbustos para ocultarnos y caerle de sorpresa al primo cuando pasará por ahí.

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Recuerdo el centro con sus portales, y la famosa tienda que vende dulces típicos mexicanos muy ricos (pero así de caros, todavía existe la tienda pero esos precios no más pa extranjeros). Caminábamos ahí recorriendo todas las tienduchas para que mis papás o los abuelos compraran suvenires (como si estar a una hora de ahí fuera motivo para un suvenir) y ya cuando a uno de mis primos o a mi hermana se le caía una oreja o la nariz debido al frío pues nos regresábamos a la casa de mi tía (casi un día le tiro la nariz a mi hermana pero no fue por el frío sino con el palo mientras me toreaban con una piñata).

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Cansados y cuando la mayoría de primos y hermanos sedados por el chocolate caliente estábamos a punto de caer dormidos, era típico que los padres se les ocurría partir, y entonces todo modorro (estado físico donde los parpados se pegan y te cuesta mucho abrir los ojos, el sentido del caminar se pierde y no puedes ponerte de píe, y el frío te pega por todas partes) te subías al auto rogando que prendieran la calefacción para dormir bien de ahí a la casa en el defeño.

Después de muchos años, y la llegada de los defeños a estos lugares fríos, húmedos y verdosos el clima cambió, dejándonos únicamente recuerdos de lo que algún día fue y no será jamás, Toluca la bella, Toluca la limpia.

Salud para todos.

lunes, 18 de julio de 2011

Cinema

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El fin de semana recordé lo mucho que me gustaba ir al cine, y no quiero decir que ahora no me guste, solo que todo era diferente.

Mi papá pasaba por nosotros en el vocho verde botella, por mi mamá y mis dos hermanas como a eso de las 6 de la tarde. Emocionados veíamos que mamá ya llevaba en sus piernas una bolsa con tortas de jamón, huevo o guisado (que eran exquisitas) y para pasarse el bocado refrescos y leche. Conocíamos a perfección el camino, así que sin siquiera mencionar el lugar a donde nos dirigíamos bien lo sabíamos.

Una cola de diez o más autos nos esperaban por delante. Mi papá siempre bromeaba con que nos ocultáramos en la parte trasera pues estaba prohibida la entrada a los niños pequeños. Recuerdo que nos cubríamos con una cobija para el frío y al momento de estar en el acceso ni respiraba.

Pagaba la entrada que era no por persona sino por automóvil, pasábamos como veinte topes y al girar veíamos sorprendidos la enorme estructura de la pantalla de cine. Era el autocinema de Lindavista en el DF.

El auto se detenía y los niños corríamos hasta el intento de parque sobre el área verde que estaba debajo de la gigantesca pantalla, tenía algunas resbaladillas, columpio y subi baja. Los carros llegaban y ocupaban sus lugares conforme el tiempo avanzaba. A veces hacía frío pero no me importaba, corría de un lado a otro solo esperando el momento de que la película iniciara.

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Debajo de una estructura de metal pendían las bocinas (cuchonas que a veces se escuchaba muy agudo o muy grave) y un techo protegía el parabrisas de los chubascones que podían caer durante la noche.

La película comenzaba y todos los niños corríamos de regreso a los autos, bajo el calor de las cobijas y la calefacción. Recuerdo haber visto ahí El Submarino Amarillo de los Beatles. Lo genial era que pasaban dos películas, dooooos, y cuando una terminaba había una cafetería o tienda que vendían unas malteadas deliciosísimas enlatadas que siempre quería que me compraran y mamá siempre salía con que “ya les llevo leche” snif.

Muchos años asistimos al autocinema, hasta que ya un poco mayorsín me gustaba sentarme fuera del carro al frente de la defensa para según yo, ver mejor. Je, lo que veía mejor era unas ratas del tamaño de Rottweiller que corrían entre los autos llevándose a los niños con aspiraciones adultas que querían ver la película sin distracciones de los padres. De verdad que recuerdo sus ojos de fuego, redondos como canicas y como jalaban de mi camisa para arrastrarme con ellos hasta sus nidos donde niños como yo colgaban atados de sus patitas y parcialmente devorados ¡brrrrrr! Todavía se me pone la piel chinita no más de acordarme.

Ya de ahí dejamos de asistir al cine, aunque la mayor de las razones era que en la segunda función ya pasaban películas para adultos, que mi padre huía con el vocho dando trompicones mientras yo todavía veía a muchas chicas que enseñaban sus flemitas debido al terrible calor del lugar donde se encontraban.

Recuerdo también que cuando visitábamos a los abuelos en Satélite pasábamos por su autocinema y veíamos un pedacito de la película.

Esas viejas épocas, que bien me la pasaba. Existen rumores que pronto abrirán un nuevo autocinema en Coyoacán (tenía que ser, en la zona “cultural” del país [como si de veras existiera], en lugar de escoger lugares como la playita ¿no? Sería genial), donde ya no existirán lo de las bocinitas, y esto gracias a la nueva tecnología, pues transmitirán el sonido a través de FM para escucharlo en el auto estéreo. Genial.

Además que solo exhibirán películas clásicas y muy buenas. Creo que la primera será El Resplandor, uuuuuuufffff.

Ojala sea todo un éxito y vuelvan a estar de moda.

Salud para todos.

viernes, 15 de julio de 2011

Pensamientos de fin de semana

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Pero qué bárbaro… esta semana estuvo cargada de sorpresitas, pero no de las que abres apresuradamente para ver qué es… no, de esas que te dan ganas de patear #%&$#... bueno, desde principios de semana una grúa se llevó mi auto, pero no lo hizo porque estuviera mal estacionado, o que yo, conociendo las leyes y prohibiciones del parque industrial donde laboro quebranté las normas y me gané a pulso lo merecido. No, prácticamente fue un robo, lo sustrajeron de un estacionamiento, el de un área comercial y se lo llevaron (snif).

Por fortuna y gracias a la buena cantidad de neuronas recibidas desde mi concepción acudí de inmediato al corralón donde de lejitos pude ver mi adorado automóvil. Lo gracioso (snif) es que el fulano que atiende este negocio redondo me reconoció de inmediato:

-Tú eres el #$%$# del automóvil color #### (y no porque me conociera, jamás lo había visto en mi vida, de plano fue por lo obvio que llegó el auto y yo pocos minutos tras de él)

Y con una pinta que daba miedo: cuerpo de cervecero (como barril), tatuado de un brazo desde la muñeca hasta lo que ocultaba su playera, prieto (y no tengo nada contra los prietos pero este wey daba miedo) y balbuceaba repetidamente:

-Para mí me tienes que dar $$$$ y sacamos tu auto pero tienes que hablar con el de transito para que te dé su cuota y lo libere, sino yo no te puedo ayudar, ah, y soy de Michoacán.

Este es de la Familia, pensé, y me está amenazando (snif) al tiempo que marcaba en su teléfono el numero del comandante en turno que había hecho la sustracción de mi vehículo. Habló con mi compañero (es el mejor amigo que se puedan imaginar) y la cuota ya estaba establecida.

Los pocos verdes que me quedaban desaparecieron esa tarde y eso solo fue el principio de la semana.

Emití una carta quejándome del asunto con los administradores del parque industrial y ya se imaginan, su contestación típica del gobierno “no somos nosotros, pertenece a otro lado, y usted le entró a la corrupción, bla, bla, bla”.

Otro día manejaba feliz bajo la lluvia de regreso de comer mientras tarareaba la cancioneta esa barata pero pegadiza de ego, ego, ego, egoííísta… y al estar encendiendo el defroster para quitar lo empañado del parabrisas ¡zaz! Caigo en un bache de esos que son entradas al infierno (inclusive alcance a verle los cuernos al diablo) que me tronó la llanta (snif) y para colmo no traía gato (artefacto de metal que por lo general lo traes oxidado como si fuera del siglo antepasado y con mucha juerza, o sea bastante, logras levantar el automóvil). Llamé nuevamente a mi compañero (que se convirtió en Kick Ass en esa semana rescatándome de bandidos, policías de tránsito, choferes de grúa, administradores de corralones, baches del demonio y ches llantas resistentes al cambio) que de inmediato, bueno, no tan rápido cambiamos la llanta y regresamos a laborar como si nada hubiera ocurrido.

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Con la marmaja que use para liberar mi carro muchas otras cosas deje de pagar, así que las deudas se me treparon hasta las barbas.

Necesito una limpia…

Lo bueno es que ya conecte mi X a la red y ya le encontré el gusto a eso de los juegos en red, es fantástico. Con Sección 8, el juego basado en el famoso, bélico y grotesco Unreal Tournament inicie mi experiencia en red y que divertida… estuvo excelente.

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Les recomiendo el juego de Dead Rising, en donde eres un reportero (que sabe artes marciales, experto en uso de armas y explosivos) que entra a un centro comercial rodeado de hartos, repito, hartos zombies que quieren devorarte. El objetivo del juego: sobrevivir durante 72 horas en lo que el helicóptero te recoge. Muy bueno.

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Por cierto, me voy a disfrutar de la última película de Harry Potter pero ya que se me cuecen las habas (frase usada en Chilangolandia para describir que se te queman los frijoles y ya calientes pues te queman el hocico… ha no, que ya te urge ir a verla).

Y desde estas tierras verdes e inundadas a causa de las infatigables lluvias debido a las tormentas tropicales número 3456 le mando saludos, besos y abrazos a mis más grandes amores, mis niños y mi esposa que andan sufriendo en el mar, en la playa y en el calorcito (snif).

Buen fin.

viernes, 8 de julio de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte Parte 2

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Pues sí, ya está la película en el cine y muchos la habrán visto y otros tantos todavía no. Yo no, espero este fin de semana poderla ver. Y otro fin se acerca, primero el de los libros y ahora el de las películas.

Lo que más espero con ansiedad es la gran batalla final en el castillo de Hogwarts de los mortífagos contra los estudiantes, amigos de HP, maestros y aliados.

Lastima de verdad para aquellos que no leyeron el libro y únicamente esperan la película, pues seguramente se perderán de muchos detalles que aunque pequeños, son muy valiosos.

Los gigantes que Voldemort trae para destruir el colegio y el hermano pequeño de Hagrid (¿Lo recuerdan en la película 5, Harry Potter y la orden del Fénix?) sale al encuentro y pelea por sus amigos. Luna (me encanta este personaje) lucha magníficamente contra los mortífagos, al igual que Hermione, los gemelos Weasley y por supuesto su mamá quien marca una gran diferencia en las bajas de los villanos.

¿Quieren que les diga quienes fallecen de los buenos? No, mejor vean la película.

Les apuesto a que ni siquiera su escritora JK Rawling se imaginó el impacto que tendría su historia imaginaria en la vida de millones de personas. En muchas salas de México están presentando el resto de películas para revivir una vez más toda esa agradable emoción.

Extrañaré todas esas palabras mágicas que surtían un efecto singular, como Alohomorá, Lumus, etc.., extrañaré a ese Ron que me cae tan bien, un amigo como el que siempre uno desea encontrar; no se diga de Hermione, esa chica inteligente y aplicada además de hermosa. El buen Nevile, que al final se convierte en uno de los mejores ….. lo olvidé, no me adelanto. Por supuesto que Harry Potter, aunque lo apreciaba más en su primer año de Hogwarts, cuando era muy pequeño y se sorprendía ante la fama de su cicatriz.

Extrañaré a sus villanos: Draco Malfoy y sus guardaespaldas, Voldemort, Bellatrix y el resto de mortífagos.

Extrañaré a Luna, con sus cabellos rubios y sus cosas locas que siempre la molestaban. Extrañaré a Hogwarts con sus escaleras y pasillos movientes, sus salones y sus dormitorios, sus cuatro casas, sus maestros y su enorme comedor, su campo de Quiditch, su bosque mágico y su hermoso y frio lago.

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Gracias Rawling por meternos en ese mundo fantástico.

Salud para todos

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