viernes, 2 de diciembre de 2011

Una verde Navidad

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El camino serpenteante gracias a las enormes piedras que lo bordeaban subía por una pendiente que al alcanzar su cima podía verse la cabaña de su padre. Ahí estaba como en sus primeros años de vida cuando su mamá lo levantaba en sus brazos para caminar entre los anchos abetos y los altos pinos.

Los gritos de triunfo de sus amigos le hicieron sonreír y en cuanto detuvieron el automóvil bajaron descargando las cajas de cerveza y tequila para la celebración de la navidad. Admiró por un momento la punta del pino que era tan alto que sobresalía por encima del techo de la casa. Sus amigos se establecieron de inmediato y las risas inundaron el verde paisaje.

La alegría de las fiestas y el hecho de encontrarse una vez más en el lugar que más apreciaba lo incitó a cantar villancicos de navidad, reír a carcajadas y divertirse como en mucho tiempo no lo hacía. Cuando el manto oscuro de la noche trajo consigo las estrellas tintineantes todos continuaban celebrando bailando, comiendo y bebiendo.

Emilio caminó hacia la parte de atrás de la cabaña donde el alto pino se levantaba orgulloso apuntando a las estrellas. A su lado, un pino de menor tamaño pero frondoso y robusto era golpeado en su tronco por dos chicos con hachas que habían encontrado en la recamara de su padre.

-¿Qué hacen? –gritó mientras cayó de bruces al resbalar por las escaleras que bajaban a un pequeño prado.

-Necesitamos un árbol de navidad. – contestó uno.

-Qué mejor que éste –dijo el otro-, míralo, está solito y quiere entrar a la fiesta.

-Déjenlo en paz –gritó sollozando mientras les arrebataba las letales armas de sus manos-. No quiero que toquen a ninguno de estos pinos. –los chicos simplemente sonrieron y regresaron a la fiesta sin darle importancia a la reacción de su amigo.

Recordó el momento en el que su padre a quien extrañaba demasiado, había sembrado ese pequeño pino permitiéndole que él, un infante de apenas cinco años escogiera el lugar adecuado donde crecería. Sin pensarlo el niño señaló ese punto en la tierra.

-Quiero ese lugar papá. Quiero que el enorme pino lo cuide y lo proteja para que nunca se sienta sólo.

Revisó el tronco y solo unos cuantos rasguños aparecían sobre la corteza, había llegado a tiempo. De pronto notó las decenas de latas vacías y aplastadas que cubrían el césped, así como bolsas de frituras, plástico y demás basura que antes no las había visto.

-¡Vaya! Por fin alguien más observa la porquería que dejan tirada sin preocuparse por nadie ni nada.

La voz lo sobresaltó pues escuchaba que todos sus amigos estaban dentro riendo y bailando, o así lo creía. Se levantó sacudiéndose la tierra y tomando una bolsa de plástico que era parte del tiradero recogió la basura que rodeaba su cabaña.

-Si todos fueran como tú este lugar sería completamente diferente. –escuchó nuevamente esa extraña voz y miró a su alrededor observando un búho que le miraba desde una rama del alto pino. El ave voló posándose en la rama que se situaba frente a los ojos de Emilio.

-Sí, yo soy quien te habla, y quien te agradece esta noble acción.

-Estoy muy borracho –contestó restregándose los ojos-, o estoy soñando.

-Pues si estas soñando acompáñame en mi vuelo –el búho abrió sus alas y Emilio sintió vértigo en su estomago cerrando sus ojos; cuando la sensación se tranquilizó se vio montado sobre el lomo de tan hermoso animal-, quiero mostrarte lo que antes fue este bosque.

La luna bañaba con su plateada luz los pinos, abetos y demás árboles que cubrían toda la extensión de la tierra. El ave giró y Emilio pudo identificar la diminuta cabaña que ahora estaba rodeada de tanta vegetación haciéndola difícil de distinguir.

-Qué hermoso sueño –murmuró el joven apenas perceptible-. El bosque se ve tal y como era cuando papá me traía en las navidades de mi infancia.

-¿Acaso no has visto que todos los árboles del camino principal que conduce a tu casa han desaparecido? Se los llevan para venderlos como árboles de Navidad y al ver la ganancia obtenida por tan poco esfuerzo vienen por más. Mira –dio otro giro y cayó en picada hacia un pino muy alto-, en ese árbol tenía mi nido, y una noche cuando regresaba de cazar ya no estaba ahí, desapareció. Se les ha olvidado el verdadero significado de la Navidad, el dar a otros lo mejor de nosotros, y eso incluye a nuestra propia tierra, al ambiente que nos rodea.

El ave se posó frente a la cabaña y el joven percibió ese vértigo hasta verse de pie como si nada hubiera ocurrido frente al búho.

-Haré la diferencia. Prometo por el recuerdo de mis padres que haré lo que esté en mis manos por darle el significado completo a la Navidad. –Emilio entró somnoliento en la cabaña y sus amigos lo recibieron entre abrazos pues la Navidad se celebraba con alegría.

El búho voló muy alto, entre las blancas nubes que se reunían en el norte del bosque. Un hombre barbudo y sonriente le preguntó:

-¿Crees que realmente lo ponga en práctica?

-Estoy seguro. El ave que ve el futuro me ha dicho que su negocio será la venta de pinos vivos para después plantarlos en bosques hambrientos de árboles, así como hará todo a su alcance para hacer una Navidad verde pensando en su ambiente y en su tierra.

Buen fin de semana para todos

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