martes, 9 de junio de 2009

La preocupación


Una de las cosas que más me divierte aparte de leer y escribir, es darle vueltas a un asunto por más simple que parezca, porque de forma increíble después de un par de pensamientos que giran en tu cabeza notas que es parte de tu existencia y deja de ser algo común.
A la que hago mención parece de lo más simple, es algo que generalmente nos sucede cuando descansamos en el momento en que estamos dormidos. Tal como un ser siniestro e invisible que se esconde entre las sombras de nuestra habitación ya avanzada la noche, brinca de forma sorpresiva y se introduce en nuestra mente. De pronto despertamos, observamos el reloj y marca las 2, 3, 4 o 5 a.m. Intentamos dormir pero no lo logramos y nos acomodamos en la orilla de la cama, sentados y molestos por no poder conciliar el sueño. No, no estoy hablando del insomnio. Ese extraño ser que nos asalta en las más oscuras horas de la noche y que nos despierta como un balde de agua fría, muchos se refieren a él como preocupaciones o temores.
A todos nos ha sucedido, a unos pocas veces pero a otros continuamente. Ayer, en el lapso que uno permite que las ideas viajen libremente en nuestra mente antes de que el sueño termine sumiéndonos en la inconciencia, que siento yo como el momento en donde la lluvia de ideas te empapa por completo, medité sobre este asunto y quiero compartirlo con ustedes.
Creo que desde que uno nace este terrible ser nos ataca sin compasión. Un infante de brazos despierta por la madrugada y sin poder formar palabras complejas, su sentimiento y necesidad se traduce a "¿donde estas mama? ¿Y mi leche? Quiero mi leche, la necesito" en forma de llanto. Cuando por fin podemos expresarnos y comunicarnos con nuestros padres, sin sentido alguno despertamos en esas horas oscuras y recordamos con temor a ese horrible monstruo que estamos seguros de que se esconde bajo nuestra cama o en el interior del armario. Sin embargo, cuando uno es niño todo es más simple, con escuchar la voz de nuestra mama y con la tetilla en la boca, ese siniestro ser se aleja de nosotros y volvemos a los brazos de morfeo como si nada hubiera ocurrido. Escuchamos la voz de nuestro padre y nos explica que no hay monstruos debajo de nuestra cama y le creemos, alejando ese terrible e irracional miedo.
Lo peor viene después porque ya no tenemos a nadie que asuste o aleje a ese oscuro ser ofreciendo su proteccion y seguridad. Ahora somos adultos y todo depende de uno mismo y de nuestra propia racionalidad. ¿Quien no se ha despertado en esas horas y como un relámpago que golpea a un árbol partiéndolo en dos, pensamos llenos de sorpresa y angustia en "no entregué el reporte, diablos, que voy a hacer"? Se seca la garganta al punto de que la lengua se pega al paladar y pisamos el suelo frío mientras nos dirigimos a la cocina, nos servimos un vaso de agua y en ese preciso momento unas palabras hacen eco en el interior de nuestra cabeza "¿que me pasa? ¿Porque mi mente esta recordando mis pendientes del trabajo? ¿O de la escuela?", inclusive meditamos "no le dije que la/lo amo, no he sido detallista, me he preocupado más por el trabajo, la escuela que en pasar tiempo con él/ella/ellos".
Terminamos de beber saciando la sed y tratamos de tranquilizar a ese ser con respuestas como "mañana a primera hora, lo primero que haré al llegar a la oficina es entregar ese maldito reporte, a primera hora le prepararé el desayuno con una nota que diga te amo, el fin de semana los llevaré a un parque".
Es definitivo que ese ser invisible que acecha en los rincones de nuestra habitación cerca de la cama, son los pendientes o temores que generan preocupación y que de una extraña forma se espera a las horas más tranquilas y solitarias para saltar sobre de uno sin dejarnos en paz, aprovechando esa tranquilidad en donde cada uno de nuestros pensamientos se agrandan a tal grado que se convierten en horripilantes gritos que impiden el concentrarnos en alguna otra actividad. Ese ser vive en el subconsciente y su labor es refrescar nuestra memoria de las cosas que no les dimos la importancia suficiente para resolverlas o finalizarlas y aunque uno no lo crea, ese ser sin llamarlo acudirá a nosotros.
Y que fácil es alejarlo por lo menos esa noche, porque no perdona, si no cumplimos con nuestra palabra de entregar ese reporte, o de decir te amo, o de pasar el día con ellos, tarde o temprano, en alguna noche cercana volverá a brincar en nuestra mente alejando el sueño y atormentándonos en el momento en que los minutos se convierten en horas.
¿Que es lo que ese ser trae a tu cabeza a esas horas? ¿Lo recuerdas?
Salud.
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