viernes, 15 de enero de 2010

Una probadita

piramide_sol

Quiero mostrarles una probadita de mi escrito, espero les guste:

LOS REINOS DEL SUR

El guerrero jaguar se detuvo sobre la pequeña pradera, aquella que separaba la espesa selva Qutzin de las murallas del sur de Lytz; por su extremo opuesto de la selva, las olas azules del gran océano bañaban sus costas doradas y su extensión se prolongaba por varios días y continuaba perdiéndose en el horizonte.

Guerrero Jaguar, pensó, había sido nombrado directamente como tal por el rey Yoltzi pero había carecido de ceremonia como en antaño se realizaba, y no era de extrañarse, la mayoría de sumos sacerdotes fallecieron en la batalla contra las fuerzas del Mictlán en el mejor de los casos; o en el peor, los convirtieron en Waay, esos seres de aspecto putrefacto y de corazón envenenado que obedecían sin chistar a los poderosos Hunhan.

No le importaba. El nombramiento de Guerrero Jaguar lo recibió al limpiar el territorio sureño del imperio de ladrones y asesinos que se aprovechaban del temor de sus habitantes a algún contraataque de las horribles bestias del Mictlán; llegaron atraídos por los rumores que recorrían los pueblos del imperio del abandono y debilidad de los reinos del sur. Con un puñado de hombres recorrió selva, ríos, costas y praderas cazando a cientos de ellos hasta eliminarlos por completo.

Observó la gruesa muralla gris de piedra y mortero que protegía la ciudadela de Lytz y al bajar su mirada notó el cambio de color de la hierba; debido a la entrada de la estación invernal cambiaba de verde a un color más pardo pero veinte pasos más allá el negro devoraba tanto los matorrales como las rocas que descansaban sobre el suelo. Su mirada se endureció al recordar lo que, a pesar de su corta edad, aún mantenía vivo en su mente.

Escuchó el sonido de decenas de caracoles marinos, era la señal de alarma de la ciudadela. Su padre salió de inmediato de su hogar para conocer lo que sucedía. Un guerrero se detuvo frente a él y le informó a detalle el porqué del sonido que aún se escuchaba. El niño observó a incontables guerreros jaguar, tigre, águila y de más diferentes clases recorrer las calles en varias direcciones con armas en mano.

—¡Un gran ejército viene en camino! —fueron las palabras de su padre y sin pensarlo, cambió sus ropas por su atuendo militar y partió siguiendo a un grupo de guerreros que se dirigían a la muralla norte.

Las calles de la ciudadela subían con una ligera pendiente al entrar por el portón del sur, se entrelazaban entre sí y terminaban en la plazoleta de adoración con sus tres pirámides, la más alta dedicada a la adoración a Tonatiuh, el dios sol, y la más pequeña a Coyolxauhqui, la diosa luna. A un lado, el palacio del rey Yoltzi, lugar de donde la mayor parte de caracoles emitía ese sonido grave y poderoso, brotaban decenas de guerreros prestos para el combate.

El menor siguió a su padre y el asombro lo detuvo de golpe. Cientos, tal vez miles de guerreros forraban la pradera que rodeaba la muralla norte, por fuera de la ciudadela. Alineados ordenadamente, cada grupo de élite mostraba su estandarte de plumas multicolores para indicar su casa de guerra. Una quietud nerviosa imperaba en el ejército, similar a la tranquilidad que se percibe antes de la tormenta.

Frente a la muralla de la ciudadela de Gatz, otro ejército con sus propios estandartes esperaban las órdenes de sus generales. Centenares de niños se acercaban a los jóvenes instructores de la escuela militar para ofrecerse como Tamemes y Ayauhtli imitó su ejemplo.

Uno de los jóvenes impartió instrucciones al grupo en donde Ayauhtli se había unido:

—Su trabajo consiste en auxiliar a los heridos —gritó para hacerse escuchar entre sus vocecillas—; arrastrarlo entre varios de ustedes ante los médicos o rosearle cal si esta muerto. Llevaran agua a los sedientos y regresaran por más —hizo una pequeña pausa de silencio para enfatizar lo siguiente:

—Es importante que no se acerquen al campo de batalla pues caerán ante el filo de los macuahuitls enemigos, y es probable que muchos de ustedes no vean el sol del día siguiente pero por sus acciones Tonatiuh los recibirá con sus brazos abiertos.

Lo que sucedió después pasó rápido, como ráfaga de viento. Los guerreros intercambiaban su posición por el resto del día, impacientes ante la espera prolongada, y antes de que el sol se ocultara entre las colinas una neblina densa y blanca coronó las partes altas para acercarse al frente del ejército imperial.

Escuchó los murmullos de los guerreros que pasaban frente a él preguntándose por la presencia de los reyes de Lytz y Gatz para dirigir la defensa pero el único que dejó la comodidad del palacio fue el rey de Gatz para entrar al palacio del rey de Lytz; ambos permanecían encerrados.

—¡Una tortuga de gran tamaño brotó del mar! —escuchó por detrás de él.

—¡Pide hablar con los reyes! —escuchó más allá.

No entendió de lo que hablaban pero aún más extraño fue que la neblina detuvo su avance, permaneció en su lugar como si del ejército enemigo se tratara. No se equivocó, cientos de extraños seres, aquellos que solo en las peores pesadillas aparecían, brotaron de la neblina tal plaga de langostas arrasando a su paso a guerreros y tamemes.

Abruptamente, interrumpió sus recuerdos al percibir el sabor salado de sus propias lágrimas.

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