viernes, 10 de febrero de 2012

Baba Yagá

CHOW_147_IanLlanas

Hace algún tiempo les hable un poco de las brujas "mexicanas" por así llamarlo, aquellas en las que creen gracias a antiguas tradiciones. Hoy les voy a hablar de las brujas “rusas”. Sí, las brujas de aquellas frías y lejanas tierras.

Imaginemos que nos encontramos en un bosque muy diferente a los que conocemos (hablando de las personas que vivimos en Latinoamérica). De esos que tienen pinos y abedules tan grandes que oscurecen el cielo, y que debemos caminar para rodear lo ancho de sus troncos. Con hierba alta llegando casi a las rodillas y con una neblina densa que bloquea nuestra visión. Estamos agachados, escondidos. Atentos ante cualquier ruido u olor. El frío nos hiela los huesos y nuestro aliento se ve a simple vista gracias al calor que emanamos. Delante de nosotros, unos cuatro árboles más allá, se abre una pequeña pradera que permite a la luz solar entrar en la periferia del bosque. Sabemos que estamos cerca de Baba Yagá y por fortuna no traemos niños pues somos investigadores de lo paranormal, no de esos chafas de la televisora barata con nombre de nuestros ancestros, no, nosotros somos serios y tomamos las cosas con responsabilidad social y personal.

Regreso a los niños porque imagino a las antiguas caravanas de familias que viajaban atravesando este bosque en busca de un mejor lugar donde vivir. Diez días les tomaba atravesarlo y eso porque un lago de aguas profundas y heladas bloqueaba su paso, así que vadeaban únicamente por las orillas del bosque, que si fuera por el centro seguramente les ocuparía más de cuatro semanas salir de aquí. De veinte niños que entraban al bosque en la caravana solo dos, tal vez tres lograban escapar de los dientes de Baba Yagá. Qué dolor de sus padres, y qué felicidad de esa maldita bruja.

He leído y escuchado muchos relatos y descripciones de la bruja pero prefiero verla por mí mismo. Solo debemos esperar, en silencio y con serenidad hasta que pase por aquí. Escogimos este lugar para aprovechar la pradera y de acuerdo a miles de cálculos de nuestro computador, tenemos más probabilidades de que estemos cerca de su travesía.

Han pasado tres horas y nos sentimos entumecidos. La humedad ha entrado a nuestros pantalones y el hormigueo en nuestras piernas y pompas nos obliga a movernos y eso es malo, hacemos ruido.

Ahí está. Shhhhh, silencio. ¿Oyen eso? Es ella. ¡Rápido! Cúbranse con esta malla que simula hojas secas para que no nos descubra. Háganlo en silencio. ¿Dónde está? Aún no la veo pero ya la escuche ¿no la oyen? ¿No escuchan esos crujidos lejanos?

Ya estamos completamente ocultos y los crujidos se escuchan cada vez más fuerte. El computador tenía razón, se acerca. Al principio el ruido era similar al romper las varitas de un árbol, pero ahora es como si los troncos estallaran al paso de la bruja. ¿Tan fuerte es?

Tomó mis binoculares y enfoco mi vista hacia el ruido. No puedo creerlo. Shhhhh. Se acerca. Vean a través de sus binoculares. ¿Qué ven? Yo veo una choza grande, construida con madera, barro y piedra. Pero esa maldita casa avanza por sí sola. Tiene dos patas de gallina que le brotan de la parte baja de la casa. En su andar pisa los troncos viejos y empuja los grandes árboles provocando ese enorme ruido.

¡Se detuvo! Shhhhh. No se muevan. Las patas se doblan y la casa se asienta. ¿Lo filmaron? Porque ahora se ve como una choza normal, las patas han desaparecido, inclusive sale humo de la chimenea.

La puerta se abre. Ahí está la malvada bruja. No se ve tan atemorizante como lo cuenta la gente. Es una anciana escuálida, tan flaca que la piel se le pega al hueso. Se cubre con mantas grises. Parece la abuelita de alguien.

Está mirando hacia acá. Shhhhh. Que no se muevan con un carajo.

Continuará….

Related Posts with Thumbnails