jueves, 24 de noviembre de 2011

De ratones

ratoncitos

Dos ratoncitos de campo, de esos chiquitos y enclenques pues ya tenían mucho tiempo sin comer debido a las largas sequías y calores del verano, deambulaban caminando a un lado de una carretera rural.

-Oye Juancho – le dijo el más pequeño al otro-, me duele la pancita de tanta hambre.

-Aguanta Cruzalio, seguro encontramos algunas frituras o desechos de los humanos que transitan en sus grandes carrozas por este camino.

Pero la verdad es que llevaban gran parte de la noche caminando por la orilla sin nada que encontrar para comer. Entonces unas luces iluminaron la grava suelta del suelo y un automóvil negro, con música estridente y carcajadas de su conductor pasó a alta velocidad a su lado, empujándolos con fuerza hacia la arena que se extendía por kilómetros tierra adentro. Ambos ratoncillos temerosos se levantaron temblando.

-No Juancho, si nos quedamos aquí una de esas carrozas nos aplastará y seremos papilla de hueso para alguien más.

-Perate Cruzalio, mira lo que brilla por allá.- señaló una mota roja que lentamente se extinguía a un lado del camino. Ambos corrieron y se detuvieron frente al cigarrillo de hierba verde que aún humeaba.

-¿Será comestible? –preguntó el pequeño.

-No, es fumable –contestó el otro-. Lo que necesitamos son bolsas de frituras, latas de refresco o cerveza con algo de contenido- las palabras se convirtieron en sollozo-. ¿Cómo le vamos a hacer para alimentar a nuestros cientos de hermanos?

Cruzalio ya estaba pegado al cigarrillo dando semejantes chupadas mientras su compañero lloraba amargamente.

-¿Qué haces tú? Te va a nublar la mente y aparte de buscar comida voy a tener que cuidarte. –dijo molesto Juancho.

Pero el ratoncillo contento, dejó el cigarro a un lado percibiendo las agradables sensaciones en su cuerpo. No sentía hambre. Su cuerpo se hizo grande grande, y se sintió tan fuerte como un súper héroe.

Lejos en el camino escucharon el freno hidráulico de un gran camión, y sus luces iluminaron el rostro lloroso de uno y contento del otro.

-¿Quieres comidaaa? Ahogrita te la voy a dar… hic… ya verásss…

El ratoncito se adelanto y camino en medio de la carretera, exactamente frente a las luces del camión que se acercaba rápidamente a ellos.

-¿Qué haces Cruzalio? Quítate de ahí que no van a quedar ni tus huesos si te atrapa una de sus llantas. –gritó desesperado su compañero, y antes de poder correr para apartarlo el camión ya estaba frente a él.

Se escuchó un booooooommmmm terrible y las llantas traseras reventaron. El camión frenó frenéticamente y mientras lo hacía el ratoncito levantó su brazo en señal de alto. Las defensas del enorme camión quedaron apenas por encima de las orejitas del ratón. Las cuerdas que amarraban la carga se rompieron ante la brusquedad del enfrenon y cientos de melones, sandias, manzanas, peras, elotes, jitomates y demás verduras cayeron como del cielo.

Juancho ahora lloraba pero de alegría al ver la comida que inundaba los alrededores del camino. De inmediato sus hermanos, cientos de ellos salieron de sus escondrijos y cargaban la fruta y verdura hacia sus ratoneras mientras muchos de ellos obligados por el hambre devoraban lo que alcanzaran.

El chofer bajó del camión sorprendido ante su infortunio y exclamó enojado:

-Ahora tendré que sacar el gato hidráulico para cambiar las llantas.

-No, no, no –dijo el ratoncito que aún seguía a la mitad del camino-, hic… a mí no mie amenaices ni con un gatroo hidráulico, mecánico o robotizado… hic… porque aparte de darles en toda su… hic… te volteo el camión.

Salud para todos.

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