jueves, 17 de septiembre de 2009

Historia de Padawans II.

planetas

Después de sacarle un poco de ladilla al capitán y disfrazarse de Chewbaccas; Jimmix le comenta a Iñigo sobre la llamada.
—Capitán un tío con voz de aspiradora nos solicita para un trabajo de recoger un cargamento para el. Que nuestro contacto será una mecánica que llevara unos cortos que tienen la frase kiss me en la retaguardia. Aquí tiene los datos para contactar con el hombre y dejar claro el negocio. —le informa Jimmix a Iñigo mientras le extiende el documento con los datos. Dentro de los trajes había ventiladores que aclimataban al par de rebeldes.
En eso la androide aparece con dos tarros de cerveza como una alemana en el octoberfest, a lo que el dúo responde quitándose el casco peludo y se beben el licor de tres largos tragos.

—Foxie dame la espalda. —le ordena el joven a la robot, la cual se dobla en un ángulo de noventa grados. Le baja la falda y la agarra de las caderas para oprimir el botón que activa el modo laptop. Empezó a salir aire comprimido mientras las nalgas del androide se dividían en cuatro placas metálicas y justo en el medio apareció el extraño monitor.

—Jimmix prográmala para que guíe la nave que tenemos que discutir algo que descubrí en el holograma que intercepto la troka. —dijo Iñigo mientras se daba un manotazo en la nuca para aplacar el picor de la ladilla guerrera.
Empezó a programarla escribiendo los códigos pertinentes para dicha función y le dio a enter. Al tiempo que el programa de pilotaje subía el muchacho Jimmix se percata que su maestro esta como ternerito pegao al pecho generoso del artefacto.

—Capitán Montoya suelte a la Foxie que el sistema se pone lento con tanta información a la vez. —le dice el padawan a su maestro con una cara que dice que tío. De pronto Jimmix comienza a brincar como si bailara el jarabe tapatío.
—Ese piojo pubico guerrillero de los cojones; creo que se me ah pegao. —le comentó Jimmix a Iñigo mientras se rascaba la entrepierna como si le pasaran un mechero por la ingle.

En el planeta ONDEMEDELAGANALOSITUOYACALLAR yacía en una tumbona el sabio y gran maestro jedi Wherter, consumiendo un delicioso zumo de pepinos con ajos tiernos y raviolis.
—Esto es vida y lo demás es... joder, ya se me ha vuelto a olvidar la frase.
En ese momento un ligero zumbido que salía de un artefacto de 200 kilos made in Taiwan que llevaba en su brazo derecho le devolvió al mundo real del que normalmente intentaba huir a base de siestas.
—Jopetas! un mensaje del maestro Beidomon— Wherter encendió la pantalla y vio el careto de ese presumido e irreverante (o era irreversible) maestro Jedi— a ver, que muela te ha... otra vez, siempre me lvido del final de las frases.— Bei le puso al día de los acontecimientos acaecidos y Wherter se vistió tan rápido como pudo.
— A ver ¿Dónde habré puesto los calzoncillos del oso Yogui?, Bueno mientras me voy vistiendo llamaré a mi padawnan. Aló—cogiendo un móbil última generación, pantalla táctils, 4G y 12.0 matapixies de recámara oculta— Vaya, se ha encallao el número 7. Sí es que coger el móbil y sacarse los mocos al mismo tiempo no se puede hacer.—Wherter buscó un cepillito para intentar retirar la bolilla enganchada al botón— Carldiaz estás ahí?
—Pos claro señor maestro universal faraónico Jedi—dijo con gran afán
—T'has dejao lo de excelentísimo emperador, pero bueno por hoy tiene un pase. Preséntate aquí ahora mismo, tenemos una misión importantísima...—antes de acabar la frase Carldiaz ya había llegado al jardín donde se hallaba el gran maestro.
—Perdón maestro, se ha puesto los calzoncillos al revés—dijo Carldiaz señalando la raya vertical marrón que aparecía sobre las partes íntimas del jedi.
—A ver jovencito, los grandes maestros de la historia hemos destacao por nuestros derechos individualidades de hacer lo que realmente nos de la gana, así que si quieres ser mi padachín has de hacer lo mismo que yo.— Carldiaz enseguida se bajó el traje espacial y se colocó los calzoncillos de la misma manera que su maestro.—Bién, antes de partir debo transferirte todo mi conocimiento, por si algo me pudiera pasar. estás al caso?—Carldiaz asintió — Nunca te dejes humillar por nadie, más vale pájaro en mano que un perro con pulgas aunque madrugando no hay sombra que lo abarque...
Pasaron los segundos, los minutos... Carldiaz miraba a su maestro esperando más frases cuyo contenido poder desvelar, pero Wherter parecía orgulloso de la lección que había ofrecido a su Padawan.
—Bien hijo, ahora ya tienes la sabiduría del mundo mundial, utílizala para hacer el bién...
—Sí maestro—dijo con cara de no haber entendido nada, luego pensó "joder, tantos años esperando conocer el saber y ahora que me lo transfieren tengo la sensación de que sólo sé que no sé nada"
—Partamos pues, el universo nos necesita.

Una figura envuelta en una capucha al otro lado del bar sostenía dos tarros de cerveza, caminando con un ritmo hipnotizante que no interrumpió hasta encontrarse frente a Ahuizotl.
Al percatar su presencia, los susurros desaparecían y los ahí presentes abrían el paso a esa criatura maravillosa que algunos solo pensaban existente en sueños, con una ligera inclinación de cabeza se despojo de su capucha dejando ver el rostro de Wilwarin, esa aprendiz de padawan abandonada a su suerte y que ahora encontraba en Ahuizotl al compañero de aventuras que todos necesitamos alguna vez.
—Como siempre, llegas tarde. —soltó con una carcajada Ahuizotl.
—Solo quería verme bonita para nuestra cita —dijo Wilwarin con un guiño y una sonrisa picara y con un sonoro golpe dejó las cervezas en la barra—. Además tuve que comprarte ésto —agregó Wilwarin, dejando atrás su sonrisa, de un morralito color azul saco un rollo de papel higiénico que se veía bastante mullido y lo puso en la barra frente a Ahuizotl—, es del pachoncito, tal y como te gusta!!!!!
Ahuizotl tomó el rollo de papel y lo apretó un poco, lo lanzaba al aire como jugueteando con el.
—Servirá........ por un tiempo - murmuraba Ahuizotl para si mientras otra figura oculta por las sombras no les despegaba el ojo de encima a ellos dos.
Después de todo era muy extraño ver juntos y compartiendo cervezas a un aprendiz de Jedy y a un aprendiz de Sith.

Llevando un traje de aclimatación térmica marca "fremen" la figura se acercó hacia la barra donde dos jóvenes aprendices bebían y reían, tal vez demasiado como para darse cuenta de su presencia.
—Buenas, jóvenes!!!!! —se alcanzó a escuchar con dificultad a través de la mascara del traje.
—Buenas..... —la mirada afilada de Ahuizotl lo escudriñó de pies a cabeza
—Lindo traje señor. —sonrió Wilwarin para ocultar su sorpresa.
—He venido a pedir su ayuda —susurró, la taberna estaba a reventar y no le hubiera gustado que alguien escuchara lo que estaba apunto de compartir con los oídos de los jóvenes aprendices.
—No nos interesa. —dijo sin mas Ahuizotl y le dio la espalda.
—¿Qué tipo de ayuda? —preguntó curiosa Wilwarin, arqueando su ceja izquierda.
—Una que les dará placeres sin igual, aventuras temerarias, riquezas sin fin...
—Ya dije que NO NOS INTERESA!! —interrumpió Ahuizotl haciendo especial énfasis al termino de la frase.
—....... y todos los tacos al pastor, de tripa, el pulque y el tequila que puedan consumir mientras me ayuden en mi empresa.
—¿Dónde firmo? —se apresuró a decir Ahuizotl mientras sostenía la mano enguantada de este ser al que después se le conoció por toda la galaxia como: Muad Dib.
Muad Dib los condujo fuera de la taberna, hacia un montículo de arena desde donde se podía ver una nave muy interesante ovalada, de tono metálico, flamante, se veía pequeña, pero la distancia era grande y los aprendices no pudieron ver mas detalle en ella. El misterioso Muad Dib levantó un largo brazo y apuntó al horizonte.
—Jóvenes, les presento al amor de mi vida, la última maravilla de la galaxia y mi orgullo personal: "el gorrion sementario"
Se escuchó el eco a la distancia "GORRION SEMENTARIO.. MENTARIO....ENTARIO...TARIO...ARIO...RIO...IO..OO. ..OOO..Ooooooo"

En poco tiempo, la oscuridad del espacio interestelar los cubrió por completo, el gorrión sementario ronroneaba con suavidad y volaba a una gran velocidad.
—¡Joder Ahui! ¿Por qué estamos aquí si sabemos que el mapa se encuentra en Coruscant? —preguntó algo enfadada la hermosa Wilwarin.
Las mejillas del aprendiz de sith estaban cubiertas por un tono rojizo debido a las tres jarras de cerveza que se había empinado.
—Hic... mmmira, essstoy seguuro que alguien vendraa, a buscar .... hic, el mapa, hic.
—Estas bien borracho, si pasa una mosca en frente de tus narices ni lo notarías. — gritó enfadada la aprendiz de jedi y se removió su túnica para descansar por un breve momento.
El pequeño sith observó la hermosa silueta de la jedi, las curvas de su cuerpo llamaron su atención.
—Hic... oye, que sabrosa estas.... hic... deberiías de quitarte la túnica y ponerte algo, hic, más ligerito. —estiró su brazo y le dio una palmada en sus pompas.
—¡Oye baboso! para eso son pero se piden, por lo menos invítame un café.
En eso, un zumbido grave y ronco estremeció los metales de la nave, Wilwarin tocó una de las paredes metálicas.
—¿Quién esta enfermo del estomago? y ¿qué intestino que hasta las paredes se estremecen?.
Se acercó a una de las ventanas de la nave y un gigantesco conejo rosita, con fuego saliéndole por el culo volaba a toda velocidad, impulsado por el sonido de un poderosísimo pedo.
—El único que puede subirse a una nave así —mencionó la jedi con sus ojos entrecerrados—, es el cagón de Garra y su mojigata aprendiz.
—Hic... ¿son de a verdad o te las creciste? -preguntó el sith observando directamente los pechos de la jedi sin notar la presencia del conejito rosita.
El sith apretó una de sus pompas y con un golpe jedi karate lo mandó a volar hasta el fondo de la nave.
—¡Sígalos piloto y no los pierda de vista! —gritó y observó con entrecejo los pasillos de la nave— ¿dónde carajos esta Muad?
—Vooooooy. —se escuchó una voz lejana proveniente del baño.
—Joder —negó con su cabeza la jedi—, estoy rodeada de puro cagón, si así como zurraran pelearan, ja, conquistaríamos la galaxia.

Garrabutártulo estaba acariciándose la barba con aire pensativo cuando se fijó en la indumentaria de su escudera.
—Eh, un momento, ¿por qué no llevas nuestro blasón? —le dijo frunciendo el ceño.
—Lo siento, maestro, de verdad, es que tenía la túnica en la lavandería y hasta mañana no me la devolvían y entonces…
—¡Tenemos que llevar el blasón en todo momento para que nos reconozcan, para que nuestros enemigos tiemblen al ver el porte gallardo del zagloso con la barra de pan! Menos mal que siempre tengo algo por ahí guardado, anda pruébate esto. —le dijo mientras sacaba una túnica de su petate.
—Es un poco pequeña, creo que es de las que encogen al lavar, ¿ves? Lo pone en la etiqueta, lavar en seco. No me va a valer —apuntó Fuego mientras le enseñaba la etiqueta a su maestro—, pero bueno, voy a probar.
Fuego se quitó la camisa ante la atónita mirada de su maestro y luego se puso la túnica que, efectivamente, le venía algo estrecha y marcaba todas las curvas y relieves de su cuerpo.
—Me viene un poco justa. —dijo mientras se alisaba una arruga del hombro.
—No no, que va, así está bien, en serio. Te queda muy bien. —dijo Garra secándose con la manga la baba que ya le empapaba la barba.
La voz del piloto los puso en alerta y Garra volvió al mundo real, en el que él tenía una novia en la Tierra y una misión en el espacio.
—Eh, hay una nave siguiéndonos. Si no me equivoco es… ¡el legendario Gorrión Sementario de Muad Dib! —exclamó el piloto desde la cabina.
—Seguro que quieren adelantársenos en la búsqueda del tesoro. Bien, ¡enseñémosles lo que es bueno! —dijo Garra.
Fuego lo miraba con admiración.
—Siempre tan valiente y decidido, maestro.
—Prepara tus armas, vamos a pelear —Garra se volvió hacia la cabina—. ¿Hay alguna forma de que podamos entrar en su pájaro?
—Claro, esto tiene sistema de abordaje, no se preocupe. —Garra asintió sin entender muy bien qué era eso de “sistema de abordaje”.
Fuego comprobó las flechas de su carcaj, y la cuerda de su arco, les puso las riendas a los avestruces y fue junto a su maestro que estaba comprobando sus armas.
—Los pasillos de los pájaros de hierro son demasiado estrechos para mi lanza, creo que debo usar el arma que compré a aquel mercader, ese extraño artefacto con el poder del mismísimo trueno que paraliza a los enemigos. —decía Garra pensativo mientras rebuscaba en su petate y sacaba un cilindro negro de cuarenta centímetros de largo y lo abría.
—¿El arma al que él llamaba “porra eléctrica”?
—La misma, Fuego, la misma.

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